Esther Quiñones, oriunda del paraje Chiclan, en Santiago del Estero, brinda el Taller de Quichua en Moreno. En diálogo con Moreno Primero, contó sobre sus vivencias, el taller, la ocupación de tierras por empresarios en Santiago del Estero, la opresión que sufrieron los quichua hablantes, y la enseñanza de la lengua como herramienta de lucha.

Moreno Primero: ¿En dónde se encuentra el taller?
Esther Quiñones: Estamos desde hace 5 años en la casa de cultura de Moreno. Empezamos en mi domicilio, aquí en el barrio San José de Moreno. Nosotros somos santiagueños, yo nací en el monte en el paraje Chilcan (Dto Sarmiento), donde la comunidad y tantos otros parajes y comunidades en Santiago del Estero, hablan el idioma quichua. Nosotros decimos quichua porque nos diferenciamos del quechua (nuestra madre lengua) que se habla en Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia, todo lo que es el territorio latinoamericano.
Pasa que en la escuela no nos han contado esa parte de la historia. Sólo cuentan la historia de los que ganan. Por eso esta lengua que tiene más de 500 años aún hoy sigue vigente. Creo que en Santiago del Estero es donde más resiste esta lengua originaria, mi comunidad está a la orilla del río salado, todas las comunidades que están a la vera del río salado y río dulce hablan quichua. El primer lugar donde encontramos el obstáculo, donde conocimos el español fue en la escuela. Allí nos prohibieron hablar en quichua. Yo tengo 55 años, a mi generación le ha pasado eso. A su vez, a nuestros mayores les ha pasado lo mismo.
Santiago del Estero es una provincia muy pobre, la mayoría salimos en busca de trabajo, nuestros padres, nuestros abuelos y una de estas quichuistas aterriza en Buenos Aires, esa sería yo. Aquí tengo a mi familia, a mis hijos, a mi nieto en Moreno.
Sólo cuentan la historia de los que ganan. Por eso esta lengua que tiene más de 500 años aún hoy sigue vigente. Creo que en Santiago del Estero es donde más resiste esta lengua originaria
MP: ¿Qué los llevó a realizar este taller?
EQ: Nosotros empezamos en mi domicilio, esto salió porque vimos que a nuestros hermanos les daba vergüenza hablar en quichua y quisimos reivindicar esto. Llegamos a no tener lugar porque se acercaban muchas personas a nuestro domicilio y ahí fue que tuvimos la suerte, creo que la pacha se puso de nuestro lado, de cruzarnos con Mabel Precioso, una profesora que ha estudiado este idioma originario. Así que conversamos y llegamos a un acuerdo de no cobrar ninguna clase y también dentro de lo que es la comunidad santiagueña compartimos la clase para quien quiera aprender a escribir o hablar el idioma con la profesora, y después realizamos un encuentro con la comunidad donde hay tucumanos, riojanos, jujeños y escuchamos música y danza que no puede faltar en un encuentro santiagueño. Todo esto, lo trasladamos a la casa de la cultura de Moreno.
MP: ¿Cuáles son sus objetivos en base a este taller de quichua?
EQ: Uno de los objetivos es que las escuelitas del monte, las escuelitas de los parajes, se enseñe nuestro quichua así como se enseñan otros idiomas que nosotros por supuesto no estamos en contra de ningún idioma, sino que primero debemos valorar y revalorizar nuestra propia lengua, lo que nos pertenece. Pasa que esa parte de nuestra historia no la dicen los libros. Tenemos testimonios de cantidad de gente que venía y decía “No sabía que en Santiago se habla Quichua” y no se sabe eso porque quieren que no se sepa.
Y así es esta lucha día a día. Lo vivimos con nuestras familias. Por ejemplo; cuando hay desmonte hay gente que está interesada solamente en la parte económica y saca a sus pobladores de esos lugares. Cuando sale la gente de esos lugares, esa cultura milenaria desaparece, se pierde.
Nosotros que venimos de Santiago del Estero, tuvimos que acostumbrarnos a vivir lejos de nuestra provincia y hemos venido sin saber un montón de cosas. Por ejemplo, yo vine a Buenos Aires a los 16 años y perdí la tonada. En mi propia familia me decían “Tenés que hablar bien” y ¿qué era hablar bien?” seguramente para ellos era no tener tonada porque quizás nos trataban mal en la escuela.
Otro ejemplo que puedo darte es de cuando iba al colegio y para el 12 de octubre siempre me disfrazaban de lo mismo. De “indiecita”. Hoy en día para mi es gracioso, pero cuando sos chica la pasas mal.
MP: ¿Por qué crees que el quichua pasa de ser una lengua silenciada a un idioma que se comienza a enseñar en las universidades, como en la de Santiago del Estero, la Universidad de la Plata y UBA?
EQ: No sólo el idioma, sino también acá tenemos que hablar sobre las tierras. Santiago del Estero está sufriendo lo que es el desmonte de gente muy ambiciosa que no les importa la gente que vive allí, mis hermanos de Jujuy, Catamarca, Salta, Tucumán también luchan por estas tierras.
Por ejemplo, el año pasado estuvimos en la Universidad de Avellaneda para dar un seminario y fue un lugar en donde estaban pendientes de qué era lo que pasaba en los distintos lugares de la provincia de Santiago del Estero y alrededores.
Hay que tomar conciencia, nosotros siempre tratamos de dar charlas a cada lugar que nos invitan, de informar, a estos chicos que van creciendo día a día hay que decirles que hay otra historia. Nosotros podemos hacer nuestro aporte, pero también prohibirle a un niño su idioma o sacarlo de su tierra es violento.
MP: ¿Por qué consideras que la lengua quichua se enseñe tanto adentro como afuera de las comunidades descendientes?
EQ: Yo como quichuista puedo decir que es parte de mi identidad. Sí yo no la difundo y siento vergüenza no colaboro en nada, sino que voy a colaborar a que mi lengua desaparezca. Siempre que vamos a los colegios o universidades digo “Yo soy santiagueña, y mi identidad es esto, es música, el quichua es el idioma de mis ancestros, es bombo, es guitarra y ¿Cómo voy a negar esto? Porque es parte de mi historia y si negara el quichua estaría negando mi historia.
Yo soy santiagueña, y mi identidad es esto, es música, el quichua es el idioma de mis ancestros, es bombo, es guitarra y ¿Cómo voy a negar esto? Porque es parte de mi historia y si negara el quichua estaría negando mi historia.
A veces mi familia me dice que hable bajito porque me puede escuchar el vecino, porque ellos siguen con ese miedo. Porque en las escuelas el que llegaba y hablaba en quichua recibía un castigo. El miedo nos lleva a difundir todo lo relacionado con el quichua, con nuestra cultura.