Daniel Gollan: “La pandemia está pasando a tener baja mortalidad”

En Moreno al día de hoy hay 18 nuevos casos positivos, 40 pacientes recuperados y ninguna defunción. Desde el inicio de la pandemia se registraron un total de 58.059 casos confirmados de COVID.19, 54.620 recuperados y 1.326 personas fallecidas.

Asimismo, Daniel Gollan expresó que «Va terminando la pandemia tal como la conocimos, ya no tendremos gran mortalidad». El exministro de Salud y precandidato a diputado nacional por el Frente de Todos en la provincia de Buenos Aires dijo que a fines de septiembre «más del 90% de la población» bonaerense tendrá el esquema completo de vacunación contra el coronavirus.

En ese sentido, afirmó que en los países donde se verifica una vacunación extendida puede haber un aumento de casos debido a la aparición de nuevas variantes del coronavirus, pero «no aumentan la cantidad de fallecidos.

«En Inglaterra, con la variante británica, hace seis meses llegaron a tener 65.000 casos por día y unos 1.200 fallecidos. Tras la vacunación, tienen ahora 48.000 casos por día y los fallecidos no superan los 100, y son personas que en su gran mayoría no se quisieron vacunar. La pandemia está pasando a tener baja mortalidad«, explicó el postulante.

Gollan destacó que el Gobierno bonaerense está aplicando «más de 120 mil dosis del componente dos de las vacunas», y afirmó que «hay que guardar un stock en cada vacunatorio porque la provincia de Buenos Aires asegura la libre inoculación libre para mayores de 18 años».

«Salvo algunas personas que prefieren esperar el componente 2 de la Sputnik V, y que esta semana ya comienza a resolverse porque llegan mas dosis, el resto que aceptó Moderna o AstraZeneca como segunda dosis está al día, subrayó.
«Estamos llegando al 90% de inmunización y es altísimo. Aplicar 120 mil dosis por día de las segundas dosis significa una enormidad. Hay que llevar el debate a lo que vamos a hacer y en ese sentido hay dos propuestas diferentes que son históricas respecto del modelo de país que queremos», concluyó en referencia a lo que se pone en juego en los próximos comicios.

Centro Cultural Chichilo: “Buscamos compartir saberes, desterrar el egoísmo y modificar lo que no queremos”

Un grupo de vecinos, vecinas y militantes del Movimiento Evita cumplieron su sueño de tener un Centro Cultural en “Mi barrio” de Moreno Norte. En diálogo con Marisa Matalone, hija de Chichilo y coordinadora del espacio, expresó a Moreno Primero cómo fue la inauguración, qué talleres brindan y quién fue su padre.

 El sábado 21 de agosto “Mi barrio” inauguraron el Centro Cultural “Chichilo” en Moreno Norte. Allí, las vecinas, vecinos y militantes del Movimiento Evita celebraron la inauguración de este espacio que, desde junio de este año, brinda apoyo escolar, talleres para grandes y chicos, funciona como punto violeta cada quince días, entre otras actividades para la comunidad. 

En la inauguración estuvieron presentes concejales, precandidatos a concejales, Mariel Fernández, militantes del Movimiento Evita y el delegado municipal Homero Salinas, quien expresó: “Es importante que Moreno Norte tenga ese espacio porque es un espacio comunitario que da respuestas en muchas cuestiones tanto sanitaria, alimentaria, como educativa. Está bueno que eso suceda, es un espacio del Movimiento Evita que nosotros desde el municipio acompañamos los procesos de organización en el barrio, es una decisión política que esos espacios existan” 

La esquina donde está ubicado el Centro Cultural “Chichilo” fue el punto de reunión de muchas vecinas y vecinos de Moreno para organizarse. En el año 1971, se abrió un almacén de rubros generales. Lo atendía Eufemia, la madre de Chichilo, su compañera Olga y el mismo Francisco Matalone, alias “Chichilo”. Allí, Marisa, coordinadora del centro cultural explicó que:  

“Fue uno de los almaceneros que te vendía los alimentos, pero también colaboraba circulando de boca en boca que una familia precisaba ayuda para armar una loza, para poner árboles en las plazas, hacer veredas de cemento para ganarle al barro los días de lluvia, hacer la colecta para un velorio, entre otros”. 

