Las y los docentes de la Universidad Nacional de Moreno comenzaron a organizarse, allá por el 2011, año en que se formó la institución. El objetivo fue crear un gremio docente para poder canalizar las demandas del sector como ocurre en todas las universidades públicas del país, aún hoy no pudieron lograrlo. Desde Moreno Primero dialogamos con el secretario general de la Asociación de Trabajadores Docentes de la Universidad Nacional de Moreno (ADUNM-CONADU), Federico Cormick, acerca de este conflicto.
«El reclamo más importante que atravesó en su momento al gremio y que sigue en la actualidad fue y es la estabilidad laboral, la casi totalidad de los docentes en un principio éramos contratados, entonces cada año había que garantizar la continuidad, se dieron algunos pasos en ese sentido, pero todavía no está saldada la discusión. Otra demanda importante es el incumplimiento de las licencias presenten en los convenios colectivos de trabajo, al principio incluso se intentaba evitar cumplir con licencias sensibles como las de embarazo«, aclara Federico Cormick, secretario general de la Asociación de Trabajadores Docentes de la Universidad Nacional de Moreno (ADUNM-CONADU).
Con respecto al conflicto actual que impide que puedan conformarse cómo gremio formalmente, y por el cual círculo en los últimos días un comunicado con más de 1000 firmas de referentes políticos, sociales y de DDHH, apoyando al gremio, Cormick afirma que «las autoridades de la Universidad no quieren reconocer nuestra existencia como gremio, no nos reciben ni dialogan con nosotros y nosotras, rechazan la existencia del sindicato, lo que además genera que no podamos desarrollarnos con normalidad ya que se nos niega hasta el espacio físico«.



Acerca del argumento que utilizan las autoridades de la universidad con respecto a este rechazo, el secretario general del sindicato sostiene que «la excusa que utiliza la gestión es que aún no contamos con la inscripción gremial que otorga el Ministerio de Trabajo, entonces ahí tenemos un encadenamiento de los problemas que se nos generan para poder ejercer la libertad sindical. A pesar de que la ley indica que la inscripción se debe saldar en 90 días y nosotros ya tenemos más de seis años de espera».
Por último, Cormick, quien dicta clases en la UNM desde su apertura, sostiene: «Lo llamativo es que la Universidad fundo su propio sindicato alternativo con funcionarios que además son docentes, es decir, cumplen doble rol, y consiguió en tiempo récord su inscripción gremial. Creemos que hay una lógica de construcción de la universidad cerrada y no democrática».
