No hay usurpación en la parroquia «Perpetuo Socorro» de Paso del rey

Si bien el Padre Daniel Linera denunció que tomaron parte de la Parroquia Perpetuo Socorro de Paso del Rey, la familia denunciada vive en un terreno lindero a la institución y presentaron ante la Justicia los papeles de posesión de dicho predio. Según pudo saber Moreno Primero, el párroco compró en 2019 un boleto de compraventa que aclaraba que el terreno no tenía libre disponibilidad.

Este fin de semana tomó estado público la denuncia del padre Daniel Linera, responsable de la Parroquia Perpetuo Socorro de Paso del Rey, por una supuesta ocupación en una parte de la Institución donde también funciona una escuela. En el predio en disputa, un terreno lindero a la Parroquia, vive una familia que no sólo tiene los papeles de posesión del predio sino que también pagan impuestos hace varios años. De hecho, el pasado 14 de junio, el Juzgado de Garantías 1 rechazó el desalojo y asentó que el terreno está ocupado desde el año 2017 por otra familia que presentó los papeles de posesión en el expediente, y la jueza Adriana Julián derivó el litigio a la justicia civil. Es decir, que la Justicia ya se expidió sobre el conflicto y afirmó que no hay usurpación.

Además, según fuentes consultadas por Moreno Primero, el párroco compró en 2019 un boleto de compraventa que aclaraba que el terreno no tenía libre disponibilidad. Es decir, que más de la toma de la Parroquia, se trata de un conflicto por un predio que fue vendido de forma irregular.

Durante el último fin de semana, autoridades de la secretaría de Seguridad de Moreno estuvieron reunidas con los responsables de la institución, y garantizaron las condiciones de seguridad en el predio para que puedan retomar las clases presenciales, pero Linera manifestó que no reanudaría las clases hasta que se resuelva la cuestión judicial.

Por iniciativa del Municipio, mañana habrá una instancia judicial de mediación entre los responsables de la Parroquia Perpetuo Socorro y las personas que viven en el terreno lindero a la institución en la Oficina de Resolución Alternativa de Conflictos. También participarán autoridades del gobierno local.

Patio de la Escuela donde se observa que no hay conflicto.

La solidaridad cristiana en la periferia de Moreno

Las comunidades de fe crecieron en su servicio cuanto más crecía la desesperanza en la pandemia del coronavirus. Desde la multiplicación de los panes para las ollas populares en Villa Trujuy, hasta la recuperación de una capilla para armar un comedor y las ollas móviles, una de ellas coordinada por un cura italiano con iglesias evangélicas. Es la experiencia de un cronista porteño en los barrios populares de Moreno y Paso del Rey.

Por Lucas Schaerer

El 521 a la perlita. Decenas de estos colectivos color rojo desgastado y siempre con tierra pegada dan vuelta alrededor de la terminal de tren. Las dársenas son un laberinto para quien desconoce. Moreno es un distrito enorme con más de 700 mil personas que lo habitan. Y los colectivos son la extensión del tren, que te comunica a la gran Ciudad de Bs. As. como a los otros partidos, con todos los barrios para quienes no tenemos vehículos propios.

Vamos por la ruta provincial 23, o avenida Libertador, unos 20 minutos. Luego se mete dentro de Villa Trujuy. El chófer paciente con este forastero me deja a la vuelta de la parroquia Nuestra Señora de Itatí.

Una señora espera sentada en un cantero. Un jubilado dice que es el primero en llegar y se queja que la gente no madruga. El cielo le gana a la tierra. Las construcciones no superan la copa de los árboles, la excepción es la cruz, que representa al flaco crucificado. El único ruido son los cantos de los pájaros.

La iglesia tiene dos entradas, una directo al templo, y la otra más grande, el portón. Al fondo, en el rincón de la mano derecha, la cocina. Las tres M cocinando. Mariana, Mirta y Miriam. La más joven enseguida pregunta dónde va salir el artículo y las fotos que hago. La más antigua en la cocina, unos seis años, es Miriam. Tiene un espíritu alegre. Y se mueve así. Al punto que en un baile de segundos choca los pies y los puños, saludo modo pandémico que inventaron con el cura Joaquín Giangreco. En el piso están los anafes donde cocinan. Las ollas inmensas con sus pedazos de cucharones de madera inclinados dentro. Huele como la casa de mi abuela Clotilde, ya fallecida, que vivía en una localidad del interior bonaerense. El menú es arroz con salsa. Están pelando zanahorias, papas, lavando y cortando. El año pasado desbordó la demanda de comida con el confinamiento total por culpa del covid-19. Para esta segunda ola desde esta cocina salen 900 raciones. Están desde las seis de la mañana.

