La intendenta de Moreno, Mariel Fernández, entregó a través del Banco de Desarrollo Local (BDL), dos millones de pesos en créditos para clubes barriales junto a la administradora del IMDEL, Daiana Anadón; la directora del Banco, Miriam Robles y el concejal Gonzalo Galeano. La financiación tiene el objetivo de que socias y socios puedan acceder a una mejor infraestructura de estos espacios.
En esta oportunidad, los clubes beneficiarios fueron: San Carlos, Los Tigres de la Perla, Atlético San José, Casa 2000, Gimnasia, Social y Deportivo Satélite, San Norberto, Lomas Fútbol Club y Esperanza de Moreno.
“Conseguir financiamiento siempre era una traba para los clubes, y haber podido encontrarle esta vuelta mediante un banco, que sea un crédito, que lo pueden devolver, hace que todo sea más sencillo”, expresó la intendenta, y subrayó: “para esta gestión son muy importes los clubes de barrio por el rol social que cumplen, y la articulación que puede realizarse con todas las otras políticas del municipio. Desde una mirada del cuidado necesitamos que sean un lugar de integración y cuidado de la comunidad, un aprendizaje que debemos hacer entre todos, y desde el Municipio queremos acompañarlos en eso”.
Por su parte, Miriam Robles dijo: “Es la primera vez que se destina una línea de microcréditos a instituciones socio comunitarias deportivas, por donde transitan 300 niñas, niños, jóvenes y adultos. Estos clubes constituyen una parte importante del desarrollo local del distrito y hacen mejorar nuestros barrios”, y agregó: “Estos microcréditos permitirán que los clubes barriales puedan acceder a nuevas luminarias, mejorar sanitarios y vestuarios, comprar semillas para césped y también para la terminación de canchas cerradas o adquirir aspersores de riego”.
La gestión municipal entiende que los clubes, además de tener un valor en sí mismo, poseen una función comunitaria a la que se le agrega mayor valor cuando se mejora la infraestructura y la calidad de los espacios, para que puedan continuar con sus tareas socio comunitarias en las mejores condiciones posibles.
A su vez, Gonzalo Galeano compartió con los presentes: “Estoy muy contento por esto, y quiero agradecerle a la gestión de Mariel Fernández, que tiene la decisión de acompañar a los clubes de barrio, por todo lo que se hace en el Banco de Desarrollo Local. Y recordar que para los chicos una hora más en el club, es una hora menos en la calle”.
Durante el acto también estuvieron presentes Daiana Chirino, coordinadora General de Economía Popular y autoridades municipales.
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Cada 9 de agosto, desde 1994, se celebra mundialmente el Día de los Pueblos Originarios. La fecha elegida remite a la primera reunión que realizó la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para dar visibilidad a las comunidades y comprometerse con ellas.
Los pueblos originarios son símbolo de resistencia ante los diferentes embates colonizadores desde hace 500 años, han sufrido masacres, el robo de sus tierras, y la destrucción de sus recursos naturales en pos de una economía de mercado cada vez más salvaje y depredadora.
Sobre esa resistencia pacífica, sobre la cosmovisión, y la visibilidad que fueron cobrando en los últimos años las comunidades, dialogamos con Nelson Orellana, docente de instrumentos autóctonos, trabajador del municipio de Moreno y representante de la cultura Aymara, que actualmente opera en el marco del programa Moreno Sagrado con Claudia Torres.
Nelson, toca el sikus desde los ocho años, comenzó a dar talleres de forma virtual para la Secretaría de Cultura durante la pandemia, además de enseñar a tocar el instrumento nos cuenta que en los talleres hablaba de la cosmovisión, de la forma de pensar y ser de las comunidades.
“Es muy importante que como pueblos invisibilizados durante tantos años podamos estar dentro de las instituciones de gobierno, hoy en día se está empezando a abrir en muchos aspectos. En los años ochenta era muy difícil, yo cuando iba a las escuelas en esa época, me miraban mal, muy despectivamente. De a poco eso va cambiando, y ojalá que en las escuelas se puedan enseñar nuestros idiomas, nuestra historia, nuestra geometría, nuestra economía, nuestra medicina, tenemos tanto para aportar”, explica Nelson, quien también da clases en la Universidad de San Miguel.