Sin dudas, Francisco Mataleno, estaba comprometido con el barrio, lugar al que llegó porque sus padres emigraron desde Italia “cuando la ruta 23 aún era de tierra” explicó Marisa su hija. Chichilo jugó en los potreros, recibió los regalos de Evita cuando era niño, invitaba a sus amigos del barrio a ver la tv en blanco y negro después de pegarse un chapuzón en el arroyo de Catonas, tocó el acordeón con otros jóvenes, vendió plantines en la estación de Moreno, y generaba el nexo para que las y los vecinos se conocieran.  

Gracias al legado que dejó Chichilo y al compromiso y la unidad de las militantes del Movimiento Evita y de las vecinas y vecinos de “Mi barrio” hoy se hizo realidad el sueño que a la comunidad la beneficiará de diferentes maneras. Actualmente, en el centro cultural, se brinda apoyo escolar para niños, niñas de primaria y adolescentes de secundaria, funciona como punto violeta y encuentro de mujeres cada quince días, brindan clases de chaiu do kwan, kick boxing, talleres barbería, guitarra, cursos de esmaltado, semipermanente, dibujo, limpieza de cutis, aikido, alisados, peluqueria, prótesis dental y los lunes, martes y jueves realizan una olla popular para más de 60 familias.

Marisa, coordinadora del espacio cultural e hija de “Chichilo” planteó que: “Nos ponemos el desafío de generar lazos vecinales, compartir saberes y desterrar el egoísmo, que no sirve, el recordarnos que nadie se salva solo y participar de alguna manera para modificar lo que no queremos” y agregó: “es la comunidad la que desea un futuro digno, donde tengamos trabajo, donde las mujeres niñas y niños, no sufran violencia y sean libres, donde expresarnos desde lo artístico siga siendo el motor para transformar nuestra realidad” 

La cancha de “Tati”: los vecinos, el municipio y un ejemplo a seguir

Los vecinos llevaron el proyecto y aportaron compromiso y trabajo, el municipio puso el oído, las veredas y el playón, pero la clave para este proyecto comunitario fue el aporte de José Antonio “Tati” Carreas: cuidado y amor.  

José Antonio “Tati” Carreras llegó en el año 1957 a La Reja y desde muy chico cuidaba y mantenía en condiciones el predio ubicado entre las calles Leopoldo Lugones y Marcos Sastre, no era el dueño ni le habían encomendado la tarea, el cuidado se debía al amor que tenía por el terreno cuyo interior tenía sólo dos arcos, y hacían de él una canchita. Sin embargo, cada vez que se quería realizar algo en el predio, se le consultaba a Tati, quien falleció a principios de enero. 

El espacio estaba pensado para plaza, pero, a falta de escuelas en el barrio, se construye la EP N° 78 en la mitad del terreno, dejando la canchita en la otra mitad y permitiendo así, que los vecinos y vecinas del barrio puedan jugar, pero había un problema y era la seguridad de la escuela. Es por eso que a fines de mayo de este año llegaron las máquinas del municipio y comenzaron las obras para construir una pared que proteja la escuela de algún posible vandalismo.    

Los hijos e hijas de Tati no entendían la obra que había comenzado, se acercaron a preguntar de qué se trataba y al ser notificados de la planificación, plantearon una alternativa: La escuela debía ser segura y el paredón debía levantarse, pero en la mitad del terreno, para garantizar que el predio siga recibiendo a los vecinos y vecinas que todos los domingos iban a jugar a la pelota en el único potrero del barrio. Ellos más que nadie, sabían que el terreno figuraba como plaza, y así querían que fuera. 