Nos vamos caminando con el futuro sacerdote, Esteban, y Nahuel, dirigente de los jóvenes del Movimiento Libre en Jesús, que creó el Padre Joaquín para unir a toda la pibada de las distintas capillas en Parque Trujuy (me dijo una cocinera) o Villa como figura en internet. El futuro profesor de educación física nació y se forja hace poco más de veinte años en Trujuy. Su bici playera nos ayuda a cargar la caja con la grasa para el pan. Es pesada. Vamos charlando por las calles de tierra hasta llegar a un potrero alambrado. Tiene arcos y tribunas pequeñas de madera. Enfrente está la otra capilla San Cayetano, que parece de tamaño hasta más grande que Itatí, y tiene a su lado el merendero que lleva su nombre. Allí se fabrica pan.

Proyecto: «la iglesia es tu barrio». Así figura en una cartelera de color que cuelga a la entrada de la cocina. Un montón de fotos rodean la cartelera, entre ellas muchos chicos jugando y se ven acompañados por el cura villero, Juan Isasmendi, que hace varios años misiona en la villa del Bajo Flores en Capital Federal. La cartelera refleja explica que allí se hace su propio pan para los comedores de la Virgen de Itatí y Jesús Obrero. “Damos el pan cada día y alimentos además de vestir al desnudo, ropa a las familias”. De cinco capillas, además de las dos antes citadas, se suma Santa Rita, San Cayetano y Jesús de Nazaret.

Pablo es otro de los dirigentes jóvenes, que es la primera vez que se pone a crear pan. Ellos no sabían que venía a conocer su laburo para una nota. Mientras va pasando la harina, las jarras con agua, la grasa y la levadura vamos charlando sin grabador, ni tomando nota. Apelo a la mala memoria. Se suma otro pibe. Alto con el pantalón de Unión de Santa Fé. Se cruzan las charlas de fútbol. Son todos del barrio. Su práctica cristiana se entrecruza con sus responsabilidades de estudio. Otro pibe con el pantalón de Boca se acerca, pero unos minutos. Tiene que ir a clases por zoom. Pasó nomás.

“La fe se entiende con la obra. Yendo a las ollas o cocinando el pan”. Así de claro es Nahuel. La solidaridad es amor y lo que se repite de leer la biblia o escuchar al Padre Joaquín se hace realidad en el encuentro con los propios vecinos que están excluidos. Las redes sociales y los mensajes de WhatsApp no son centrales en estos pibes. Al principio de la pandemia llegaron a confluir unos 300. Hace unos meses, sobre todo los más grandes, se volvieron a ver en las actividades solidarias. Antes se reunían para conocer la palabra de Dios y coordinar todas las actividades entre todas las capillas. Esto ahora está vedado para cuidarse del coronavirus. Pero el discernimiento grupal no se perdió, aunque no lo practiquen como antes. Algunos si tienen un tiempo libre buscan saber más de los santos o de Jesús. La cruda realidad los lleva a la esperanza. No se encierran en sí mismos. Es más, al otro día ese pan (que probé y estaba exquisito) a las 7.30 de la mañana se está distribuyendo por ellos mismos entre el pobrerío de Trujuy.

Paso del Rey: Un cura italiano en una comunidad de mujeres

Justo se termina el gas de las garrafas. Esteban, el futuro sacerdote, llama al Padre Joaquín que viene con otro laico colaborador en una camioneta hilux blanca. Fue donada por el Papa Francisco. Se llevan los tubos de gas vacíos. De paso me arriman hasta el puente Márquez, allá es el límite parroquial con Paso del Rey. Me recibe Renato. Es un sacerdote italiano, que tan sólo lleva dos años en estas tierras. Fue misionero de la consolata. Ahora responde al obispo local. Nuestra chófer es Nancy. Es muy activa. Como no serlo coordina los comedores de las capillas.

