«Villa Mandarina» y el fortalecimiento de los jardines comunitarios en Moreno

Verónica Cuesta es la coordinadora del jardín comunitario «Villa Mandarina», ubicado en el Barrio San Norberto, Cuartel V. Este año, inauguraron un edificio propio para los 50 niños y niñas que asisten, junto a familiares y a la intendenta Mariel Fernández; y a su vez recibieron equipamiento para el espacio. En diálogo con Moreno Primero, resalta la importancia de fortalecer los jardines comunitarios, como así también, del trabajo que las educadoras populares realizan a diario, y en ese camino, el acompañamiento que reciben de un estado municipal «que está presente».

Desde el inicio del ciclo lectivo 2023, el jardín comunitario “Villa Mandarina” tiene un espacio propio, con aulas nuevas, baños, un SUM, y una renovación integral de la cocina. Un mes más tarde, al igual que otros espacios de primera infancia, recibieron equipamiento para fortalecer su desarrollo.  

Desde Moreno Primero dialogamos con la coordinadora del jardín comunitario, Verónica Cuesta, sobre el nuevo espacio que toda la comunidad educativa de Villa Mandarina disfruta desde este año, sobre la importancia de fortalecer estos espacios, y sobre el rol de las educadoras populares.  

Comenzó a funcionar el 26 febrero del año 2019 dentro del Centro Cultural La Chicharra de forma comunitaria, y “surge con la necesidad de espacios de primera infancia, maternales, para acompañar y ayudar a las mujeres del barrio y del centro en el cuidado de las niñas y niños, para que las puedan trabajar, estudiar, y realizar diferentes actividades”, explica.  

En el CC La Chicarra usábamos dos salones en la planta alta” recuerda. Actualmente, “tenemos nuestro propio espacio donde los 50 niños y niñas que asisten cuentan con todas las comodidades, lo disfrutan plenamente y tienen sus salas” celebra, y detalla, “hay cuatro salas, maternal que es de 0 a 2 años, sala de 2, de 3 y de 4 años, las y los niños tienen los baños adentro de las salas, y también tenemos un Salón de Usos Múltiples (SUM) y un patio al aire libre”. 

El nuevo espacio está ubicado en las calles Batalla de Salta y Sor Juana Inés de la Cruz, en el barrio San Norberto de la localidad de Cuartel V, y fue inaugurado por la intendenta Mariel Fernández junto a niñas y niños, familias, docentes y autoridades municipales.  

Verónica expresa su agradecimiento “por el equipamiento que recibimos para nuestro espacio, aires acondicionados para cada sala y un ventilador para el SUM, electrodomésticos para la cocina y diferentes accesorios” por parte de un Estado Municipal “que está presente”.  

Además, manifiesta, “estamos muy contentos con el compromiso y el acompañamiento de nuestra intendenta Mariel Fernández en cada espacio de primera infancia y nos sentimos acompañados por la Secretaría de Cultura, Educación y Deportes, la Dirección de Educación Popular y Comunitaria, y el Centro Cultural La Chicharra que nos acompaña siempre, en todo”.  

En ese sentido, valoriza “la importancia de fortalecer estos espacios de primera infancia” ya que “las educadoras deben tener todas las herramientas para trabajar con las niñeces”.  

Verónica asegura que el trabajo de las educadoras populares es tan importante como amplio. “acompañar, cuidar y transmitir mucho amor a cada niño y niña” es una parte del trabajo, también “cuidar a las infancias, que significa respetar y hacer respetar sus derechos”.  

A su vez, podemos encontrar diferencias entre una educadora popular y una maestra: “Usualmente las maestras preparan a los niños y niñas para el ingreso a la escuela primaria, mientras que nosotras desde nuestro espacio trabajamos para edificar a cada niño y niña, fortaleciendo en cada aprendizaje sus pequeñas decisiones y responsabilidades desde la primera infancia”, explica.  

Desde lo personal, Verónica trabaja desde el año 2011 con las niñeces en el Centro Cultural La Chicharra, con diferentes actividades y responsabilidades. “Desde el primer momento que surgió la idea de crear un espacio de infancia pensé en estar ahí y hace cuatro años que soy parte de esta hermosa aventura que me atrapa día a día y es donde amo estar” cuenta, y agrega que “llegar al jardín y recibir el amor que te transmiten los niños es hermoso”.  

