Hipólito Madariaga: “Hay claras políticas públicas de apoyo al Movimiento cooperativo”

Hoy se conmemora el Día Internacional de las Cooperativas. Es un día para visibilizar y valorar el trabajo que realizan. Desde hace décadas, las cooperativas vienen promoviendo enfoques integradores y sostenibles con respecto al desarrollo económico y social a nivel local. 

En palabras de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) “Más de mil millones de cooperativistas de todo el mundo siguen demostrando que nadie tiene por qué enfrentarse solo a una crisis como la pandemia actual”. La ACI es una federación de cooperativas que buscan reunir, representar, y servir a cooperativas de todo el mundo. Este año el lema es “Reconstruir mejor juntos”. La alianza expresa que “las cooperativas de todo el mundo mostrarán cómo están afrontando la crisis provocada por la pandemia de la COVID-19 con solidaridad y resiliencia, ofreciendo a las comunidades una recuperación centrada en las personas y respetuosa con el medioambiente.”

Conversamos con Hipólito Madariaga, de la Cooperativa Agropecuaria Mariano Moreno, quien nos contó que cuentan con “espacio de casi 4 hectáreas en Cuartel V, donde estamos preparando la tierra para la Instalación de Invernaderos para producción hortícola.”  Son un grupo de 20 trabajadores de la Economía Popular de Moreno, y aspiran poder llegar a integrar hasta 50 cooperativistas, “ya que después de la producción hortícola, tenemos proyectado hacer producción de huevos y de hidroponia, para luego comercializar  nuestra producción en el ámbito local.” y agregó que cuentan “con todo el apoyo del Municipio a través del equipo de la coordinación agroalimentaria del IMDEL” y que, a nivel nacional y provincial, “el gobierno actual está teniendo claras políticas públicas de apoyo al Movimiento cooperativo. 

El Día Internacional de las Cooperativas es la ocasión para demostrar que el modelo empresarial centrado en las personas, basado en los valores cooperativos de autoayuda y solidaridad y en los valores éticos de responsabilidad social y sentimiento de comunidad, permite reducir las desigualdades, crear prosperidad común y responder a los estragos inmediatos que está causando la COVID-19.

Madariaga, quien también es parte promotora de la Cooperativa de agricultores y agricultoras Morenense Cuartel V piensa que es fundamental “el fortalecimiento de las cooperativas en estos tiempos de crisis económica mundial y de  pandemia de por medio, entendemos que la salida es colectiva y cooperativa. Estamos trabajando en la comercialización de los alimentos en bolsones a precio justo.” 

En cuanto a los valores  de las cooperativas, Marariaga expresó que “muchos de los agricultores y agricultoras mantienen esos valores de solidaridad, reciprocidad y complementariedad. Desde el campo profundo de Argentina y algunos compañeros migrantes vienen de vivir en comunidades indígenas u otras comunidades agropecuarias donde hay un intercambio de saberes y de productos, donde se complementan mutuamente. Eso, cuando hay un desarraigo, la forma de mantener esos valores y esas costumbres, además reproductivas culturales y ancestrales, es a través de una cooperativa o a través de una institución asociativa. Por eso mismo venimos promoviendo y generando organización Cooperativa de Moreno”. 

Por último, Hipólito agregó que “Ésta es una nueva forma de pensar en la agroecología, no solo del productor sino también de los consumidores, de dónde viene, cómo se produce. Esta ley viene a trabajar y a ponerle letra a un reclamo de las asociaciones de la agricultura familiar, de esa agricultura familiar campesina e indígena que ha sido invisibilizada siempre. No estamos pensando en especular y vender afuera, la idea es producir para alimentar al pueblo local.

Sufrió violencia de género y hoy emprende en la gastronomía con ayuda del IMDEL

Alba sufrió durante largos años violencia de género por parte de su expareja. Luego de recurrir a la Secretaría de Mujeres, Diversidades y Géneros del municipio, pudo vivir 5 meses en el Hogar de Protección Integral Municipal “Camila” y, gracias a su emprendimiento, consiguió un alquiler en Moreno. Hace unos días recibió maquinarias por parte del Instituto Municipal de Desarrollo Económico Local (IMDEL) y, en esta nota, nos cuenta su historia, qué recibió y en qué la beneficia.

Alba tiene 42 años y es sobreviviente de violencia de género. Actualmente, vive con su hija en Paso del Rey. Forma parte de «Crearte«, un emprendimiento de mujeres en proceso de fortalecimiento que han salido de situaciones de violencia de género y que realizan dulces y conservas para la comunidad. Hace unos días, el IMDEL le entregó a Alba y a sus compañeras una balanza, una licuadora y un microondas para que el emprendimiento continué creciendo.

