70 años del renunciamiento a la candidatura de Evita

El 22 de agosto de 1951, las masas trabajadoras y militantes se congregaron en la Avenida 9 de Julio y alrededores para pedir por “la fórmula de la Patria”, como había sido bautizada la dupla “Perón-Perón”.

Aquella histórica movilización del justicialismo de 1951 en apoyo a la fórmula presidencial Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón sigue intacta, y hoy cumple 70 años. El amor y la lealtad del pueblo en aquella jornada siguen tan vigentes como el debate sobre el renunciamiento a la candidatura por parte de Evita., hasta estos días en que las mujeres protagonizan un creciente avance en términos de conquistas de derechos y protagonismo político.

Evita, tras un inolvidable discurso y con su destacable entereza y sensibilidad, intentaba disuadir a las y los presentes para no aceptar la candidatura a vicepresidenta, a través de los diálogos más memorables entre ella y el Pueblo que la reclamaba.

“Compañeros: Yo no renuncio a mi puesto de lucha, renuncio a los honores. (…) Se lanzó por el mundo que yo era una mujer egoísta y ambiciosa y saben ustedes muy bien que no es así. Pero también saben que todo lo que hice no fue nunca para ocupar ninguna posición política en mi país. Yo no quiero que mañana un trabajador de mi Patria se quede sin argumentos cuando los resentidos, los mediocres que no me comprendieron ni me comprenden, creyendo que todo lo que hago es por intereses mezquinos.”

Ante la insistencia de los trabajadores y trabajadoras que aclamaban por la candidatura de la abanderada de los humildes, Eva termina pidiendo unos días para pensar esta decisión. Pero el 31 de agosto de 1951, a las 20.30 horas, llegó la respuesta por cadena nacional de la propia Evita:

“Quiero comunicar al pueblo argentino mi decisión irrevocable y definitiva de renunciar al honor con que los trabajadores y el pueblo de mi patria quisieron honrarme en el histórico Cabildo Abierto del 22 de agosto. Ya en aquella misma tarde maravillosa que nunca olvidarán mis ojos y mi corazón, yo advertí que no debía cambiar mi puesto de lucha en el movimiento peronista por ningún otro puesto.(…) Yo sé que cada uno de los descamisados que me quiere de verdad, ha de querer también que nadie tenga el derecho a descreer de mis palabras y ahora, después de esto, nadie que no sea una malvado podrá dudar de la honradez, de la lealtad y de la sinceridad de mi conducta. Estoy segura que el Pueblo Argentino y el Movimiento Peronista que me lleva en su corazón, que me quiere y que me comprende, acepta mi decisión porque es irrevocable y nace de mi corazón. Por eso ella es inquebrantable, indeclinable y por eso me siento inmensamente feliz y a todos les dejo mi corazón.”

A 70 años, recordamos este evento que se lo conoce como el Renunciamiento Histórico de aquella mujer que dignificó a las y los Descamisados, los olvidados y humildes de la Patria, y que supo estar a la altura de la Historia.

Tenía tan solo 33 años y había entregado su vida en sacrificio por el Pueblo y por la Patria. “Sabía que ya no podía más, que me estaba matando, pero el camino de la redención de nuestro pueblo, el camino de la gloria de Perón es largo y no podía detenerme”. Su entrega fue total: “No me importan los sacrificios, no me importan los desvelos ni restar horas al sueño y al descanso, y si la vida fuera necesaria, la daría gustosa, por el pueblo de mi Patria”.

Evita renunció a los honores pero luchó hasta el último día por un país con soberanía política, independencia económica y justicia social. Amar es luchar, y Evita amó profundamente a su Patria hasta el final.