Cada 9 de agosto, desde 1994, se celebra mundialmente el Día de los Pueblos Originarios. La fecha elegida remite a la primera reunión que realizó la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para dar visibilidad a las comunidades y comprometerse con ellas.
Los pueblos originarios son símbolo de resistencia ante los diferentes embates colonizadores desde hace 500 años, han sufrido masacres, el robo de sus tierras, y la destrucción de sus recursos naturales en pos de una economía de mercado cada vez más salvaje y depredadora.
Sobre esa resistencia pacífica, sobre la cosmovisión, y la visibilidad que fueron cobrando en los últimos años las comunidades, dialogamos con Nelson Orellana, docente de instrumentos autóctonos, trabajador del municipio de Moreno y representante de la cultura Aymara, que actualmente opera en el marco del programa Moreno Sagrado con Claudia Torres.
Nelson, toca el sikus desde los ocho años, comenzó a dar talleres de forma virtual para la Secretaría de Cultura durante la pandemia, además de enseñar a tocar el instrumento nos cuenta que en los talleres hablaba de la cosmovisión, de la forma de pensar y ser de las comunidades.
“Es muy importante que como pueblos invisibilizados durante tantos años podamos estar dentro de las instituciones de gobierno, hoy en día se está empezando a abrir en muchos aspectos. En los años ochenta era muy difícil, yo cuando iba a las escuelas en esa época, me miraban mal, muy despectivamente. De a poco eso va cambiando, y ojalá que en las escuelas se puedan enseñar nuestros idiomas, nuestra historia, nuestra geometría, nuestra economía, nuestra medicina, tenemos tanto para aportar”, explica Nelson, quien también da clases en la Universidad de San Miguel.
Nelson considera que estamos en un proceso que lentamente nos irá llevando a lograr que muchos de los grandes aportes de las comunidades originarias vayan ganando espacio y revalorizando: “Tenemos a nuestros Kallawayas, que son nuestros médicos milenarios que saben a través de las plantas todas las curaciones. De a poco esas cosas se van a ir logrando, falta mucho, porque todavía tenemos que abrir nuestras conciencias, nuestros corazones, a medida que vayamos teniendo ese proceso iremos incorporándolas. Esa vibración empieza a romper esta otra vibración que está ahí, queriendo negarnos y rompernos entre nosotros”.
Acerca de cómo es habitar desde la cosmovisión originaria en un mundo tan mercantilizado, donde rige la exclusión y las reglas de mercado, Nelson afirma: “Estoy muy orgulloso de ser originario, porque tiene todo un sentido de vida. su cosmovisión es tan elevada que a mí eso me rebalsa. En este mundo uno tiene que incluir, no excluir. Nosotros por ejemplo no estamos en contra de la tecnología, sino del uso que le demos, si sirve para conectarnos, para estar bien. El mercado también cuando es solo para beneficio propio está mal, nos condiciona”.
Por último, Nelson, deja un mensaje: “Es importante saber para qué hemos venido, quienes somos, por qué existimos. Muchas veces nos hacemos estas preguntas y no sabemos responder, pero hay quienes parten de este plano sin siquiera preguntárselo. A complementarnos con el otro, a vivir en armonía con el otro, a eso dicen nuestros abuelos que hemos venido. La wiphala no es una bandera, es un símbolo del pensamiento espiritual humano. Todos queremos la igualdad, no queremos que haya gente que no tenga para comer, o dónde dormir. Ser distintos hace que aprendamos del otro. Cuando alguien es distinto a vos, no lo sometas. aprende de él”.