Un puñado de peregrinos, entre ellos una mujer, salieron a pie desde la Basílica de Luján cargados con la imagen de la Virgen y su cuidador, el Negro Manuel. Quieren llegar al Santuario de San Cayetano, en Liniers, para confluir con la marcha de los Movimientos Populares a Plaza de Mayo. Contaron su experiencia de fe en su paso por Moreno.
Por Lucas Schaerer
Un hombre sin piernas al costado de la vía. Espera en su silla de ruedas a los peregrinos de la Virgen de Luján y su cuidador, el Negro Manuel. No habla. Sólo con señas pide que se acerquen. El primer peregrino que lo ve sigue sin detenerse. “Pensaba que estaba llamando a su perro”. Otro peregrino, el más joven, Nacho, lo hace frenar.
Los peregrinos aprovechan a descansar un poco, y su referente del Movimiento Misioneros de Francisco, Gabriel “Pato” Duna, es quien a distancia, desde el piso, sin entrometerse en el natural momento de fe deja eternizada la imagen que encabeza este artículo.
A pie salieron de la Basílica de Luján, este martes 4 de agosto, entre ellos acompañó ocho kilómetros el secretario general de la UTEP, Esteban “Gringo” Castro.
A sólo 20 cuadras de partir una mujer ruega que se acerquen a su casa con las imágenes que cargan en sus hombros. Muy llamativo porque tiene la casa de la patrona de la Argentina a pocas cuadras de la suya. Pero una enseñanza de los peregrinos misioneros es el signo que la virgencita te va a visitar. Es una cosa distinta.
“Tengo mi marido transplantado”, repetía la señora mientras abría las ventanas de su casa y hacía ingresar a todos los peregrinos. “Es la providencia que ustedes pasen con la virgen”. Pedro, el peregrino con más años, 73, imparte una oración, agua bendita y le dejan estampitas y un librito con la historia del cuidador de la Virgen, el ex esclavo africano.
“El Negro Manuel la retaba a la Virgencita porque a la noche se le escapaba y se iba a los ranchos de los pobres. De los cardos y el agua que le quedan en el manto luego el Negro lo usaba para las curaciones”, relató el “Pato”, nacido y criado en Luján pero conocedor de Moreno, por el lado de su madre oriunda de la ciudad, más precisamente en La Perlita.
Los peregrinos pasaron su primera noche en la capilla San Martín de Tours, en General Rodríguez al límite con Moreno. El miércoles 5, a la mañana al salir para Moreno en la puerta de la capilla veinte mujeres los esperaban. Ellas pidieron permiso en su trabajo para poder acompañar a la Virgen de Luján y su cuidador.
Las imágenes en los hombros de los peregrinos llegaron primero a la Plaza San Martín, y luego a la plaza central, Mariano Moreno, frente a la intendencia donde brindó una oración el sacerdote, Renato Maizza.
Moreno Primero charla con los peregrinos en el Teatro Roma. Allí descansaron y pasaron la noche antes de su partida hasta Ciudadela.
En 28 kilómetros una sola ampolla sufrió Pedro, el más alto y veterano de los peregrinos, a su lado Juan Manuel, llegaba a Moreno desde Lomas de Zamora. Es un peregrino que se suma hasta el Santuario de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers.
En el diálogo de los peregrinos y este cronista surge una reflexión sobre la devoción popular a la Virgen: “Es gaucha. Mestiza, media morena. Una mezcla. Los nativos, indígenas, aborígenes, como prefieran llamar, tenían devoción por la madre tierra, la pachamama, y la mujer en sus comunidades tenía un rol central. Entonces el ensamble con la imagen venida de Europa por el catolicismo fue natural. Era la madre. Sumado al cuidador, el Negro Manuel como curandero y el primer ex esclavo que se le pone nombre. Tener identidad no estaba en ese momento como un derecho para todos como hoy tenemos naturalizado. Luján fue vanguardia en eso. Encima le ponen el nombre que significa Dios está contigo, por Emanuel.”
La piedad popular es un sentimiento. La emoción en el camino está. Para quienes la cargan, la cruzan o relatan sus historias. “Llorando besan su manto” reconoce la samba de Gauna, el maletero de la terminal de Luján y canta-autor.