Por último, señala que “la relación con la familia es super agradable”, y cuenta que “los padres nos dicen que un sábado o un domingo tienen que esconder la mochila porque los nenes quieren venir al jardín y eso quiere decir que estamos trabajando muy bien y estamos muy contentas por eso”.  

Las familias, a través de mensajes o palabras, todo el tiempo nos muestran que están muy agradecidos del trabajo y del acompañamiento que venimos haciendo con las y los niños, y eso nos reconforta mucho a cada una de nosotras”, finaliza.  

Silvina Sánchez: «Los jardines comunitarios nunca recibieron nada de nadie, hoy el Estado municipal está presente»

En Moreno hay 34 jardines comunitarios con 4500 niños y niñas. Entre ellos, 5 fueron impulsados por el Movimiento Evita. Silvina Sánchez fue educadora popular y coordinadora de uno de ellos. Con la gestión municipal de Mariel Fernández, la experiencia comunitaria se transforma en política pública, y Sánchez, como directora de Educación Comunitaria y Popular acompaña su crecimiento y puesta en valor. “Siempre fueron bancados a pulmón, hoy el Estado Local está presente”, expresa. Además, reflexiona sobre la importancia de las educadoras populares y el reconocimiento de sus derechos.  

Los jardines comunitarios nacen al calor de la problemática social y los conflictos que caracterizaron a la Argentina de los años 90. Por aquellos años, las protestas sociales coexistieron con el surgimiento de nuevas experiencias colectivas y con impronta propia que perduraron en el tiempo. 

La autogestión da cuenta del esfuerzo comunitario para construir y llevar adelante estos espacios de la primera infancia “a pulmón”, y a veces atraviesan serias dificultades, como la necesidad de mejoras edilicias, o artefactos que permitan acceder a necesidades básicas.  

En Moreno, la gestión de Mariel Fernández transformó varias experiencias comunitarias de gran importancia en políticas públicas, y los jardines comunitarios es un ejemplo de ello.  

Desde Moreno Primero nos comunicamos con Silvina Sánchez, directora de Educación Comunitaria y Popular del Municipio de Moreno, cuya función es llevada adelante con una larga experiencia en estos espacios como educadora popular, llegando a coordinar también un jardín comunitario.  

Sánchez explica que “los jardines comunitarios nacieron como respuesta ante un estado que no daba abasto”. Y, fueron “las mujeres de los barrios” quienes “abrieron las puertas de sus casas para recibir a esos niños y niñas que no ingresaron en el sistema educativo”. 

La directora de Educación Comunitaria y Popular remarcó que “siempre fueron mujeres las que estuvieron al frente de estos espacios educativos, de entre 21 y 50 años”, además, hizo hincapié en que “muchas compañeras han hecho el profesorado de Educación Inicial y siguen trabajando en estos espacios, y a su vez en el Estado”.  

Sin embargo, los jardines del Estado están bajo la órbita de la Dirección General de Escuela mientras que “los jardines comunitarios no están reconocidos por el Estado, y las compañeras que laburan en ellos no están reconocidas como docentes”, aunque “hay organismos que acompañan la niñez en su desarrollo”. 

El Movimiento Evita cuenta con diferentes jardines comunitarios en Moreno: Jardín Poyi Cardenas , EPI Villa Mandarina, Mi Pequeño Arcoíris y Los Horneritos. Silvina Sánchez, militante dentro de la organización social, tiene experiencia en jardines comunitarios, como educadora popular y como coordinadora en uno de ellos, y puede dar cuenta de la complejidad que conlleva ejercer la función.  

Los jardines comunitarios siempre fueron bancados a pulmón, por la comunidad, por las familias que participan y colaboran mucho en los espacios, por lo que se genera una muy buena relación”, explica.  

Silvina Sánchez, que se encuentra estudiando el profesorado de Educación Inicial, asegura que “se nota mucho la diferencia de trabajo entre las educadoras comunitarias y las educadoras del Estado, en cuanto al vínculo con las familias”, y recuerda que “como educadora, venía una familia con una situación problemática, y me sentaba y hablaba con ella para poder resolverla en conjunto, es decir, el vínculo que se va generando es muy rico y se puede ayudar”. “Es algo que siempre hizo el Movimiento Evita, y hoy somos Estado, y nos permite colaborar de otra forma”, asevera la militante de la organización social.  

