Declaró el conductor que atropelló a la triatlonista en Moreno

Sin responder ninguna pregunta, ni hacer mención a los 2,09 gramos de alcohol por litro de sangre que tenía al momento del accidente, expresó: “No la ví” . Verónica Ultra tenía 50 años y tres hijos de 18, 15, y 12 años.

Frente al fiscal Gabriel López, a cargo de la UFI Nº 8 Del departamento judicial de Moreno-General Rodríguez, fueron las únicas palabras que Mariano Giménez, el joven de 25 años expresó. 

“No la vi” dijo refiriéndose a la triatlonista merlense de 50 años que atropelló y mató en el acceso Oeste, a la altura de Ruta 23. 

No respondió preguntas sobre su grado de alcohol en sangre, ni dio explicaciones de dónde venía cuando embistió a la mujer el domingo a las 7 de la mañana. 

La imputación era “homicidio culposo agravado por conducción imprudente”, pero el funcionario decidió agravar la imputación contra el detenido, y la causa en su contra ahora es caratulada como “homicidio simple con dolo eventual”, que prevé una pena de 8 a 25 años de prisión. 

El joven que acompañaba a Mariano en el Audi A5 blanco al momento de producirse el siniestro vial también se sentó ante el fiscal López. Fuentes oficiales informaron a Moreno Primero que “no aportó mucho” y que al momento del accidente “también estaba alcoholizado”. 

¿Cómo fue el accidente? 

El domingo 7 de marzo, Mariano Giménez, a bordo de un Audi A5 y en compañía de otra persona, embistió a Verónica Ultra, una triatlonista de 50 años que circulaba en su bicicleta a la altura donde la autopista del Oeste cruza con la ruta provincial 23. La mujer tenía tres hijos de 18, 15 y 12 años, vendía indumentaria en un local de su barrio y era administrativa en una empresa de turismo de la familia de su marido.

 La mujer merlense fue traslada de urgencia al hospital de Moreno, pero falleció horas después a causa de las heridas. Según un informe preliminar de la autopsia, Verónica sufrió “lesiones múltiples, pérdida de masa encefálica, y un daño cerebral irreversible que la condujo a la muerte”. La mujer llevaba casco puesto por lo que los investigadores especulan que Giménez “iba a alta velocidad”. 

 Un automovilista, policía de civil, quien venía detrás del AudiA5 que comandaba Giménez, quien fue el principal testigo del siniestro vial. 

La justicia espera las imágenes de las cámaras de seguridad de una concesionaria ubicada en un lugar clave. Cuando los investigadores fueron a pedir las imágenes, le respondieron que “los domingos no tenían personal para eso.” 

Juan Manuel Repetto: «La llegada a Moreno les plantea la posibilidad de trabajar sobre ellos mismos de un modo diferente»

Otra condena es el titulo de la película documental que narra, a través de su protagonista Sebastián, la historia de diez jóvenes que cumplen condenas por delitos graves, en el Centro de Contención de Moreno, un penal de menores con un ambiente opuesto al estereotipo de vida carcelaria, violenta y corrompida, sin guardia cárceles ni armas, donde la idea de transformación no pasa por el control y opresión de los cuerpos, sino por un trato respetuoso y amoroso. 

Dialogamos con su director, Juan Manuel Repetto, sobre su obra, que se estreno en el cine Goumont el 17 de marzo pasado y ya lleva ganados varios premios internacionales.

Sobre la pregunta de como llego al instituto y como nació la idea del documental, Juan Manuel relata: «Llegue a través de María Marta Bunge, docente de la UBA con quien visitaba distintas cárceles, ella comenzó a colaborar con el Centro de Contención Moreno, dirigiendo el taller de huerta. Ahí nos llamó la atención el modo de trabajo del Centro. Sus autoridades eran civiles, sin penitenciarios, rejas ni armas. Después de transitar muchas cárceles en los últimos años, y compartir experiencias muy violentas, nos costaba imaginar cómo existía, en el ámbito bonaerense, un sistema tan diferente y desconocido».

Si bien del documental se desprende naturalmente la comparación entre los penales de menores tradicionales y la forma particular de trabajo del centro de contención, son las historias de los jóvenes, y sus experiencias la principal motivación del mismo, sobre esto su director reflexiona: «La llegada a Moreno les plantea la posibilidad de trabajar sobre ellos mismos de un modo diferente. Allí deben dejar de lado cualquier tipo de código tumbero y comenzar a abrirse de a poco, para compartir sus errores, sus sueños frustrados, sus debilidades, y también permitirse pensar en un futuro mejor para cuando recuperen su libertad. Aunque la vida afuera no es fácil» .

