Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre Malvinas, las islas del Atlántico sur y el sector antártico.
Pensar en Malvinas es pensar en nuestra soberanía: Por qué no se puede separar la guerra de Malvinas con la última dictadura militar
Pensar Malvinas como un episodio más de la dictadura cívico militar nos debe invitar a realizar lecturas asincrónicas: hablamos de las torturas en Malvinas como crímenes de Estado porque hubo un dispositivo político diseñado e implementado por la dictadura cívico-militar antes de finalizada la guerra y, sobre todo, con mayor potencia una vez finalizado el hecho bélico para lograr que quedaran impunes los hechos de tortura.
Entonces, no podemos abordar la guerra de Malvinas por fuera de estos marcos analíticos. Los artífices de las acciones bélicas fueron formados en la doctrina de la seguridad nacional. Su objetivo era la eliminación física y simbólica de lo que regionalmente se había definido como el enemigo interno.
Rodolfo Walsh, en su Carta Abierta, caracterizó con precisión quirúrgica una dimensión sobre la que, muchas veces, poco se repara: Las Fuerzas Armadas llevaron adelante un plan sistemático de exterminio de personas. Esta era la única forma de “terminar” con las resistencias al plan económico de exterminio, miseria planificada y venta de la soberanía que la pata cívica del Estado terrorista implementaba desde la trastienda. Ello ha quedado de manifiesto en la sentencia del Juicio a las Juntas (causa 13/84). No obstante, desplegaron otro plan sistemático: el de entrega de la soberanía. Walsh, con toda la potencia de su escritura situada, la de alguien que eligió y sostuvo el violento oficio de escribir, de dar testimonio involucrando nada menos que su vida, pone el énfasis en esta dimensión.
En dicho sentido, es imprescindible puntualizar que las Fuerzas Armadas torturaron con crudeza a los jóvenes soldados conscriptos combatientes de Malvinas, que fueron arrancados de sus lugares y llevados a una guerra en total desventaja bajo el discurso de salvar a la Patria. Por medio de estaqueamientos, obligándolos a sumergirse en agua helada desnudos, a través de la aplicación de picana con teléfonos de campaña, enterrándolos hasta el cuello, golpeándolos y/o hambreándolos. Bajo esa matriz habían sido formadas. Las condiciones en que se encontraban los jóvenes, que en definitiva eran prácticamente niños, que fueron enviados a la guerra eran inhumanas.
La primera causa comenzó en 2007, a la fecha cuenta con 95 militares denunciados por 105 casos de tortura y hoy tenemos más de 120 denunciantes entre víctimas y testigos. Los testigos también son víctimas, porque veían y presenciaban cómo torturaban a un amigo, a un compañero. En ese marco, hay 4 procesamientos confirmados por la Cámara Federal de Apelaciones de Comodoro Rivadavia y, a partir del 13 de abril, comenzaron seis nuevos llamados a prestar declaración indagatoria. Incluyen la novedad que, por primera vez, se va a sentar en el banquillo de los acusados a dar explicaciones a la justicia el general Parada. Esto es importante porque implica avanzar sobre la responsabilidad de la cadena de mandos de las Fuerzas Armadas.
Mientras siga reinando la impunidad para los torturadores de los soldados, o el 2 de abril sigamos dando lugar a la épica militar, o espacio a quienes luego, además, atentaron contra el orden democrático como ex carapintadas, será imposible saldar las cuentas pendientes. Para decir Nunca Más, y sostener el legado de Memoria Verdad y Justicia, y para construir Paz y Soberanía, es fundamental exigir justicia por lo que vivieron los compañeros en la Isla, como una parte inseparable de la democracia. Pensar en Malvinas es pensar la región y la soberanía en clave de desarrollo humano, pensar en una Argentina Bi-continental, en una Argentina Atlántica.