El Municipio de Moreno, bajo la gestión de Mariel Fernández, transformó experiencias comunitarias que fueron enriquecedoras, en políticas públicas. Tal es el caso de las orquestas de música popular Raíces, o del abordaje integral y comunitario para personas que atraviesan consumo problemático, Casa Pueblo. Los jardines comunitarios son otro ejemplo concreto.  

En la actualidad, “en Moreno contamos con 34 jardines comunitarios, distribuidos en distintos territorios, donde asisten más de 4500 niños y niñas, desde los 45 días a los 5 años”, indicó Sánchez, y prosiguió, “desde el Municipio acompañamos a estos espacios, en articulación con diferentes secretarías y organismos: la Dirección de Experiencias de Educación Cooperativa y Comunitaria del Ministerio de Educación de la Nación; la Dirección de Unidades de Desarrollo Infantil, del Ministerio de Desarrollo de la comunidad de la Provincia de Buenos Aires, la Secretaria Nacional de Niñez , adolescencia y familia (SENAF), la Secretaria de Educación del Movimiento Evita y distintas áreas municipales. 

Desde el Municipio podemos acceder a diferentes recursos que nos permiten acompañar a los jardines comunitarios, por ejemplo, el acompañamiento en la conformación de estos en Asociaciones Civiles, que les garantiza poder acceder a programas provinciales o nacionales”, contó la funcionaria municipal.  

Más aún, “hace aproximadamente un año pudimos articular con el Ministerio de Desarrollo de la comunidad. Con los programas UDI, que otorgan recursos para poder comprar alimentos para los espacios, para que las compañeras tengan un incentivo, para poder comprar material para llevar adelante actividades que llevan las educadoras, poder arreglar la infraestructura de estos lugares, y poder equiparlos con electrodomésticos que les permitan cosas básicas como cocinar, o tener agua fresca los días de mucho calor”, detalló.  

Allí radica la importancia de constituir los jardines comunitarios en una política pública, que les permitió “acompañar y darles todas las herramientas que ellos necesitan para poder llevar adelante sus actividades, todo lo que necesiten” y frente a un pasado donde “los jardines comunitarios nunca recibieron nada de nadie”, la directora de Educación Popular y Comunitaria asegura que “hoy el Estado Municipal está presente acompañando esos espacios”. 

Además, indica: “Nosotros como equipo hacemos mucho territorio, estamos acostumbrados a esto, vamos siempre, y el recibimiento de los jardines comunitarios hacia nosotros como Estado es excelente, justamente por eso, porque luego de una ausencia de muchos años, hay un nivel de respuesta rápido por parte de un Estado Municipal que asesora, que acompaña, y esa presencia es agradecida”. En este sentido, Silvina afirma, “nosotros estuvimos del otro lado, y no queremos que a ningún pibe le falte algo”.  

Para finalizar, la militante social expresa: “Sabemos que falta, y queremos solucionar todos los problemas”, es por eso que ya proyectan su trabajo para el año 2023: 

Con respecto al año próximo, queremos continuar acompañando la formación de las educadoras, y también, tenemos en cuenta algo que hace mucho tiempo piden y necesitan, que es el reconocimiento de sus derechos laborales, porque no tienen un sueldo como docentes, sino que tienen un incentivo, o el salario complementario, que es lo más básico de todo” explica Sánchez, y asegura que “esto pondría en valor este compromiso que tienen ellas hace tantos años”. En ese camino, también se proponen “lograr la regularización de los espacios comunitarios, y a su vez, fortalecer y potenciar las experiencias educativas comunitarias”.  

LA ROTONDA DE ZEBALLOS, UN JARDÍN COMUNITARIO EN EL CENTRO DE MORENO

Vecinas y vecinos de Moreno invitan a sumarse al jardín vecinal con una consigna clara: “Habitemos el espacio público”. 

