viernes, mayo 1, 2026
Nacional

A 68 años del bombardeo a Plaza de Mayo: el atentado más cruel y olvidado de nuestra historia

¿Te imaginas estar un día cualquiera en una plaza luego del trabajo o saliendo de la escuela, yendo a hacer compras, trámites o simplemente paseando y que de golpe aviones de las fuerzas áreas comiencen a tirar bombas sobre la población civil, indefensa, desarmada? Bueno, eso que resulta casi inimaginable ocurrió hace solamente 68 años en la famosa Plaza de Mayo, quizás la plaza más importante de nuestro país.

El 16 de junio de 1955, sectores de la aviación de la Armada y de la Fuerza Aérea lanzaron bombas y ametrallaron zonas estratégicas con el objetivo de derrocar y asesinar al presidente constitucional Juan Domingo Perón. El saldo fue un infierno que dejó más de 300 muertos y miles de heridos

En esa misma plaza donde años atrás, específicamente en 1945, los humildes de nuestra Patria, ese subsuelo sublevado, tuvieron su primer encuentro con quién sería el líder más importante de la historia de nuestro país. Una venganza atroz por parte de sectores de la derecha argentina al servicio de la embajada norteamericana convirtieron un lugar apacible en una zona de guerra, de un momento al otro.

Si bien el principal objetivo era matar a Perón, se buscaba también, con ese ataque cruel e inimaginable, atemorizar al pueblo para comenzar con el proceso que culminaría pocos meses después con el derrocamiento del gobierno, y un proceso de «desperonización» de la sociedad, dónde entre muchas otras cosas el solo hecho de nombrar a Perón o a Evita podía costarle la vida a cualquiera.

El ataque aéreo se realizó en sucesivas oleadas entre las 12:40 y las 17:40 y tuvo como blancos principales edificios del gobierno, como la Casa Rosada, el Ministerio de Ejército y la residencia presidencial, y las Plazas de Mayo y Colón. Contaron además con el apoyo de tropas terrestres de la Marina y de grupos de civiles.

Los sobrevivientes de aquella masacre, olvidados, como el hecho en sí por la historia oficial de los que nadie conoce sus nombres, lo recuerdan como la imagen del mismo infierno, caras atónitas que no lograban comprender lo que estaba pasando, hombres y mujeres calcinados, desmembrados, e incluso dos trolebuses repletos de niños que salían de la escuela absolutamente incendiados. Los ojos miraban, pero la mente y los corazones no lograban comprender como eso podía estar ocurriendo en realidad.

También recuerdan como los aviones que tiraban bombas directamente sobre la gente llevaban una insignia, una cruz y una V que significaba «Cristo Vence». Los genocidas querían tener a Cristo como cómplice de los crímenes atroces. ¿Por qué? Porque los sectores de la iglesia identificados con la derecha, la alta curia, estaba enfrentada desde hacía años con Perón, entre muchas otras cosas por el impulso de leyes que ampliaban derechos para la sociedad, como el divorcio. Por supuesto Cristo no estaba con ellos, sino con aquellos curitas de barrio que fieles a Perón y a Eva transformaron luego, en la larga y valiente resistencia peronista esa cruz y esa V en la famosa e inmortal P y V «Perón Vuelve».

Hoy en un gran acto de justicia la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación pidió que los bombardeos a Plaza de Mayo de junio de 1955 se investiguen como crimen de lesa humanidad y que se realice un juicio por la verdad en el que se reconozcan los hechos y se repare a las víctimas luego de tantos años de impunidad.

Cuando en la actualidad escuchamos a dirigentes de sectores identificados con intereses ajenos a los del pueblo humilde hablar de violencia, de destruir al otro, un otro que históricamente para estos es y será el peronismo no podemos olvidar de lo que fueron capaces. Cuando vemos la persecución y el hostigamiento que incluso llegó al intento de asesinato a la principal líder actual del movimiento popular, debemos también recordar que cuando se persigue a un líder, en realidad se busca destruir a un pueblo.