El Centro Cultural “Rayuela” inauguró un taller donde educadoras populares del Movimiento Evita buscan, a través de juegos interactivos, transmitir la alfabetización en las infancias de Mayor del Pino. En esta nota, Alejandra Mendoza expresó cómo surgió la iniciativa y por qué es importante brindarles estas herramientas a las infancias.
Un grupo de vecinas y jóvenes militantes del Movimiento Evita se organizó para brindar herramientas a las infancias en el aspecto recreativo y educativo, a través de juegos interactivos que buscan promover la lectura y la escritura de forma no tradicional. El taller se lleva a cabo en el Centro Cultural “Rayuela”, en Cuartel V, como fortalecimiento debido a las restricciones de la presencialidad en las escuelas.
Desde hace dos semanas, todos los martes y jueves de 14 a 16 horas funciona el taller “Cuánto cuento” para las infancias de Mayor del Pino, en la calle Víctor Hugo Casa 57. Alejandra Mendoza, una de las integrantes del taller, expresó que crearon este espacio para que “los pibes y pibas tengan herramientas el día de mañana y les sirva cuando sean más grandes a enfrentar la realidad”.
Además, las educadoras populares también preparan la merienda y, en ocasiones, si alguna familia lo necesita, entregan mercadería para la comunidad. Alejandra explicó: “Creemos que la creación del taller también fortaleció el vínculo con los vecinos y vecinas. A veces las madres traen a su hijo o hija y comparten un bizcochuelo y se comparte con los niños y niñas del espacio”, celebró la joven.
En este recorrido, donde las educadoras populares también se forman día a día, la integrante del taller expresó: “Contamos con el apoyo y la enseñanza de grandes compañeras que tienen una larga trayectoria y nos acompañan en este aprendizaje«.
Por último, Alejandra Mendoza describió que, en cada encuentro, a través de la interacción entre las infancias y las educadoras, el aprendizaje es mutuo. “Aprendemos de los pibes y ellos de nosotras”, concluyó.
En la fecha aniversario de aquel hecho histórico que marcó para siempre la historia de nuestro país, el pasado 16 de septiembre se realizó el acto conmemorativo de los 45 años de «La noche de los Lápices» en la Plaza Buján de Paso del Rey.
El acto fue el cierre de una movilización que comenzó a las 15:30 horas en el Monumento a la Memoria que se encuentra debajo del acceso oeste en Moreno. Desde allí, varias agrupaciones se concentraron para dar comienzo a un día en donde la frase «Los lápices siguen escribiendo» se repetía en las banderas, remeras y carteles de los y las jóvenes que se dijeron presente.
Con relatos breves, pero con la fuerza de poner en palabras todo lo que esta fecha tan movilizante representa, jóvenes militantes de agrupaciones sociales, políticas y barriales, tomaron el micrófono en el acto de cierre para recordar a las personas desaparecidas y asesinadas durante la dictadura militar. Representando al Movimiento Popular 125, Leonardo Wawrzyniak expresó:
“Los desaparecidos llegaron a 250, entre 13 y 18 años. La mayoría eran estudiantes de escuelas secundarias. Durante los secuestros, los jóvenes fueron sometidos a torturas en distintos centros clandestinos. Seis de ellos aún continúan desaparecidos: Francisco, María Claudia, Horacio, Daniel, Claudio y María Clara. El hecho tomó conocimiento en 1985 por el testimonio de una sobreviviente en el Juicio a las Juntas Militares. Desde ese entonces, este episodio es una bandera para los centros de estudiantes que se identifican en esa lucha estudiantil. Una causa que aún nos convoca. La Noche de los Lápices nos permite condenar el terrorismo de Estado y recordar la vida de aquellos jóvenes estudiantes, a aquellos chicos y chicas que militaron para construir un futuro mejor”.
Leonardo Wawrzyniak militante del Movimiento Popular 125.