Un grupo de entre 15 y 20 vecinos y vecinas de Moreno llegaron a la rotonda de Zeballos y colocaron allí las primeras plantas con la intención de hacer una huerta comunitaria. Dos años después, la rotonda es un jardín comunitario con plantas medicinales, nativas, y hortalizas que realiza variedad de actividades y encuentros donde llegaron a participar 150 personas. Desde Moreno Primero nos comunicamos con Daniela, vecina y participante del jardín comunitario, quien nos contó sobre los orígenes del proyecto, sus objetivos, su situación actual en el contexto de pandemia y más. 

Moreno Primero: ¿Cómo comenzó el proyecto? 

Daniela: La primera jornada se llevó a cabo el 30 de septiembre del 2018. Fue una convocatoria de varios vecinos. La idea surgió a partir de un documental sobre la experiencia de una ciudad que se plantea con espacios de huerta y plantas medicinales en lugares públicos, ya sean hortalizas, medicinales, aromáticas, nativas. Eso fue una movilización vecinal, y ese proyecto fue un poco el disparador del proyecto de la rotonda. 

La primera jornada fuimos entre 15 y 20 personas. La rotonda era un espacio totalmente desabastecido de parquización. Lo que se hizo en esa jornada fue delimitar un primer aro, se punteó la tierra y se dejó el bancal armado y se plantearon varias especies. 

Por otro lado, había una propuesta que fue llevada formalmente al Municipio para pedir una canilla, porque uno de los problemas que teníamos era la falta de agua. El riego se hacía llevando agua en bidones desde la casa de una vecina. Entonces hicimos un evento grande con dos talleres –uno de reciclaje urbano y uno de bio-preparados-, y, además, se hizo una jornada de  intercambio de semillas  en el marco de una red autogestiva de intercambio de semillas de toda la zona oeste, donde participaron más de 150 personas. 

También la huerta fue un poco evidenciando los distintos procesos sociales. Frente a la falta de agua y el desafío grandísimo que eso propone en un espacio donde se cultivan hortalizas, decidimos empezar a incorporar de manera más sistemática especies nativas, muchas de estas son medicinales y otras tienen valor culinario. Y con este cambio, que representa una evolución de este proceso social, decidimos dejar de llamarlo huerta comunitaria y pasó a ser un jardín vecinal. En este momento el espacio cuenta con hortalizas, aromáticas, y árboles nativos. 

MP: ¿Cuántos vecinos participan hasta marzo cuando llegó la pandemia? 

D: La involucración vecinal es cambiante. Nosotros nos mantenemos comunicados a través de un grupo de WhatsApp donde se expresan las necesidades de la rotonda, ya sea regar, o sembrar para la siguiente temporada, o algún tipo de mantenimiento. Tratamos de mantenerlo bastante activo en el sentido de generar un sentimiento de pertenencia al espacio. En general todos los vecinos que se han acercado, e incluso algunos se acercan mientras nosotros trabajamos y nos dan una devolución súper positiva del espacio. La respuesta de los vecinos es muy positiva en ese sentido. 

MP: ¿Cómo los afecto la pandemia? y ¿Qué actividades realizan en este contexto? 

D: La última actividad que se ha organizado y esto es en el marco formal del programa municipal de GIRSU es instalar un punto verde en la rotonda. El primer punto verde se llevó a cabo del Domingo por la mañana, donde vecinos voluntarios recibieron materiales reciclables que son destinados a la cooperativa Ayelén en el marco de este programa municipal. 

Otra de las estrategias que hemos encontrando para afrontar la pandemia es tratar de incentivar las huertas hacia adentro de las casas de los vecinos que ya pertenecen a este colectivo y también los incentivamos a generar plantines que luego puedan ser destinados a estos espacios. 

Nosotros estamos al tanto que, en otros países, en este tipo de espacios que son huertos comunitarios, se han extendido permisos para sostener el mantenimiento de los mismos. Como grupo creemos que estaría bueno obtener un permiso de circulación en cuarentena para mantener el espacio y que no se pierda. 

Obviamente suspendimos las jornadas con convocatoria masiva. Pero esperamos que habiliten las actividades al aire libre para seguir fomentando la educación ambiental. 

MP: ¿Todos los encuentros que mencionaste se realizaban en un solo encuentro una vez por mes, o es un espacio que funciona todos los días? 

