Diego Santilli asume como Jefe de Gabinete para blindar el ajuste y sepultar el escándalo de Adorni
El ascenso de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete de la Nación marca una nueva metamorfosis en la trayectoria de uno de los máximos exponentes del oportunismo político local. Criado políticamente en las estructuras tradicionales del peronismo porteño y consolidado luego como pieza clave del armado territorial del PRO, el «Colorado» ha demostrado una notable plasticidad para saltar de casillero en casillero según sople el viento del poder.
Su desembarco en la cúspide de la administración libertaria no representa una conversión ideológica, sino un paso calculado que extiende un frondoso currículum de supervivencia donde ya figuran la vicejefatura de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Ministerio de Seguridad porteño, cargos que ejerció bajo el amparo de Horacio Rodríguez Larreta y Mauricio Macri antes de su incursión fallida por la gobernación bonaerense.
Fiel a su matriz de arribismo y adaptación en los pasillos del poder, el dirigente asume la coordinación ministerial tras un opaco interinato en el Ministerio del Interior. En aquella dependencia debió sortear el férreo control del propio Manuel Adorni, quien actuaba como un implacable stopper enviado por la cúpula de los hermanos Milei para vigilar sus movimientos, una marca personal que el experimentado operador logró gambetear a base de rosca política.
La Libertad Avanza, ante su palmaria carencia de cuadros técnicos y la amenaza de una inminente interpelación parlamentaria en torno al escándalo patrimonial de la jefatura saliente, se vio obligada a canibalizar la experiencia de gestión de la misma centroderecha que alguna vez bautizó como «la casta» para dar señales de previsibilidad legal ante el establishment financiero internacional.
Finalmente, la entronización de Santilli transparenta la claudicación del purismo discursivo oficialista frente a la cruda Realpolitik argentina. Su llegada busca funcionar como un «punto de equilibrio» ejecutivo para aceitar un andamiaje estatal paralizado por las internas palaciegas entre Karina Milei y el asesor Santiago Caputo, con quienes el flamante ministro ya tejió minuciosos lazos de convivencia.
La apuesta de máxima del Gobierno reside ahora en que los modos componedores de este histórico armador cambien el eje de la conversación pública y sepulten tres meses de escándalos cotidianos, clausurando de manera definitiva la era de la vocería recreativa y los monitores gamer del saliente Manuel Adorni.