La parroquia Inmaculada Concepción es la más antigua de esta área a cargo del sacerdote italiano, muy cerca de las 40 como se conoce de boca en boca al barrio construido por la municipalidad años atrás. Renato señala que es la comunidad que organiza y empuja. Que si él no está todo continua. Es más, estuvo contagiado de covid hasta internado y nada se frenó de la solidaridad ya sea en las capillas con los comedores o en las ollas populares itinerantes, que también confluye con un pastor evangélico.

La capilla sanó. Estuvo tomada por una señora con 14 perros. Y también otra casita que servía de salón fue ocupada por otra familia numerosa. Todos salieron con una alternativa gracias a la colaboración del municipio. De ahí en más todo fue un centro de sanación personal y comunitario. Las mujeres que sostienen la solidaridad cristiana (y una de ellas sin fe católica) también se están sanando ellas mismas por la felicidad con que encaran la ayuda al prójimo.

Las donaciones de alimentos y otros insumos materiales lo reciben de fábricas o comercios de la zona, de particulares, del gobierno nacional, de la propia iglesia con los decanatos solidarios y del municipio vía el Comité de Crisis.

“Pasé de dar de comer a cuatro en casa a 250”. Así de concreto reflexiona Fernanda, mamá que llegó por necesidad y un día le dijeron si se copaba en dar una mano. Feliz está de hacerlo. Para la pandemia multiplicó su ayuda al vecino. Porque antes estaba sólo en Cáritas dos días. Ahora todos los días. Las cuatro se la pasan charlando y riendo entre ellas y contagian al cura. Son devotos de las fotos. Tienen redes sociales, entre ellas Instagram la parroquia.

“Empezamos el comedor sin tener comida” recuerda Nancy. Una locura pero es cierto. Sabían de la extrema necesidad de sus vecinos y ellas mismas se lanzaron sin planificación o seguridades preestablecidas. Nacieron cinco comedores, distribuidos por capillas y tres merenderos. “Hasta salimos con mi auto a dar de comer”. Eso lo coordinan con un pastor evangélico de la zona. “Antes nos pasamos andando todo el día buscando las donaciones que pedíamos mediante flyers. Así empezamos. Si nos ponemos a pensar ahora mirando para atrás era una locura”.

Karina es otra de las mujeres que pone el cuerpo. Ella llegó por una vecina que le dijo que en la parroquia necesitaban una mano para cocinar. Vive frente al barrio «las 40». Tiene mala fama. En la zona de las casas quintas de buen pasar si existe algún robo enseguida se acusa al vecindario de las 40 sin prueba. Ella quiere terminar con esas falsedades y unir a los vecinos. “Queremos articular con todos. La comunidad eclesial es con todos: el Estado, organizaciones, ong’s. El espíritu es dar y ponerse al servicio”, asevera el padre Renato.

Marisol llegó del barrio San Giovanni ahí cerca de un arroyo. Su marido se quedó sin trabajo antes de la pandemia. Entonces iba a buscar el almuerzo y la merienda a los comedores.

Todas insisten a sus hijos y a las otras que estudien. También los pibes las desafían a ellas. Fernanda cuenta que sus hijos le pidieron tomar la comunión. No lo podía creer porque ella no es creyente practicante. Ahora el centro de la vida es la parroquia Inmaculada Concepción antes usurpada.

“En plena pandemia aparecieron unos ladrillos y los hombres, muchos paraguayos, se pusieron a construir porque estaba sin laburo. Así nació la cocina en la Capilla Sagrado Corazón. Sin planificación, pero las cosas van pasando y surge así la solidaridad” surge el comentario entre las cuatro mujeres y el cura. Ahora sí tomo nota.   Pasó la urgencia de multiplicar los panes y los peces. Entonces las comunidades de fe en Trujuy o Paso del Rey están soñando con los oficios. Salir de las crisis (gobierno de Cambiemos y luego la pandemia) mejores. Carpintería, panadería, computación.

Gastón Fraga: “Todos los días trabajamos incansablemente para recuperar el espacio público”

El subsecretario de Seguridad Pública asegura que con la recuperación del espacio público, al que se le agregan cámaras, “vamos a ir solucionando esta situación que sabemos es grave y falta un montón, pero que así también tenemos un montón de herramientas para solucionarlas”. También les dijo a los vecinos y vecinas que “no duden en acercarse, estamos para ellos”.