D: Si bien es un espacio de libre acceso porque es una rotonda en el centro de moreno y todos los que quieran participar pueden acercarse, lo que intentamos hacer con el grupo de vecinos es gestionar jornadas donde se trabajara un poco la huerta y, por otro lado, jornadas que tengan un valor educacional. Por ejemplo, se hicieron talleres de alimentación, de cosmética natural, de lectura, de música, talleres que tienen que ver exclusivamente con la huerta como agricultura biodinámica, talleres de circuitos de consumo y cómo repensar nuestras decisiones al momento de adquirir productos y a quienes le damos nuestro dinero en este espíritu de fomentar la economía popular, local, y en respeto con el medio ambiente. 

MP: ¿Cuál es el objetivo que tienen como grupo con respecto al proyecto? 

D: Nosotros empezamos este espacio con la idea de  poner en valor el espacio público. Darles un espacio a las plantas nativas, y también, al poner hortalizas, ver cuáles son los beneficios de conectar un poco con la fuente de alimentos. 

También fortalecer el tejido social fue uno de los ejes principales que nos motivó a empezar un espacio así. En estas jornadas donde nosotros convocamos a los vecinos se ven como florecen las relaciones, por ejemplo, gente que no se conocía en un radio corto empiezan a tener contacto y a volver a ese barrio antiguo donde todos nos conocíamos. Eso nos da apoyo, porque es una persona cerca con la que podemos contar. 

El objetivo del día de hoy sigue siendo la educación ambiental. Tenemos este lema de decir que es un espacio pequeño y con recursos limitados, pero con un impacto social muy grande. Por eso entendemos que es sumamente replicable y positivo. 

MP: ¿Tienen contacto con otras huertas comunitarias o actividades similares? ¿Organizan actividades en conjunto? 

Si, varios de nosotros en varias huertas, como la Huerta Tegucigalpa . Además, intentamos mantenernos en contacto con asociaciones civiles, bibliotecas populares, merenderos, que tengan huertas comunitarias o las estén empezando. 

Nosotros articulamos con todos estos conocidos que tenemos más toda la información que ya manejamos y la experiencia que hemos tenido al estar en un espacio público y tratamos de darle una mano a los proyectos que lo necesiten. 

Conformamos una organización que se llama “Colectivo Moreno Siembra” que tiene como fin difundir y fomentar la educación ambiental en toda su complejidad y sentido abarcativo. 

Desde allí proponemos talleres de muchísimas cosas porque es muy amplio: talleres de huerta, de reproducción de árboles, de injertos, enseñamos a cómo manipular nuestros “residuos”, talleres de bioconstrucción, que tienen que ver con cómo podemos mejorar nuestra calidad de vida y al mismo tiempo respetar el medio ambiente. 

MP: ¿Por qué recomendás el proyecto de huerta comunitaria? 

D: Primero que todo porque el proyecto lleva a revalorizar el espacio público, y entender que, si bien puertas adentro nosotros nos hacemos cargo y tratamos de mantener un espacio vital bello dentro de nuestras casas, eso también se puede hacer de forma comunitaria en espacios públicos, que nos son propios, es nuestro espacio común y es nuestro punto de encuentro. 

También para conocer sobre especies, porque muchas veces hay personas que nunca vieron una lechuga en tierra y no saben que se puede cosechar de a hojas en vez de sacarla entera, ni vieron tampoco una lechuga en flor. Hay personas que desconocen las especies no comerciales, por ejemplo, en la rotonda hay uchuvas que da un fruto medicinal. Entonces, estos espacios también abren un poco la cabeza y amplían el abanico de posibilidades que podemos encontrar al momento de preparar un plato. Esto lleva a mejorar la calidad de vida, a llevar una vida más consciente, más sana.  

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Obviamente, al revalorizar el espacio público se disminuye el vandalismo y la basura. Estos espacios son capturadores de carbono porque estamos reforestando árboles nativos que fueron donados por el equipo de Los Robles. A largo y a corto plazo estos espacios mejoran la calidad en el ambiente y generan redes sociales, y, por lo tanto, comunidades más fuertes. 

Por último, Daniela resaltó que en este espacio “se presentan oportunidades educacionales” y es por esto que para ellos y ellas “no hay pérdida”. Así, destacó que “todo este trabajo es voluntario” y que “nosotros creemos muchísimo en la experiencia y ayudamos a todo aquel que quiera ayudar”.