66 años del bombardeo de Plaza de Mayo: Memoria, Verdad y Justicia  

Fue en la mañana fría del último jueves otoñal, que con el odio como praxis se llevó a cabo el ataque más sangriento y cruel de nuestra historia, con más de 300 víctimas fatales y más de 700 heridos y heridas. 

Aviones navales provenientes de las bases de Punta Indio y Ezeiza descargaron 14 toneladas de bombas sobre la Casa Rosada y a la histórica Plaza de Mayo. El objetivo estaba claro: querían matar a Perón. Pero había otros fines silenciosos: el escarmiento de un pueblo que manifestaba su lealtad incondicional al General.

Las víctimas no fueron únicamente personas afines al peronismo, ni del espacio político: se atacó de raíz a la democracia en su conjunto. Perón se había impuesto con casi el 63% de los votos y quedó claro que no podría ser derrotado en las urnas. Estaba claro que era la representación de la voluntad política de las masas populares. 

Los medios de comunicación cómplices anunciaban 156 muertos, 96 heridos de gravedad y 750 heridos, pero los sectores afiliados al peronismo afirmaban que las víctimas fatales eran entre 300 y 400 personas, y un resultado de más de 2 mil heridos.

La primera bomba cayó sobre un trolebús cargado de trabajadores y al cabo de unas horas, los aviones de la muerte fugaron a Montevideo dejando atrás a una Plaza de Mayo con una postal del horror. Un hecho que quedará como precedente en la historia de nuestros pueblos como uno de los hechos más violentos que da cuenta del odio que sienten aquellos sectores poderosos hacia la tercera posición. Perón se refugió en los subsuelos del edificio Libertador y finalmente, el 16 de septiembre partió a un exilio que se prolongó hasta 1955.

La autodenominada Revolución Libertadora tomó el poder; proscribió al peronismo y comenzó a ejercer una dura represión hacia los trabajadores, que había alcanzado su clímax durante los fusilamientos de 1956. 

Los atacantes recibieron asilo político por parte del presidente uruguayo Luis Batlle, y entre los acusados se conoció el nombre de Eduardo Emilio Massera. Un nombre que da escalofríos solo leerlo, un hombre que 21 años después encabezará junto a Videla la dictadura más feroz y hostil de nuestra historia, de la que no hace falta más que recordar que marcó 30.400 desaparecidos y desaparecidas. 

La reivindicación del “Nunca Más” se conforma en el núcleo constituyente de la democracia de nuestro país para decir que no perdonamos ni reconciliamos con quienes derramaron sangre a nuestra Patria.