Nelson considera que estamos en un proceso que lentamente nos irá llevando a lograr que muchos de los grandes aportes de las comunidades originarias vayan ganando espacio y revalorizando: “Tenemos a nuestros Kallawayas, que son nuestros médicos milenarios que saben a través de las plantas todas las curaciones. De a poco esas cosas se van a ir logrando, falta mucho, porque todavía tenemos que abrir nuestras conciencias, nuestros corazones, a medida que vayamos teniendo ese proceso iremos incorporándolas. Esa vibración empieza a romper esta otra vibración que está ahí, queriendo negarnos y rompernos entre nosotros”.
Acerca de cómo es habitar desde la cosmovisión originaria en un mundo tan mercantilizado, donde rige la exclusión y las reglas de mercado, Nelson afirma: “Estoy muy orgulloso de ser originario, porque tiene todo un sentido de vida. su cosmovisión es tan elevada que a mí eso me rebalsa. En este mundo uno tiene que incluir, no excluir. Nosotros por ejemplo no estamos en contra de la tecnología, sino del uso que le demos, si sirve para conectarnos, para estar bien. El mercado también cuando es solo para beneficio propio está mal, nos condiciona”.
Por último, Nelson, deja un mensaje: “Es importante saber para qué hemos venido, quienes somos, por qué existimos. Muchas veces nos hacemos estas preguntas y no sabemos responder, pero hay quienes parten de este plano sin siquiera preguntárselo. A complementarnos con el otro, a vivir en armonía con el otro, a eso dicen nuestros abuelos que hemos venido. La wiphala no es una bandera, es un símbolo del pensamiento espiritual humano. Todos queremos la igualdad, no queremos que haya gente que no tenga para comer, o dónde dormir. Ser distintos hace que aprendamos del otro. Cuando alguien es distinto a vos, no lo sometas. aprende de él”.
El director General de Museos del Municipio de Moreno resumió los momentos más importantes de la vida de Florencio Molina Campos: su llegada a Moreno, la visita de Walt Disney, el incendio de su rancho y su reconstrucción, su caballo “el gaucho”, su vaca “mansa”, la escuelita inaugurada junto a Elvirita, y el arado de las tierras morenenses.
La intendenta de Moreno, Mariel Fernández, junto a centros tradicionalistas, vecinas y vecinos, y autoridades municipales y provinciales tomó posesión formal del rancho “Los Estribos” donde vivió parte de su vida el dibujante y pintor argentino Florencio Molina Campos y su esposa María Elvira Ponce Aguirre. La finca fue inspiración de muchos de los emblemáticos cuadros del artista, la cual, a partir de ahora, será destinada a la realización de actividades culturales y turísticas públicas.
Durante el encuentro, el director General de Museos del Municipio de Moreno, Hernán Tulissi, hizo uso de la palabra y expresó el “placer de pasar por este lugar, con una historia tan rica que tiene este solar, donde aconteció gran parte de la vida de este querido artista y su compañera, que fue mentora, la guardiana de toda su historia, y que probablemente no hubiera sido tal sin la presencia de ella porque fue un sostén importante”. Así, continuó en lo que llamó “una introducción histórica de por qué estamos acá, y del valor histórico y simbólico que tiene este predio para los morenenses, y para la cultura nacional”.
1932, el arribo de F. M. Campos a Moreno
Tulissi cuenta que en el mes de septiembre de aquel año, Elvirita compró un auto “con sus últimos ahorros de maestra” y paseaba con Florencio. “Él le dijo que quería que conociera el campo, el lugar de uno de sus tíos, que era Don Manuel Salas, y vinieron para este lado, llegaron a este lugar y pararon al costado del río, que, por algo les llamó la atención, les gustó este lugar y decidieron quedarse”. Primero con una carpita, y al tiempo, un vecino que era dueño de estos campos, “una familia tradicional descendiente de Francisco Álvarez y de Márquez, el del Puente Márquez, que fue Don Arturo Álvarez Insúa, dos veces intendente de Moreno” habla con ellos y les propone la venderles el terreno, en aquel momento más extenso. Allí, “plantan dos ombúes en homenaje y honor de sus respectivas madres, de Florencio y Elvirita, y así comienzan su historia en este lugar”.
