242 AÑOS DEL NACIMIENTO DE MARIANO MORENO: LA IMPORTANCIA DE SUS IDEAS Y LA CONFORMACIÓN DEL MORENISMO

 El distrito Mariano Moreno, lleva el nombre de un abogado, periodista y político argentino, tan querido por muchos y tan odiado por otros.  Un día como hoy, hace 242 años, nacía en Buenos Aires.   

  Mariano Moreno es uno de los ideólogos de la Revolución de Mayo y participó en ella como secretario. Sus pensamientos y sus anhelos darían paso al “morenismo”, el ala más radical de la revolución iniciada en 1810.   

  La Revolución de Mayo abrió dos caminos. El primero era el autogobierno, en principio, dentro de la monarquía y hasta que el rey Fernando XVII recuperara su libertad -había sido encarcelado por Napoleón-. Esa posición inicial dio paso a un proyecto más ambicioso, de cambio económico y social que estuvo inicialmente ligada a la figura distinguida dentro de la junta, Mariano Moreno. 

  El abogado y periodista no sólo pretendía remplazar las autoridades coloniales. Pretendía ir más lejos y transformar completamente el orden vigente. Quería instalar la libertad, la razón y la justicia entendidos como principios universales.  

  Inauguró el periódico “La Gazeta” y allí sostuvo que más allá del amor que pudieran sentir por el monarca preso, algo estaba mal. El rey de España, postula Moreno, no era legítimamente rey porque los americanos no acordaron que sea su soberano, sino que se impuso a través de una conquista. Es en esa crítica del dominio colonial que está el germen de la independencia.  

  A su vez, comenzó a impugnar la monarquía como sistema. Proponía una república -algo revolucionario e innovador para la época- donde el pueblo eligiera sus representantes. 

   La revolución de mayo entonces, tuvo su ala morenista. Pretendían construir una Nación en lugar de una colonia. No sabían muy bien cuál iba a ser esa Nación. Sin embargo, lo que sí afirmaban con seguridad era una cosa: debía afirmarse sobre el principio de la soberanía popular.  

A 44 AÑOS DE «LA NOCHE DE LOS LÁPICES»

La noche del 16 de septiembre de 1976 y días sucesivos, un grupo de jóvenes militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios y de la Juventud Guevarista fueron secuestrados en la ciudad de La Plata.

Para septiembre de 1976, a menos de seis meses de la instalación de la última dictadura argentina, la represión ilegal –comandada por el jefe de la Policía Bonaerense, coronel Ramón Camps, secundado por el comisario Miguel Etchecolatz– estaba haciendo estragos en la ciudad de La Plata y uno de sus focos eran los estudiantes universitarios y secundarios.

Entre el 9 y el 21 de septiembre, los grupos de tareas secuestraron a diez estudiantes de colegios secundarios de la ciudad de La Plata, militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y de la Juventud Guevarista, en un hecho que quedó escrito con sangre en la historia argentina reciente como «La noche de los lápices». Por la noche del 16, cuando perpetraron la mayoría de los secuestros.


De los diez secuestrados, María Claudia Falcone, María Clara Ciochini, Horacio Ungaro, Claudio de Acha, Daniel Racero y Francisco Muntaner continúan desaparecidos, mientras que Emilce Moler, Pablo Díaz, Gustavo Calotti y Patricia Miranda fueron finalmente «blanqueados» por la dictadura y quedaron a disposición del PEN (Poder Ejecutivo Nacional) como la dictadura catalogaba a los presos políticos sin proceso.

Durante su secuestro, los jóvenes fueron sometidos a torturas en distintos centros clandestinos, entre ellos el Pozo de Arana, el Pozo de Banfield, la Brigada de Investigaciones de Quilmes y la Brigada de Avellaneda.

En reconocimiento de la lucha de este grupo de jóvenes militantes desaparecidos se conmemora cada 16 de septiembre, desde el 2006, el Día de los Derechos de los Estudiantes Secundarios, un homenaje para que “los lápices sigan escribiendo”