Otra condena es el titulo de la película documental que narra, a través de su protagonista Sebastián, la historia de diez jóvenes que cumplen condenas por delitos graves, en el Centro de Contención de Moreno, un penal de menores con un ambiente opuesto al estereotipo de vida carcelaria, violenta y corrompida, sin guardia cárceles ni armas, donde la idea de transformación no pasa por el control y opresión de los cuerpos, sino por un trato respetuoso y amoroso.
Dialogamos con su director, Juan Manuel Repetto, sobre su obra, que se estreno en el cine Goumont el 17 de marzo pasado y ya lleva ganados varios premios internacionales.
Sobre la pregunta de como llego al instituto y como nació la idea del documental, Juan Manuel relata: «Llegue a través de María Marta Bunge, docente de la UBA con quien visitaba distintas cárceles, ella comenzó a colaborar con el Centro de Contención Moreno, dirigiendo el taller de huerta. Ahí nos llamó la atención el modo de trabajo del Centro. Sus autoridades eran civiles, sin penitenciarios, rejas ni armas. Después de transitar muchas cárceles en los últimos años, y compartir experiencias muy violentas, nos costaba imaginar cómo existía, en el ámbito bonaerense, un sistema tan diferente y desconocido».
Si bien del documental se desprende naturalmente la comparación entre los penales de menores tradicionales y la forma particular de trabajo del centro de contención, son las historias de los jóvenes, y sus experiencias la principal motivación del mismo, sobre esto su director reflexiona: «La llegada a Moreno les plantea la posibilidad de trabajar sobre ellos mismos de un modo diferente. Allí deben dejar de lado cualquier tipo de código tumbero y comenzar a abrirse de a poco, para compartir sus errores, sus sueños frustrados, sus debilidades, y también permitirse pensar en un futuro mejor para cuando recuperen su libertad. Aunque la vida afuera no es fácil» .
Una particularidad del documental es la forma en la que el director decide narrar las historias sin prácticamente ningún tipo de intermediación entre los sujetos y la cámara: «Desde el comienzo, la propuesta fue hacer una película observacional. Esto significa filmar, en la medida de lo posible, las cosas reales que suceden sin que, en la edición, se note un rastro de la cámara o de las personas que intervienen en la filmación», explica su director.
Los talleres de huerta atraviesan toda la película, de forma simbólica y poética, vinculando esa idea de posibilidad de transformación para la vida de estos jóvenes con los procesos de paciencia y perseverancia que requiere la naturaleza : «Estos espacios de producción de plantas nos ayudaron a mostrar los vínculos entre los detenidos, escuchar sus diálogos más allá de los espacios institucionales que proponían las autoridades del lugar, y a estructurar la película también en relación a los tiempos de la naturaleza» finaliza Juan Manuel.