1934, el rancho y gran parte de la obra creada en Moreno
A los dos años de su llegada se construyen el rancho donde está la actual construcción, “un rancho de troncos donados por la Unión Telefónica, un amigo de Florencio, y con algún carpintero amigo de la zona, ahí estaba el querido amigo Jorge Lascalela”. Gran parte de la obra de Florencio fue creada en el lugar, “inspirada en estos paisajes, en la gente, en los rostros de la gente de este campo”, entre ellos, Tulissi menciona a “un amigo paisano que lo nombra Elvirita, que llegaba en un caballo con cabo negro, yera una felicidad para ella y Florencio recibirlo en este lugar, hasta el punto que Florencio le regala al paisano, muy humilde, su más preciado recado, y se funden en un abrazo en los primeros días de noviembre del año 59”.
Después en el año 1934 se construye el rancho donde está esa construcción, de troncos, donados por la unión telefónica, un amigo de Florencio, y con algun carpintero de la zona, ahí estaba jorge lascaea, el querido amigo en la construcción de este rancho. Se empiezan a quedar aquí, gran parte de la obra fue creada en este lugar, inspirada en estos paisajes, en la gente, en los rostros de la gente de este campo. Vale recordar sólo uno que lo nombra Elvirita, Don Juan Martín, que era un paisano que venía de aquí a unas leguas, llegaba en un ballo cabo negro, y era una felicidad para Elvirita y Florencio recibirlo en este lugar, hasta el punto que Florencio le regala al paisano, muy humilde, su más preciado recado, y se funden en un abrazo en los primeros días de noviembre del año 59”.
1941, el asado con Walt Disney
En 1941, llega a Moreno “una visita internacional de lo más reconocido y relevante como lo fue Walt Disney, que quería conocer el estudio”. En ese entonces, Florencio se encontraba en Estados Unidos, y fue Elvirita quien lo recibió, “con un gran folklorista en ese momento, que fue Carlos Montburn Ocampo, Sanjuanino” y “lo reciben con un asado”.
El empresario, animador, guionista, actor de voz y productor de cine estadounidense no encontró a Florencio en aquella oportunidad, pero “después arreglan el contrato para poder ir a trabajar a Estados Unidos donde vivieron muchos años y trabajo para los estudios de Walt Disney”.
1945, el incendio del rancho y perdida de gran parte de la obra
En junio de 1945 hacía mucho frío. Para ese entonces “ya estaba en construcción donde está el atelier, y el cuarto de Elvirita abajo”. Cuando se van a dormir, por el frío, dejan el hogar prendido y se había cortado el agua del molino para que no se congelara. El rancho se incendia y para cuando llega un vecino que acudió a la ayuda, ya no había forma de parar el fuego y se perdió todo. A Florencio, se le había vencido el seguro de los cuadros.
“Para dar una muestra cabal de lo que fue este paisano –dice el director de Museos de Moreno- le dijo a su compañera, “mejor que fue así Elvirita, para que no haya ninguna duda de que fue intencional para cobrar el seguro, es mejor que se haya perdido todo”. Se perdió muchísimas obras y pasaron dos años sin venir, “ya estaba la casa de Vicente Lopez lista”, y en el año 1947 “deciden venir a este lugar donde forjaron tantas obras y tantos sueños, y de a poquito fueron reconstruyendo este lugar, esta casa de material”.
1954, el mejor cuadro de su vida
“Con buena idea y buena intención de Elvirita, que era maestra, mendocina, y de Florencio fundan una escuelita que estuvo poco tiempo acá”. La escuela se trasladó por las gestiones del entonces intendente Dr. Alberto Vera.