La inseguridad es un problema que está presente en todo el conurbano bonaerense, y, por tanto, también en Moreno. Diferentes políticas públicas se articulan entre Nación, Provincia y el Municipio para poder erradicar la problemática y vivir en barrios más seguros. 

En Moreno, las políticas públicas en materia de seguridad se desarrollan de una forma particular, por su impronta comunitaria y por su trabajo desde el territorio

En diálogo con Moreno Primero, el subsecretario de Seguridad Pública, Gastón Fraga, explica que “uno de los primeros vínculos que nosotros tenemos de forma cotidiana es con los delegados de las diferentes localidades y con la coordinadora de Delegaciones.” Esta articulación le permite a la Secretaría de Seguridad seguir de cerca los reclamos de los vecinos y las vecinas y, en forma conjunta, atenderlos.  

Nosotros vamos tomando nota de las problemáticas en el barrio y hacemos abordajes rápidos”, relata Fraga.  Para ello, es importante el área de abordaje territorial que tiene la Secretaría de Seguridad “donde distintos trabajadores del área rápidamente acuden ante una problemática de seguridad, se entrevistan con los vecinos y se organiza un esquema de trabajo”. 

Los trabajos pueden consistir, por ejemplo, en la colocación de cámaras. En ese sentido, “se trabaja permanentemente para llegar a las 1800 cámaras al concluir este 2021, con una ampliación histórica de los servidores y del sistema operativo, que deben tener las cámaras para poder, no solamente filmar, sino también trasmitir en el acto lo que está filmando”, indica el subsecretario y asegura que “para esto fue importante la ordenanza que generó convenios con fibra óptica para la trasmisión de datos».

Puede ser una imagen de de pie, pantalla e interior

Gastón Fraga describe cada tarea en particular que forman parte de un todo porque “es realmente una gran política pública que está constituida por diversas medidas, donde es indispensable la tarea realizada por los compañeros que están en el territorio y, además, con las herramientas que el municipio va adquiriendo a partir de los fondos” y no duda que con ello “vamos solucionando el problema a los vecinos».

En ese marco, detalla varias herramientas que se suman al arduo trabajo de erradicar la inseguridad de Moreno. Por ejemplo, la colocación de botones antipánico comunitarios que “están destinados a situaciones complejas que hay en el territorio, donde se le asigna a algún vecino o vecina y se conecta con el Centro de Control Operativo (CCO) y, además, se puede enviar algún móvil o ambulancia».

También se desarrolla Moreno Alerta, una aplicación totalmente gratuita que puede descargarse en cualquier teléfono, y también entabla una rápida comunicación con el CCO. En tanto alternativa digital, se complementa con el sistema de denuncias que permite realizar denuncias a través del correo electrónico.  

“Obviamente que la presencia de los móviles policiales también es súper importante, aclara Fraga, y subraya la adquisición de móviles policiales que genera “una cantidad histórica de móviles que no tienen precedente en Moreno«.

Por tanto, el subsecretario le dice a cualquier vecino o vecina que tenga alguna inquietud “que no duden en comunicarse con la Secretaría de Seguridad, donde nosotros brindamos permanente atención, o con las delegaciones municipales, donde pueden hacer sus reclamos”. 

“Todos los días estamos viendo la cantidad de acciones que se hacen desde el municipio: la refacción de calles, cortes de pasto, podas, luces, porque nosotros apostamos a la recuperación del espacio público, al que se le agregan cámaras. De a poco, vamos a ir solucionando esta situación que sabemos que es grave, que sabemos que falta un montón, pero que tenemos un montón de herramientas para solucionarla. Por tanto, reitero, no duden en acercarse que estamos para ellos”.

“Todos los días estamos viendo la cantidad de acciones que se hacen desde el municipio: la refacción de calles, cortes de pasto, podas, luces, porque nosotros apostamos a la recuperación del espacio público, al que se le agregan cámaras. De a poco, vamos a ir solucionando esta situación que sabemos que es grave, que sabemos que falta un montón, pero que tenemos un montón de herramientas para solucionarla. Por tanto, reitero, no duden en acercarse que estamos para ellos”, finaliza. 

Puede ser una imagen de una persona, de pie e al aire libre