A los 40, tras dejar su local para sumarse al cuartel, le asignaron un rol clave. Así cumplió un sueño de la infancia.
Con el acelerador a fondo, vocación de servicio y mucha determinación, Analia Chávez pisa fuerte en Moreno. Así se llama la bombera que se convirtió en la primera mujer en la historia del municipio que está cargo de un rol clave en el cuerpo de Voluntarios: conducir una autobomba.
Analía todavía recuerda cuando salía a jugar en la vereda de su casa en el Barrio Asunción y veía pasar a los bomberos a toda velocidad. Ya entonces, dice, sabia que algun dia seria ella la que estaría al volante.
“Yo veía pasar la autobomba y sabía que quería estar ahí, era una emoción muy fuerte la que me agarraba en el pecho”, recuerda la vecina, quien hace dos años y medio forma parte del cuartel central.
Cuando durante años estuvo al frente de su heladería, tenía presente aquel sueño de infancia, pero primero quería asentarse económicamente para después hacer lo que «realmente» más le gustaba. No fue fácil y hasta tuvo que elegir frente a otra de sus pasiones: el fútbol.
Analia llegó a jugar de manera casi profesional en la primera B cuando formó parte del equipo del Sindicato Argentino de Televisión, Telecomunicaciones, Servicios Audiovisuales, Interactivos y de Datos (SATSAID) de Moreno. Pero llegó la posibilidad de anotarse en el curso para ser bombera y no lo dudó: eligió seguir ese camino y se alejó de las canchas.
Desde el primer día le dejó en claro a sus superiores que tenía la intención de ser la conductora del camión y hasta le expresaba a sus compañeros las ganas de que llegara el día. Después de concluir el curso y demostrarle a sus superiores que ese puesto era para ella, los jefes le comunicaron que querían que fuera ella quien manejara en las emergencias. A los 40 años, dejó de ser fantasía. El trabajo fue arduo, realizó cada domingo durante seis meses el curso correspondiente que constó de varias etapas, en las que tenía que conducir sobre una pista de ripio para poder controlar las unidades.
En lugares adversos, realizaba pruebas con las diferentes posibilidades que se le podían presentar durante una emergencia. Debió demostrar sus destrezas en el estacionamiento, varias pruebas de esquive y también algo crucial: poner a funcionar la bomba de agua.
La bombera entró a los Voluntarios en una camada en la que la mayoría eran mujeres. Hoy es una de las 10 bomberas que integran el equipo y dice no sentirse diferentes ni discriminadas respecto a sus compañeros.
La convocatoria a mujeres es algo que se incrementó en los últimos años, en distintas zonas del conurbano, e incluso con campañas para alentarlas a sumarse, ante la cada vez más escasa cantidad de interesados.
Analía asegura que ser bombero es una labor sin distinción de género, en la que lo importante es tener la convicción. Y agrega: «Este puesto que me asignaron es un paso más para seguir demostrando que podemos hacer cosas igual que los hombres». Y va por más: «Todavía no hay mujeres suboficiales acá, espero poder ver pronto a una mujer en ese puesto», se entusiasma. Analía llegó al cuartel hace dos años y medio: “Desde el día uno les dije que yo quería manejar”.
