En la madrugada del sábado pasado, oficiales de la policía desarticularon una fiesta clandestina en el barrio de Trujui en Moreno.
El evento se realizó en la calle Los Aromos en la esquina de Fray Luis de León. En el lugar se pudo observar un local en el cual se despliegan equipos de sonidos, iluminación, mesas de pool y barras equipadas con heladeras exhibidoras por la cual se realizaba venta de distintas bebidas alcohólicas. Con más de 400 jóvenes presentes sin respetar ningún tipo de protocolo para la prevención de contagios de coronavirus.
Según informaron voceros del organismo de seguridad, muchos de los jóvenes estaban alcoholizados. Un grupo de ellos presentó resistencia de manera violenta, arrojando piedras y botellas contra el personal. La decisión tomada fue desalojar a la totalidad de participantes, a fin de garantizar la legislación vigente en el marco de la emergencia sanitaria. Fueron acompañados por personal de prevención urbana y policía bonaerense de la seccional de zona. Se realizó la clausura preventiva, imputando a quien se presenta como titular y organizador.
Un grupo de jóvenes, que se fueron organizando desde el Centro de Estudiantes de la Escuela de Educación Media N°2, lograron tener un espacio para su Centro Cultural «Marina Vilte», donde brindan asesoramiento en materia de adicciones, apoyo escolar, talleres y ollas populares, entre otros. En diálogo con Moreno Primero, Aldana y Juan hablan acerca de cómo surgió la idea de formar un centro cultural y cuál es el principal objetivo.
El Centro Cultural “Marina Vilte” funciona en el barrio de la localidad de Trujui “Los Limones”, en Moreno, desde hace cuatro meses. La idea de formar un espacio que reciba a las infancias y a los adolescentes morenenses surgió, en primera parte, dentro del Centro de Estudiantes de la Escuela Media N°2 “Marina Vilte”.
“El centro se encuentra funcionando gracias a la colaboración y al apoyo por parte de Mariel Fernández y gracias a Soledad González, militante del Movimiento Evita y, actualmente, trabajadora de Protección Civil del Municipio que cedió parte del terreno de su casa para ubicar el centro cultural”, explicó Aldana, militante e integrante del CC “Marina Vilte”.
El CC “Marina Vilte” cuenta con un tinglado y un parque para recibir a las personas al aire libre. “Lo primero que incorporamos en el espacio fue el apoyo escolar acompañado de una copa de leche”, expresó Aldana. El apoyo escolar funciona todos los jueves de 14 a 17 horas.
Además, hace unos días lograron constituir la primera biblioteca popular del centro cultural «Marina Vilte» con libros, revistas, útiles, entre otros, que fueron donando vecinas, vecinos, escuelas de Trujui para las pibas y pibes que asistan al apoyo escolar y para quien quiera pasar y leer textos.
Por otro lado, en el CC brindan talleres de Samba Reggae y, en poco tiempo, los y las jóvenes del CC organizaron un café literario, un espacio de contención para personas con consumos problemáticos en conjunto con Casa Pueblo, y también forman parte de «Jóvenes y Memoria» donde, junto con la coordinadora Xenia, trabajan formándose para presentar su propio proyecto.
Por último, Juan Salvador, militante e integrante del Centro Cultural «Marina Vilte» consideró que: «Desde nuestro espacio queremos generar una alternativa, con y para la comunidad, a las falencias que muchas veces tiene el Estado nacional y provincial. Hoy tenemos la suerte de tener, a nivel distrital, la ayuda de la compañera Mariel Fernández, que está siempre respondiendo en todo lo que puede».
«La idea es generar un lindo ambiente, donde los pibes y pibas del barrio y del conurbano nos podamos sentir cómodos y contenidos. Que puedan salir de las adicciones. Por ejemplo, hay muchos compañeros que tienen problemas de consumo problemático y que llegan a nuestro espacio y se busca darle esa ayuda que muchas veces necesitan. Creo que nuestro objetivo principal es hacer la revolución desde una perspectiva de justicia social y que la gente de los barrios de Moreno este cada vez un poco mejor».