Hernán Tulissi cuenta que “según Florencio, estaba en la inauguración un 25 de mayo, en un árbol apoyado, y dijo, “este fue el mejor cuadro creado en mi vida”, el de la escuelita, como diciendo que la obra es importantísima, pero los niños estos son como que dan sentido y valor a nuestras vidas”.
1959, El gaucho y sus problemas de salud
Florencio y Elvirita tenían un caballo, “lo rescatan de un carrero, era un alazán, se lo compran al dueño, y lo tuvieron entre el 44 y el 59” cuenta Tulissi y agrega “se llamaba el guacho y ellos le pusieron el gaucho”.
Cuando el gaucho muere en tierras morenenses, “como buen paisano no dejó que nadie que no sea el enterrara ese caballo, a pesar de que ya tenía diezmada su salud tremendamente, decide enterrarlo él, aquí en este lugar, y el esfuerzo que le demandó terminó lamentablemente con su salud y muerte finalmente en Buenos Aires el 16 de noviembre de 1959”.
Florencio, arador de la tierra, y el rancho cedido al municipio
En 1978 Nora de Barreto -cuya familia y nietos estuvo presente en la toma de posesión del rancho “Los Estribos” y brindó información histórica- compra la propiedad y la llaman el “Gallo Rojo”, destinada a hacer un recreo turístico por las características del lugar, donde realizaron “muchas reformas posteriores como es la galería que cubre lo que era el atelier”.
Tulissi asegura que “verdaderamente cuidaron de este lugar para que siguiera su curso, hasta que en el 2007 cede al Municipio de Moreno esta propiedad, que ahora es de todos nosotros y que se está poniendo en valor”.
Antes de cerrar con la reseña, Tulissi recuerda que Florencio araba la tierra y “tenía una vaca que se llamaba mansa y sacaba la leche de ahí para el desayuno de los chicos de la escuelita”.
A pesar de ser un hombre nacido en Buenos Aires, se crío en el campo, en el Tuyú y luego en Entre Ríos, Ocampos araba la tierra y dijo lo siguiente: “Vengo de arar la tierra y con mis manos encallecidas tomaré mis frágiles pinceles, no se qué cosa me apasiona más, si transformar la tierra en vida, o pintar y mostrar la vida de la gente de mi tierra.”
Proyecto de recuperación y puesta en valor de la casa de Molina Campos
En 2008 el predio fue adquirido por el Municipio de Moreno y declarado sitio de interés histórico por ordenanza N º 566 del Honorable Concejo Deliberante. Pero por falta de control, la casona fue intrusada y se transformó en vivienda descuidada y con falta de mantenimiento al ser habitada por familias en situación de vulnerabilidad. Por iniciativa de la jefa comunal, desde el 2020 el Municipio trabajó en la relocalización de las familias que habitaban la casa y así se pudo comenzar con un planeamiento integral para su recuperación y puesta en valor.
El gobierno local que conduce Mariel Fernández pondrá en valor la vivienda y el parque a través de una intervención integral, respetuosa e interdisciplinaria. El proyecto implica gestionar una adecuada delimitación del perímetro, incorporar medidas de seguridad y señalización del espacio. Además, se buscará garantizar la seguridad, habitabilidad y accesibilidad al predio y sus construcciones, así como identificar especialmente y restaurar la vivienda primigenia de Molina Campos. En el mismo sentido, se propone recuperar y actualizar el paisaje del predio y alrededores según la diagramación original realizada por el matrimonio desde una perspectiva patrimonial y turística.
Dada las potencialidades del espacio, por su valor patrimonial y riqueza paisajística será destinado a la realización de actividades culturales y turísticas públicas, recuperando así un espacio con el valor patrimonial de un artista reconocido internacionalmente clave para la comunidad, así como en la construcción de la identidad nacional. El predio se transformará en un hito dentro del circuito turístico en torno al Río Reconquista, integrado también por el Área Natural Protegida Dique Ing. Roggero, el Parque Municipal Los Robles, Parque Ecológico y Museo de Historia y el Área Natural “Francisco Javier Muñiz”.