A raíz de los tweets xenófobos, racistas y elitistas de tres miembros del seleccionado nacional de rugby, surgen más preguntas que respuestas.
A diferencia de otros países, en Argentina, el Rugby excluye a sectores populares. Hacia adentro de los clubes, se forma una especie de tribu que respeta y defiende valores internos, pero mira con desprecio hacia el afuera. Quizás por su impopularidad, esto no había sido advertido masivamente, o por lo menos no fue discutido. Sin embargo, el 2020 fue un año de lecciones para el mundo del rugby argentino.
Al comienzo del año un grupo de rugbiers mataron a Fernando Báez en la salida de un boliche en Villa Gesell. De forma cruel, en patota, mataron a golpes al joven de 18 años. El hecho se hizo reconocido, se difundieron mensajes que emanaban desprecio por la vida y la salud, donde festejan golpizas, al igual que desde sus redes sociales.
En marzo llega la pandemia de Covid-19 y el foco de atención se pone en el virus, pero la muerte de Diego Armando Maradona, el pasado 25 de noviembre los iba a colocar en el centro de las críticas argentinas una vez más.
La noticia, tan trascendental como triste, recorrió y conmocionó el mundo entero. Los tributos y los homenajes a quien portó la camiseta número diez en el mundial de fútbol de 1986 también recorrieron el mundo y expresaron admiración y respeto.
Una de las mayores sorpresas fue la selección neozelandesa de Rugby. Antes de realizar el Haka, una danza de la cultura maorí que realizan antes de cada partido, el capitán extendió una remera de su selección nacional con el número 10 y el apellido de Diego, “Maradona”.
La selección argentina, sin otro homenaje más que un brazalete negro que apenas se dejaba ver, no fue a levantar la camiseta. Las críticas estallaron en un pueblo argentino indignado por la falta de interés en homenajear al máximo referente del deporte en Argentina y el mundo, y a quien los ha acompañado en mundiales anteriores.

La repercusión fue tal que el plantel entero tuvo que realizar un video en el que Pablo Matera, capitán del seleccionado argentino, tomó la palabra y pidió disculpas por su accionar. A su vez, circulaba un video emotivo de Maradona en el vestuario con los Pumas en 2015 donde decía “nos hacen felices a nosotros que venimos a la cancha, hacen feliz a un país que dicen que es del fútbol, pero hoy es del rugby por ustedes”.
La diferencia se acentuaba cada vez más y de pronto se difundieron los tweets de Pablo Matera, que perdió su liderazgo luego de la difusión de los mismos, junto a dos jugadores más del seleccionado argentino: Guido Petti y Santiago Socino.

Tweets xenófobos y racistas que expresaban su odio y rechazo por los negros, los judíos, y sus empleadas domésticas. Fue tanta la repercusión que se encuentran suspendidos de la selección y se espera nuevas medidas a tomar con ellos.
Entre bronca y dolor, se recordó lo sucedido en Villa Gesell a principio de año y reflotó la discusión. ¿Qué valores tienen quienes juegan al rugby? O mejor, se profundizó ¿el rugbier de la selección nacional nos representa realmente como argentinos?
Claro que el problema no es del rugby en sí, sino más bien, de quienes llegan a practicar el deporte en nuestro país: gente de clase media-alta/ alta.
Quizás, una vez pasada la bronca y la indignación por lo sucedido en la semana con Los Pumas, sería necesario plantear nuevas preguntas con fines constructivos.
Claro que esta nota no llega a conclusiones, sino más bien, abre nuevos interrogantes ¿Puede el Rugby llegar a ser un deporte popular en Argentina? ¿Puede el Rugby llegar a representar a la Argentina?