El primero de junio tuvieron una reunión con miembros de la comunidad educativa y del municipio, le comentaron la alternativa y se chequeó la información que tenía la familia. A los tres días, desde el municipio confirman que la situación del predio era tal como lo habían planteado los hijos y las hijas de Tati y se ponen a disposición para la nueva tarea, pensada en conjunto con los vecinos y vecinas que se fueron sumando a la propuesta

A medida que íbamos hablando, el barrio se iba enterando cómo era la situación, y explicábamos que teníamos que luchar por eso, porque la idea era hacer una plaza, y eso queríamos que haya. Desde el municipio siempre se mantuvieron atentos, desde el primer día, incluso vinieron desde el IMDEL a escuchar los proyectos que teníamos y nos dieron la solución”, explica Cintia Carreras, hija de Tati.

Quizás, si no fuera por el amor de Tati hacia el predio, si no fuera porque les trasmitió ese amor a sus hijas e hijos, si no fuera por las máquinas que llegaron del municipio, ni por los vecinos y vecinas que se organizaron en el reclamo, y, más aún, si no fuera por un Estado que, en vez de hacer oídos sordos, escucha las propuestas y acompaña, nada hubiera ocurrido. Pero en Barrio Gaona, ocurrió y la cancha de Tati es un ejemplo de construir en comunidad: 

“Estamos muy contentos, no sólo porque está la seguridad de la escuela, sino también porque armamos una hermosa plaza entre vecinos y el municipio vino e hizo veredas y puso un playón donde se realizarán actividades gratuitas para los chicos“, expresa Cintia, y continúa, “y lo mejor es que se armó una unión vecinal muy buena, porque lo hicimos entre vecinos, con donaciones, como así también organizamos el día del niño junto al barrio y estuvo genial”. Así, vecinos y vecinas del barrio Gaona tuvieron día del niño en plaza nueva. 

Estamos muy contentos, no sólo porque está la seguridad de la escuela, sino también porque armamos una hermosa plaza entre vecinos y el municipio vino e hizo veredas y puso un playón donde se realizarán actividades gratuitas para los chicos

La idea que siempre estuvo en mente es hacer una plaza para todas las personas, para los chicos, para la familia, para que la gente pueda caminar por las veredas y disfrutar del playón, “eso es lo que queremos en el barrio, recuperar la infancia, fomentar el deporte, que tengas cosas para hacer, jugar, incentivar la salud y el encuentro, y que no estén encerrados en las casas atrás de una pantalla”, asegura la vecina del barrio Gaona.

La hija de Tati considera que lo importante «es la unión con los vecinos y entender que en conjunto se pueden hacer muchas cosas” y añade, “si bien política hacemos todos, acá no hacemos política partidaria, la propuesta fue siempre hacer algo lindo para el barrio, para los vecinos y para la gente, donde cada uno puede tener diferentes pensamientos, pero lo importante es estar unidos y trabajar en conjunto, por el barrio.»  

Si bien política hacemos todos, acá no hacemos política partidaria, la propuesta fue siempre hacer algo lindo para el barrio, para los vecinos y para la gente, donde cada uno puede tener diferentes pensamientos, pero lo importante es estar unidos y trabajar en conjunto, por el barrio

La persona que pase podrá ver una hermosa plaza con veredas, con playón, con potrero, con tirantes convertidos en juegos a través del arduo trabajo de vecinos y vecinas comprometidos con el barrio, y un monumento que le hicieron al arquitecto de un sueño, cuyos restos descansan –y protegen- la canchita que siempre cuidó. 

La colaboración y la articulación de un Municipio que atendió una demanda organizada fue muy importante, no más importante que la transformación de esa demanda en el compromiso y el esfuerzo de los vecinos para construir la plaza. Sin embargo, la persona clave fue el hombre que sin saberlo iba a ser el protagonista de una hermosa historia.  Es por eso que todo el barrio sabe que esa plaza ya tiene nombre y se llama “La Cancha de Tati”. Su hija, asegura que un reconocimiento tal hacia su padre, no hace más que llenarla de orgullo y de amor. Por eso, lleva grabado en su piel su identidad -La hija de Tati-.