Si se camina por la calle Néstor Kirchner en Mariló, donde antes había un baldío, ahora está el Club Juveniles de Mariló, una plaza nueva y un polideportivo en construcción. Todo lo hicieron vecinos y vecinas de Trujui, con mucho esfuerzo y amor por el barrio. Diego Paiva, presidente del club, nos cuenta cómo se desmaleza el camino y se construye futuro.
Juvenil de Mariló es un club barrial que nació en 1987 y, desde aquel momento, pasó por varias etapas. Su cancha se mudó en más de una ocasión y cada vez se alejaba más del barrio.
Un grupo de vecinos y vecinas se pusieron la camiseta del club y trabajaron para traer la cancha nuevamente al barrio. En la calle Néstor Kirchner al 2900, había un baldío lleno de malezas, peligroso. Allí, los vecinos se congregaron a limpiar y a desmalezar, se armó la cancha y se empezó a jugar.
Diego Paiva, actual presidente del Club, elegido por la comisión de vecinos, cuenta a Moreno Primero que, a pesar de haber traído la cancha nuevamente al barrio, cada fecha se perdían los puntos porque no se completaban las categorías.
Tenían la cancha y faltaban los chicos. “Algunos viajaban 3 o 4 kilómetros para poder jugar a la pelota en otro lado”. Antes de que Juveniles de Mariló vuelva al barrio, a otros “les decían que estaban obesos y tenían que bajar la panza para jugar, pero acá tienen todas las puertas abiertas, no discriminamos a nadie». Entonces, comenzó la tarea monumental de salir casa por casa a repartir volantes y hablar con los vecinos. “Hicimos un laburo enorme, de no completar las categorías pasamos a tener desde la 2004 a la 2013”, detalla Diego.
En el año 2020, llegó la pandemia y solo jugaron una fecha. “Pero el fútbol no es lo único que hacemos”, señala el presidente. “Decidimos hacer una olla en el barrio porque la pandemia le complicó la vida a mucha gente, y la sostenemos hasta el día de hoy”. Es una olla que se sostiene a pulmón, con las donaciones que reciben, con la ayuda del municipio y con las cooperativas del barrio. Así es como llegan a entregar alrededor de 200 viandas cada viernes.
También asisten a los vecinos a través de abordajes territoriales por covid-19. En Juveniles de Mariló se llevaron a cabo jornadas donde se realizaron 150 test de Coronavirus, con resultados en 15 minutos.
Diego cuenta que “la municipalidad nos está ayudando como antes no lo hacía”, por ejemplo, con el llamado desde la Subsecretaría de Deportes y Recreación, quienes “me llamaron para brindarnos un kit de materiales deportivos” y, por otro lado, “habíamos pedido una motoniveladora porque tenemos la idea de hacer un polideportivo acá en Mariló y, gracias a Gonzalo Galeano, como así también a la delegación de Trujui, que siempre están muy atentos, ya tenemos el suelo mejorado».
También recuerda que los vecinos y vecinas de Mariló antes pasaban y veían un predio abandonado lleno de malezas, “pero pudimos cumplir el sueño de tener una plaza, agarramos las herramientas y trabajamos mucho por ello, y la pueden disfrutar todos los vecinos. Ahora vamos por el polideportivo».
Por último, Diego explica que entiende al deporte como “una parte muy importante en la construcción social. Es muy importante para los chicos, te lo digo porque de chico la viví, y uno va tomando las enseñanzas que le dejan”. Así, rememora a su profesor de fútbol de cuando era chico: “Iba a buscar a los pibes a la casa, algunos no tenían ni documentos y los ayudaba a hacérselos, y si no tenían zapatillas, se las conseguía».
El mismo trabajo se replica y continúa luego de varios años. Vecinos y vecinas de Mariló se organizan y tienen hasta su biblioteca para ayudar en la escolaridad, a la cual pueden acceder alrededor de las 100 personas que realizan el FINES en la institución, que en estos momentos se desarrolla a través de la virtualidad. En materia deportiva, están próximos a firmar un convenio con el Club Quilmes.
“Acá con la pandemia paró el fútbol, pero nosotros nunca paramos», resume Diego.