Roger Oner: “Este es un gran momento para prestarle atención a las señales de la vida”

Transcurría el 2008 cuando Roger Oner comenzaba a recorrer y conocer la calle. A través de un amigo conoció el rap y comenzaron a tirar freestyle. Al poco tiempo ya eran tres y conformaron una crew: “a partir de ahí todo cambió” afirma. Hoy, es ilustrador, grafitero y tatuador.

Con el tagg de #Errege y con tan solo 15 años, Roger empezó a habitar, pintar y expandirse en la vía pública. Hoy, a sus 28 años cree que el arte “a pesar de todo, es algo tan puro. Un gran sentimiento sanador, de volver a empezar y también terminar con precisión todo lo que no construye. Para mí representa el valor de mi vida, con estilo, carácter y honor.”

Desde la niñez se interesó por el arte. Dibujaba y creaba sus propios personajes, hasta que en el secundario se inclinó por la ilustración. Ese amor luego mutó en el graffiti y fue ampliando sus conocimientos. Ese fue, cuenta Roger, el momento clave para poder observar lo que lo rodeaba, su infancia, los videojuegos, las caricaturas, películas, etc. “Lo peculiar fue que, a pesar de los bajos recursos, pude encaminar el estilo y poder continuar con el gran camino del ninja – como le gusta llamarlo a él -.

“El graffiti pertenece a las calles y por más que lo deseen estructurar, esta cultura no tiene forma. Se moldeó a través del tiempo, y se adecua a cada momento. Evoluciona en cada rincón.”

Cuenta, con franqueza, creer que “las personas perciben la serenidad que a veces son los dibujos o caricaturas, ya sea también por su composición de colores y formas, estructuras inimaginables, como también por su lado opuesto, complejo, agresivo, más detallado y veloz. Todo depende de las emociones.”

Cuenta para Moreno Primero que su más grande desafío es, nada más y nada menos, brillar: “por cada uno de aquellos que no pierden la esperanza, la admiración, por todos aquellos que algun dia quisieron pero no pudieron, por los que desean también verme caer, por mi crew, mi familia, por la revolución.” 

Roger Oner logró el sueño de cualquier artista: vivir trabajando de lo que le apasiona. “Creo plenamente que todo depende del esfuerzo y la dedicación. Pero más que nada del amor hacia lo que uno hace. El tiempo es algo tan valioso y tan efímero en equilibrio.” A quienes sienten el mismo amor que él por el arte, el joven grafitero expresó “Deseo con muchas ansias que se diviertan, cada segundo sean libres.”

Si bien a diferencia de muchos otros, Roger considera que en su trabajo la pandemia no modificó la lógica, incluso lo potenció porque “es un gran momento para prestarle atención a las señales de la vida”, analiza que las redes sociales “movieron las piezas del juego a otro nivel, tanto comercial como experimental” agregó que “hay que adaptarse, y continuar” porque “todo depende de uno mismo, el camino está ahí, esperando a ser transitado.”

Manuel Blake: “Siempre hay que ir con respeto, pero sin miedo”

Empezó a conocer el amor por el arte desde muy chico. En el jardín de infantes y en la escuela primaria más tarde, ya escribía poemas. Dice que empezó a interesarse por la #música casi sin querer, pero desde sus primeros pasos, el rapero de 22 años ya caminaba por el sendero artístico.

Me gustaba mucho leer los libros de poesía que se vendían en el tren, me flasheaba mucho.” recuerda. Entonces empezó a escribir, comenzó a conocer el rap hasta que se animó a meterse de lleno en el freestyle. 

Su primer tema lo sacó en el 2013 y desde ahí, incluso mucho antes quizás, cuida a su música “como a su esencia”. “Creo que actuamos siempre condicionados, tanto por un contexto o la gente que nos rodea y lo que piensan.” Pero fiel a su estilo, Manuel Blake asegura que en su música no hay lugar para eso. “Siempre trato de que salga lo más puro posible, por eso no lo pienso sino que lo saco como viene”. 

“Algo positivo y bueno de alguna persona vuelve siempre”, afirma. Eso es lo que busca generar en su público: “una risa, un gesto”. Dice que “por suerte hasta ahora siempre me tiran buena onda, o se quedan con alguna letra que escucharon en mis temas o simplemente se ceban con un loquito rapeando,improvisado.” Y agrega que, para él, la recepción de los oyentes “depende un poco de lo que expreses vos y como lo expreses también, yo trato de generar eso.”

Este es, justamente, uno de sus más grandes desafíos: “Uno no siempre sabe lo que siente. Imaginate tener que expresarlo de la manera más concisa, quizás hasta en pocas palabras, siguiendo una melodía, un flow”. Si bien se llevó “más de una frustración”, intenta tomárselo como un juego. 