La importancia del encuentro, de poder estar presentes y reunirse para recordar aquella época oscura de nuestra historia, también fue destacada durante la participación de Germán Arturi, de la agrupación Indios K:
“Es una tarde para reflexionar y acompañar la lucha de las madres y abuelas de Plaza de Mayo, para recordar y reivindicar a aquellos compañeros y compañeras que lucharon en esa época nefasta por un boleto estudiantil. Estamos para acompañar y profundizar aquel legado iniciado por Néstor Kirchner en el 2003, de memoria, verdad y justicia. Tenemos que valorar estos momentos también, porque no olvidemos que, en dictadura, juntarse con compañeros era algo ilícito. Si participabas te detenían, te secuestraban, si pensabas diferente te desaparecían. Compañeros luchemos para que nunca más vuelva esa moral nefasta”.
Germán Arturi militante del «Los indios K frente joven».
La relevancia de sostener la lucha de compañeros desaparecidos y el grito del reclamo joven ante los problemas actuales se encarnó de manera clara en la voz de Almendra Casal, en representación del movimiento Nuestra América:
“Hoy marchamos reivindicando la lucha de compañeras y compañeros que lucharon por los derechos de los estudiantes, que en su momento fue por el boleto estudiantil. Estamos en un contexto difícil. Tras la pandemia, la demanda de los pibes y de las pibas se hizo visible, la precarización laboral, la falta de trabajo, el tener que dejar el estudio para ayudar a nuestros viejos a llevar el pan a la casa. Los problemas en materia de salud mental, el compromiso con el feminismo, la diversidad, el medio ambiente. Hoy las juventudes nos plantamos y le decimos al neoliberalismo: “Nunca más”. Somos el presente, seamos el sacapuntas de los pibes y de las pibas a los que le borraron la voz, seamos lucha continua. Luchemos con nuestros compañeros, con nuestros vecinos. Es importante que podamos seguir reuniéndonos las juventudes para luchar por un mundo mejor, que las luchas de los otros sean las nuestras”.
Almendra Casal estudiante y militante de «Nuestra América».
El acto contó no solo con las sentidas palabras de las juventudes que formaron parte de la conmemoración, sino también con el relato en primera persona de un sobreviviente de aquella trágica noche de 1976. Oscar «Hormiga» Arquez, conmovido durante todo su relato, compartió su vivencia y su pedido para continuar recordando esta lucha por los derechos de todos y que nos pertenece:
«Para mí, es muy difícil hablar para estas fechas y quiero agradecerles muchísimo a todos los presentes porque yo soy un sobreviviente de la Noche de los Lápices de Morón. Esta noche se cumplen 45 años de la noche en la que yo fui secuestrado. Encontrarme con todos ustedes en este momento, haber caminado juntos, la verdad es que me reconforta muchísimo y me hacen sentir que sigo junto a mis compañeros con los que militaba en aquella época. Estos compañeros no desaparecieron solo por el boleto, desaparecieron por ser luchadores populares, por ser revolucionarios, por tener una edad muy corta, pero un compromiso muy grande. Y esos derechos por los que luchamos en aquel momento, son derechos que hoy ustedes están defendiendo y luchando para que no caigan”.
Oscar «Hormiga» Arquez, ex detenido desaparecido durante la última dictadura cívico militar.
A 15 años de la última desaparición de Jorge Julio López, testigo en 2006 del juicio que terminó con la condena a prisión perpetua del genocida Miguel Etchecolatz.
Cabe recordar que López nació en General Villegas el 25 de noviembre de 1929. Militante, fue víctima de torturas y desaparición forzada durante la última dictadura cívico-militar y estuvo confinado varios años en centros clandestinos de detención. Tras sobrevivir, se presentó como testigo en los Juicios por la Verdad abiertos en 1998.
Después de que el Congreso y la Corte Suprema anularan las leyes de impunidad, López declaró como víctima y testigo en el juicio que terminó de condenar al represor Miguel Etchecolatz con prisión perpetua. Pero poco tiempo después, precisamente un día antes de dictarse la sentencia, López desapareció y, hasta hoy, no se sabe nada de él.
“El caso de mi viejo tiene tres aristas: es caso, es testigo y es querellante. Es caso porque él sufrió tortura; es testigo porque vio no solamente como torturaban, sino también cómo asesinaban; y es querellante por los tormentos sufridos. Por eso, en esa triple función, es el grado de importancia que tiene el testimonio”, expresó su hijo, Rubén López y manifestó la importancia de contar la historia de su padre en cada lugar que se recorra.