El gobierno quema los libros a fin de reactivar una economía que no levanta cabeza
Una serie de recientes decisiones en materia de política económica muestran que hay un cambio en los objetivos, pero no está claro si se trata de un impulso que se sostendrá en el tiempo.
Primero fue el anuncio de los créditos en dólares para empresas que no facturan en esa moneda; luego los créditos hipotecarios con fondos provenientes del Fondo de Garantía de Sustentabilidad; ahora, el trascendido de que desde el gobierno se impulsará un piso salarial de un millón de pesos en las convenciones colectivas de trabajo.
Estas medidas son contradictorias con lo que vino haciendo hasta ahora el equipo económico que conduce el ministro Luis Caputo, que se focalizó en anclar todas las variables para tener superávit fiscal con el cual garantizar el pago de los intereses de la deuda pública.
Pero desde julio se siente una incipiente dolarización de carteras y la reducción en el ingreso de dólares al país. Ante ello, el Ministerio de Economía y el Banco Central reaccionaron con diversas medidas que buscaron un aumento de la tasa de interés para revertir esa tendencia. La consecuencia fue un nuevo freno de la ya alicaída actividad económica. Si esto se repitiera en los próximos meses, la consecuencia política podría ser la creación de un escenario en el que la reelección de Javier Milei se complicaría mucho.
Tal como ha reflejado Tiempo, El asunto fue discutido en los últimos dos meses tanto en la Casa Rosada como en el Palacio de Hacienda. La conclusión fue la que se ha visto por estos días: reducción de la tasa de interés, suba moderada del valor del dólar mayorista para alcanzar la inflación y que no se retrase más, y anuncios para motorizar la economía.
“¿La política económica cambia de prioridades?”, se pregunta el último informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia. Allí describen que cayó la compra de dólares por parte del Banco Central, hubo menos emisión y subió la tasa de interés. Economía revirtió esto con una inyección de pesos ($ 1,4 billones).
“Esto refleja un ajuste en las prioridades del equipo económico”, observa el informe, que agrega que Caputo y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, enfrentan un desequilibrio complejo: las tasas de interés tienden a subir contradictoriamente con un escenario en el que la actividad económica está planchada y por ende no hay demanda de dinero.
Para solucionar ese dilema es que el equipo económico tomó “medidas vinculadas al mercado de crédito”, dice el Bapro en referencia a los créditos en dólares para empresas y el uso de los fondos del FGS para préstamos hipotecarios: “son medidas que buscan incrementar la liquidez y reactivar la demanda interna”, caracteriza.
La consultora Invecq coincide y agrega que estas decisiones colocan al crédito como el eje de una posible remontada económica. En su último informe señala que el objetivo de los créditos hipotecarios “excede lo habitacional: se trata de reimpulsar el crédito en general, en un momento en que la actividad viene ‘fría’ —con excepción de algunos sectores ‘ganadores’—. La medida debería leerse junto con la flexibilización de créditos en dólares anunciada dos semanas atrás: ambas apuntan a que el financiamiento vuelva a ser uno de los motores de la economía”.
Para el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el motor de las medidas anunciadas sino la conciencia de que el parate de la actividad económica pone en entredicho el superávit fiscal, piedra angular del esquema económico vigente. Observa que “la estructura impositiva argentina (es) fuertemente dependiente de la industria y el comercio, la actividad económica de esos sectores es clave para el resultado fiscal”. Por ello, “La necesidad de reactivación económica se vuelve aún más imprescindible dada la agenda de bajas de impuestos anunciadas por el gobierno (FAL y retenciones)”.
Agrega que “con eso en mente” es que el gobierno anunció los nuevos créditos tanto en dólares como en pesos. Respecto de estos últimos, apunta: “Luce destacable que el gobierno finalmente se dé cuenta que es necesaria una participación activa del Estado en la economía para lograr una reactivación”.
Además, observa: “A pesar del maquillaje que desde el gobierno le quieren dar para no mostrar la contradicción evidente entre la medida y su marco ideológico, se trata de un plan que utiliza recursos públicos para motorizar la actividad y fija una tasa máxima para esos los préstamos. La medida apunta a un segmento de ingresos medio-alto y busca mostrar un aspiracional de acceso a la primera vivienda de cara a la elección del año que viene”.