Si bien todavía no vive de su música y sueña con ese norte, el joven rapero expresa que “no vive de esto, pero vive por esto.” “Entiendo que la música hace que yo viva a mi manera, sino todo sería distinto, hasta yo”. reflexiona Blake.

El mensaje que le daría a quienes desean animarse a seguir sus sueños en la música, Manuel les diría que “se lancen, siempre con respeto pero sin miedo. Aprender se aprende en el camino, solo que hay que contar con la humildad para hacerlo”. 

Valora que gracias al rap “se están teniendo en cuenta a los pibes y las pibas que hacen arte”. Su deseo es que esto se siga incrementando para “hacer cosas que hagan crecer más la movida» porque “hace crecer a su entorno, saldríamos todos beneficiados”. 

Si bien las redes sociales son una herramienta con la que cuenta, Manuel Blake analiza para finalizar, que lo fundamental es el boca en boca. “Las redes me permiten seguir mostrando material más seguido, ya que por motivos de dinero se me hace imposible grabar todos los días en un estudio, sacar temas, pagar una producción, un beat, un video, son inversiones importantes, ahi le re doy la derecha a instagram”.

Hace 130 años nacía el artista Florencio Molina Campos

Nació en Buenos Aires, fue dibujante y pintor. Obtuvo reconocimiento gracias a sus obras en las que reflejaba, de una forma humorística, escenas cotidianas de la vida en el campo. En esta nota, haremos un repaso sobre su vida y obra y en qué estado se encuentra el Museo Florencio Molina Campos en Moreno.

Florencio Molina Campos nació el 21 de agosto de 1891 fue hijo de don Florencio Molina Salas y de doña Josefina del Corazón de Jesús Campos y Campos, miembros de una familia tradicional cuyos orígenes se remontan en el país a la época de la Colonia.  

Tuvo dos matrimonios, el primero fue con María Hortensia Palacios Avellaneda, madre de su única hija, Hortensia, a la que llaman «Pelusa». Luego de varios años se separaron y conoció a otra mujer, la joven mendocina María Elvira Ponce Aguirre con quien estuvo junto a ella hasta sus últimos días de vida.  

Fue en el año 1926 que Florencio Molina Campos presentó su primera exposición en el Galpón de Palermo de la Sociedad Rural Argentina. Su muestra fue visitada por el entonces presidente de la Nación, Marcelo T. De Alvear, quien se convirtió en admirador de su obra y lo premió otorgándole una cátedra en el Colegio Nacional Nicolás Avellaneda. 

Tiempo después, más precisamente en el año 1931, firmó un contrato con “Alpargatas” para ilustrar las doce ediciones de los almanaques de la misma empresa. Durante sus viajes por Europa, estrechó relación con Walt Disney y fue contratado para asesorar al equipo de dibujantes para tres películas que los Estudios Disney estaban por realizar, ambientadas en la Argentina y basadas en obras del artista argentino y en los paisajes que habían visto en sus viajes a nuestro país.  

Al no compartir las extravagancias que el estudio cinematográfico quería hacer protagonizar a los paisanos y, tras varios intentos fallidos por lograr una representación más fiel del gaucho argentino, renunció.  

En 1944, el pintor formalizó un contrato que se extendería por 10 años en forma consecutiva con la firma norteamericana Mineapolis-Moline, para la que ilustró entre 1944 y 1958 una serie de almanaques similares a los de Alpargatas, pero que incluyeron – por sugerencia suya- maquinaria agrícola de esa empresa. 

En sus cuadros también abordaba el tema de las escuelas rurales. El 25 de mayo de 1955 inauguró en un rincón de Moreno, una escuela para los niños y niñas de las familias de Cascallares. Estaba conformada por dos aulas, un corredor cubierto, un gran patio con un mástil donde flameaba la bandera. Llevaba el nombre de su antepasado «Gaspar Campos». Años después, pasó a funcionar como la número 20 «Florencio Molina Campos». 

El 16 de noviembre de 1959, superado por una enfermedad terminal luego de una operación, Florencio Molina Campos murió en Buenos Aires. Sus restos permanecieron en la bóveda familiar de la Recoleta hasta que, en la década del 70, fueron trasladados a instancias de Elvirita al Cementerio de Moreno, en donde permanecen. 

Actualmente en Moreno se encuentra el Museo Molina Campos, que, durante los primeros meses de este año, gracias a las y los concejales del Honorable Concejo Deliberante ordenaron la creación del Código de Preservación del Patrimonio Cultural que establece diferentes facultades y procedimientos del Estado ante un bien declarado patrimonio cultural como lo es el Museo.  

De esta manera, quienes tengan intenciones de vender el Molina Campos, como ya lo han expresado previamente cuando decidieron trasladar sus obras al museo en San Antonio de Areco, primero deberá consultarse con el poder legislativo y ejecutivo local.