En el año 2005, comenzó a sufrir violencia por parte de su expareja, fue secuestrada, drogada y, por este motivo, estuvo internada con un coma farmacológico por 15 días y luego fue derivada a una institución neuropsiquiatra porque su femicida dijo que había intentado quitarse la vida.

«Una enfermera peruana me ayuda a escapar del lugar porque, evidentemente, la situación era matarme, porque no me dejaban hablar con ningún profesional. Esta señora se dio cuenta y me dejó salir del lugar. De esta manera, vuelvo a Moreno con los pastores que me estaban ayudando».

Alba expresó que la misma enfermera que logró ayudarla a escapar, también la acompañó al juzgado donde estaba el expediente para poder ir a buscar a su hija que estaba con su padre, a pesar de que ella tenía la tenencia. «En 2015 intentó secuestrarme de nuevo, pero el botón antipánico me salvó la vida».

Luego de varios meses, Alba encontró un grupo de ayuda en el Juzgado de Paz de la localidad de Echeverría, donde se encontraba viviendo. Allí, personas en situación de violencias recibían herramientas para fortalecer el autoestima y, junto a algunas compañeras, formaron la ONG «No te rindas», que fue parte de las organizaciones que impulsaron la masiva manifestación «Ni una menos».

Sin embargo, las situaciones violentas que tuvieron que atravesar Alba y su hija no cesaron. En el año 2019, Alba sufre un choque arriba de su moto cuando trabajaba de delivery, y pasó varios meses tratándose de recuperar. Al perder el empleo y no tener un ingreso fijo para sobrevivir, la hija intercede para hablar con el padre y pedirle una de sus viviendas. Este hombre ofrece condiciones para que vuelvan a convivir todxs juntxs y deciden no volver.

Finalmente, Alba y su hija encuentran un empleo textil donde le ofrecen techo y comida y, durante largos meses, solo trabajaban por la comida y la estadía, es decir, vivían allí adentro con muy poca plata al mes. Allí es cuando la hija intercede de nuevo para exigirle un hogar a su padre y este decide brindarle las llaves de un departamento en Lugano. Cuando se encuentran con el femicida, les dice que el departamento no estaba disponible, pero que podían quedarse vivir y trabajar en una de las quintas de Paso del Rey. En diciembre aceptan, y en el primer evento que se realiza dentro de la quinta, había drogas, más de 50 personas y actividades ilegales.

Luego de hacer la denuncia en una de las comisarias de Moreno, Alba exige al menos retirar sus pertenencias de la casa quinta, pero su expareja se lo niega, la acusa de estar «loca» y lo único que les da son $5.000 pesos. «Los 5 mil pesos se fueron en dos noches de hotel y algo para comer porque salimos sin nada«, sostuvo Alba. Posterior a esta situación, Alba busca ayuda en la Secretaría de Mujeres, Diversidades y Géneros del municipio, logra la orden de exclusión de la casa de su expareja, pero ya era tarde. Resulta que Julio Cesar Croza le había contado a las y los vecinos su versión de la historia, que no era real.

Las vecinas y vecinos que vivían en la manzana de la casa quinta de Paso del Rey hostigaron inalcanzablemente a Alba y a su hija, amenazándolas de muerte si no se iban de la casa urgentemente. Finalmente, acceden al Hogar de Protección «Camila», que tiene el municipio y está destinado a las personas e hijes que han sufrido violencia de género. Allí estuvieron más de 5 meses conviviendo y juntando dinero para poder irse a alquilar.

Durante su estadía en el Hogar, Alba tomó las cajas de leche en polvo que abundaban y comenzó a cocinar dulce de leche casero, esos kilos fueron vendidos en una de las ferias de Moreno. Junto a su hija, ahorraron dinero del emprendimiento y se fueron a vivir solas en mayo de este año.

Alba explicó que del emprendimiento «Crearte» participan 4 personas que también han atravesado situaciones de violencias y que están planeando volverlo cooperativa para que las personas que precisen ayuda, creando y creyendo puedan salir adelante. Además, la hija de Alba participa de lo que es la publicidad del emprendimiento, gracias al subsidio de la provincia de Buenos Aires, para comprar una computadora y una impresora.

«La semana pasada el IMDEL donó un microondas, una balanza y una licuadora para el emprendimiento y, dentro de un mes, habrá una segunda entrega en la que estamos anotadas para otro tipo de herramientas», resaltó Alba.

«Nuestro anhelo es que nos den una mano para que se cumplan nuestros proyectos, por ahora está todo en marcha. Lo mismo que hacíamos en la localidad de Echeverria, queremos poder hacerlo acá. La idea es ofrecer acompañamiento y contención a quien lo necesite porque no se puede hacer solo y la verdad que la agrupación 22 de agosto y el IMDEL estan dando un mano importante».