Una particularidad del documental es la forma en la que el director decide narrar las historias sin prácticamente ningún tipo de intermediación entre los sujetos y la cámara: «Desde el comienzo, la propuesta fue hacer una película observacional. Esto significa filmar, en la medida de lo posible, las cosas reales que suceden sin que, en la edición, se note un rastro de la cámara o de las personas que intervienen en la filmación», explica su director.

Los talleres de huerta atraviesan toda la película, de forma simbólica y poética, vinculando esa idea de posibilidad de transformación para la vida de estos jóvenes con los procesos de paciencia y perseverancia que requiere la naturaleza : «Estos espacios de producción de plantas nos ayudaron a mostrar los vínculos entre los detenidos, escuchar sus diálogos más allá de los espacios institucionales que proponían las autoridades del lugar, y a estructurar la película también en relación a los tiempos de la naturaleza» finaliza Juan Manuel.

La emotiva carta de la familia de Sebastián Amurín que conmueve a Moreno

El 17 de marzo falleció Sebastián Amurín, un joven que luchó contra el cáncer de rostro y que difundió su lucha por todo el país. Desde la cuenta del joven de Moreno, la familia publicó una emotiva carta luego de que se conociera la noticia de su fallecimiento a mitad de este mes.

El país en general quedó conmovido luego de que se conozca la noticia, ya que la lucha de Sebastián era conocida en gran parte del país y generó mucha conciencia sobre la enfermedad que atravesaba. Desde la cuenta de Sebastián Amurín anunciaron que el joven había fallecido producto del sarcoma embrionario en el maxilar derecho que había descubierto a fines de 2014. Su historia superó las barreras geográficas de Moreno para convertirse en un ejemplo para gente de muchos países que no llegaron a conocerlo personalmente pero sí a través de las redes sociales.

Estos últimos días, en la cuenta de Facebook del joven de Moreno se publicó una carta que volvió a emocionar a todos. «Así se termina mi historia. Como yo quería, anhelaba, en el mar que tanto amo. Ya no estoy en este plano, pero donde estoy ya no sufro más, hoy es solo una anécdota todo lo vívido», comienza el emotivo texto que fue acompañado de un portarretrato con la foto de Sebastián en unos acantilados frente al Mar.

El joven durante su tratamiento había contado que uno de sus grandes sueños era visitar el mar y luego de una complicada operación a fines de 2018, pudo cumplir con su anhelo. Su historia inspiró a miles y así lo refleja la carta publicada en sus redes sociales. «Espero haber sido inspiración para aquellos que la pasan mal, desde mi lugar solo traté de ver la vida más bella. Me llevo el cariño de todos, no sabía que me querían tanto, gracias por el apoyo y el amor que le dan a mi familia día tras día», se podía leer.

En la misiva hubo un lugar especial para su mamá, Mery. La mujer que lo acompañó día tras días en su tratamiento con sus mejoras y recaídas y con quien se dio el gusto de iniciar un proyecto radiofónico en plena pandemia. «Gracias mamá por haberme cumplido todo, siempre te lo agradeceré», dictaba la carta.

La historia de este joven de Moreno se viralizó en plena pandemia, durante el invierno de 2020, cuando publicó un vídeo dónde contó el extraño tumor que lo afectaba y la necesidad de conseguir fondos para tratarse en el extranjero. Sin embargo, el tratamiento de Sebastián había comenzado mucho tiempo atrás. A principios de 2015 los resultados de una biopsia realizada en el Hospital Ramos Mejía determinaron que tenía un sarcoma embrionario en el maxilar derecho, un cáncer que solamente afecta al 0,5% de los pacientes con este tipo de enfermedad.

A partir de ese momento comenzó una etapa de operaciones, recuperaciones y recaídas. Luego de una intervención en 2018, los médicos le aseguraron que su expectativa de vida era baja pero Sebastián y su familia siguieron haciendo lo imposible para encontrar una cura ya sea en Argentina o en otro lugar del mundo. En 2020 se viralizó su historia y comenzaron a llegar propuestas de otros países para realizar tratamientos alternativos pero durante 2021 la enfermedad avanzó y a principios de marzo, su familia informó la triste noticia de su fallecimiento.