En un nuevo aniversario por la reafirmación de los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas, las Islas del Atlántico Sur y el Sector Antártico, Moreno Primero pudo entrevistar a Héctor Bravo, vicepresidente del UCIM, Ex Combatientes de las Islas Malvinas, acerca de su vida antes, durante y después de la guerra.
Héctor Alejo Bravo, vicepresidente del UCIM, tiene 58 años, vive en «Mi barrio», Moreno y se recibió como docente de Ciencias Políticas en la Escuela Normal Superior de Profesorado Dr. Mariano Moreno. Es padre de dos hijos de 21 y 27 años. Es excombatiente de las Islas Malvinas y aseguró que le gustaría mucho volver, primero solo, luego con su familia: «Quiero poder ir con mis hijos y compañera para que puedan pisar esa turba esponjosa, donde el viento es constante».
Héctor explicó que, durante los primeros años, luego de la guerra de Malvinas, algunos compañeros solían reunirse en la Plaza de Moreno, donde había una placa de bronce en homenaje a los veteranos. «Nos juntábamos para limpiar y conversar sobre cómo nos podríamos organizar» y agregó que, en esas reuniones, se hicieron amigos de «un militar retirado que era capitán, él nos orientó en cuanto a cómo se podía fundar el centro, aunque con los años me fui alejando porque trabajaba con turnos rotativos, entonces no encontraba espacio ni tiempo para juntarme», aseguró Héctor, aunque tiempo después, luego de recibirse de profesor de Ciencias Políticas, dispuso de más tiempo y, actualmente, es el vicepresidente del centro de veteranos de Malvinas de Moreno.
Al respecto de su historia en la Islas Malvinas, Héctor expresó que cuando, junto con los demás soldados, emprendieron el viaje al sur, ellos no sabían que iban a la guerra.
“Fue algo bastante caótico. Los primeros días de abril nos dijeron que íbamos a ir al sur. En El Palomar nos subimos a un avión, Hércules C130, hasta ese momento creíamos que el destino era el sur. Cuando llegamos, tuvimos que subir a otro avión y allí recién supimos que nos iban a trasladar del continente a la isla. El día 13 de abril nos enteramos que íbamos a la guerra».
«En ese momento estaba exultante», expresó Héctor y describió que “poner en contexto esa sensación es difícil porque nosotros vivimos nuestra infancia y adolescencia durante un gobierno dictatorial, entonces los valores eran otros, las libertades estaban acotadas, entonces ese estado de naturaleza, nos hacía pensar que la guerra iba a ser un episodio más de nuestra preparación en el servicio militar”.
Héctor Bravo fue el soldado encargado de cargar los morteros 81 mm en la guerra. «Eso lo enseñan en el adiestramiento, ven tu potencial y, de acuerdo a eso, te asignan un rol», afirmó. “Consta de 3 piezas, me tenía que sentar, poner los proyectiles dentro del tubo para que salgan disparados», aseguró Héctor.
Además, el vicepresidente de la UCIM, detalló que, hace pocos meses, perdieron a un compañero, Omar Pereyra, excombatiente que combatió a los ingleses con un fúsil que no funcionaba. “Esto nos demuestra que, por más valentía que hubiera, iba a ser imposible alterar el resultado de la guerra por la disparidad notable en la tecnología», planteó Héctor.
En relación a la desigualdad de armamentos, Héctor explicó que tuvieron un solo visor nocturno para diez soldados. «Pude usarlo una vez sola durante 5 segundos, ya que lo fuimos pasando de soldado a soldado«, resaltó.
Nosotros, al principio, estábamos en la guerra y andábamos como “a mí las balas no me matan”, caminando sin precaución. Lo fuimos aprendiendo durante los días, entonces nos hicieron mirar por el visor nocturno, porque el cielo se cierra mucho a la noche, por la neblina, vos estiras el brazo durante la noche y no ves la punta de tus dedos. Lo hicieron para que notáramos cómo nos veían los soldados ingleses a nosotros porque cada uno de ellos tenía un visor propio.
Héctor sostuvo que, cuando volvieron de las islas Malvinas, los militares los tuvieron escondidos en Campo de Mayo para poder engordarlos y mejorar el aspecto deteriorado que les dejó esa guerra a la cual no eligieron ir. Además, cuando llegaron al regimiento, un grupo de familiares se acercaron a reclamar por sus hijos, por este motivo, a cada uno lo transfirieron a sus unidades. En el caso de Héctor, le tocó Mercedes.
«Nos hicieron jurar que no expongamos la cruel realidad que nos tocó vivir en Malvinas, la falta de insumos, recursos, el caos en el que estábamos sumidos, nosotros que éramos muy disciplinados cumplimos con ese mandato y nos fuimos cerrando y la gente no entendía».
El 16 de junio emprendieron el viaje en barco al continente y, entre 4 y 5 días, llegaron a Buenos Aires. Luego de ser transferido al pueblo de Mercedes, nuevamente madres y padres fueron a reclamar por el paradero de sus hijos. «No nos pudieron retener. A eso de las 7 de la tarde, nos liberaron y llegué como a las 12 de la noche a mi casa».
«Nosotros participamos de la última batalla por la liberación e independencia del territorio nacional en su totalidad. Me siento parte de la lucha de nuestros próceres porque ellos fueron los que emprendieron la batalla por la independencia del territorio y Malvinas es nuestro territorio a partir de 1816, cuando nos independizamos de España y para liberarla nosotros participamos de las batallas contra otro imperio, el inglés. No puedo evitar hacer una línea de tiempo y unir aquellas batallas por la liberación de los territorios con esta que participamos nosotros. Si bien fuimos derrotados, sentamos un precedente que va a quedar en la historia».
«Hubo una frase: La patria es el otro, que a mí me sirvió para explicar a la gente que cuando estábamos en Malvinas, la patria no era Argentina, ni las propias Malvinas, la patria era el que estaba al lado nuestro, el otro, ese otro era el pibe de 20 años, cagado de hambre, muerto miedo, cagado de frio, pero con las mismas ganas de sobrevivir a esa guerra, estaba dispuesto a hacer lo posible para sobrevivir esa guerra y para que el otro sobreviva. Nosotros aprendimos a los 20, cuando estábamos en la guerra, que la patria es el otro, ese otro es el que se va a salvar conmigo o se va a morir conmigo», concluyó Héctor Alejo Bravo, excombatiente de Malvinas, Vicepresidente de la UCIM.