Alba actualmente tiene una tobillera dual, que comienza a sonar cada vez que su expareja femicida se acerca en un radio de 10 cuadras. «Después de lo que pasó en diciembre no supe más nada de él. Gracias a dios hoy está muy visibilizado el tema de violencia y hay mucha gente que me ayuda, porque si bien yo estoy acostumbrada, el momento en sí es horrible. No estoy sola. Que parte de mi historia se conozca es una herramienta de protección que tengo», concluyó Alba.

Merendero Soñar Despierto II: un lugar donde las vecinas del barrio se organizan y trabajan

Esa organización se plasma en el merendero, donde llevan a cabo una huerta comunitaria de donde obtienen alimentos para las 450 viandas que reparten a familias del barrio. Les queda tiempo para plantar 200 árboles en todo el barrio. «Lo que soñamos es un futro mejor» explica una vecina.

El merendero Soñar Despiertos II se encuentra en el Barrio 23 de Diciembre, en Cuartel V. Además de la comida que realizan, cuentan con apoyo escolar, y también brindan talleres y capacitaciones. 

Son vecinas del barrio las que se organizan, consiguen los medios para garantizar que, por lo menos dos veces por semana, la gente del barrio pueda acercarse a buscar su vianda para comer. 

Delia es una vecina que llegó hace 6 años al barrio, al ver las necesidades se organizó junto a otras personas y así comenzó el armado del merendero que hoy lleva por nombre Soñar Despierto, que crece día a día.  

“La idea del merendero es abrir la puerta a todo el barrio, no sólo a la mama que tiene los chicos que vienen. Se realiza en la casa de Amelia, una vecina del barrio que trabaja y está a full, todo lo hacemos para estar un poco mejor.” cuenta Delia a Moreno Primero. 

La idea del merendero es abrir la puerta a todo el barrio, no sólo a la mama que tiene los chicos que vienen. Se realiza en la casa de Amelia, una vecina del barrio que trabaja y está a full, todo lo hacemos para estar un poco mejor.

Acá pusimos apoyo escolar para los chicos, donde asisten bastantes. Al principio de la pandemia tuvimos que cerrar, cuando cerraron las escuelas también, pero ahora reabrimos y son varios los que participan”, explica en relación al apoyo escolar, y agrega “además ya comenzaron los talleres de pintura”. Los talleres y apoyo escolar se brindan los maratónicos días sábados, desde las 9 hasta las cinco de la tarde. 

Además, cuenta la colaboradora del merendero que en un momento llegaron a repartir 750 viandas, pero que hoy reparten alrededor de 450 porque las familias, por un lado, gracias a la Tarjeta Alimentar que garantiza a las familias el acceso a la canasta básica alimentaria, y por el otro, porque “hay familias que comienzan a tener trabajo y ya no tienen que venir a pedir comida.” 

Los gastos son problemas no siempre fáciles de abordar. Sin embargo, vecinas y vecinos que sueñan despiertos realizan un arduo trabajo, no sólo cocinan gracias a las donaciones, sino también, a su propia huerta comunitaria de donde obtienen sus alimentos.  

Beatriz, otra vecina que colabora en el merendero, exclama contenta, “justo hoy estamos cosechando lechuga y rabanitos de la huerta”, y eso significaba más comida para el barrio. 

Considera “muy importante” sostenerlo, porque “hay gente que realmente lo necesita, y depende de este merendero para comer”, y resalta que “acá en Cuartel V la gente es muy solidaria”. 

Lo que soñamos es que nuestros pibes tengan un futuro mejor, y en ese sentido tenemos varias capacitaciones para lograrlo, no sólo de huerta, sino también de género y salud” resalta Beatriz en relación a charlas que se brindan en el merendero. 

También, recordaron la forestación de árboles en el barrio que pudieron llevarla a cabo gracias a la articulación con el Municipio. Hoy en día, el barrio 23 de diciembre cuenta con 200 árboles luego de una actividad llevada a cabo en conjunto con el Instituto Municipal de Desarrollo Económico Local (IMDEL). “Plantamos un montón de árboles -cuenta Beatriz-, no solamente en la calle del merendero, sino en muchas calles del barrio.” 

Plantamos un montón de árboles, no solamente en la calle del merendero, sino en muchas calles del barrio.

Gracias al trabajo de estas mujeres que se ponen la camiseta del barrio, no solamente la gente puede comer y llevar un plato de comida a su casa, sino también se preocupan por las necesidades del barrio. En cuanto se les abre una venta de posibilidades no dudan, van y colaboran.