Programa FINES, cuando la posibilidad de terminar los estudios dignifica

Se realizó la fiesta de egresados de una nueva camada de estudiantes que finalizaron sus estudios a través del programa FINES. En el evento estuvo presente la intendenta de Moreno, Mariel Fernández, quien afirmó: “El plan fines les dio la posibilidad a miles de personas de lograr la terminalidad de sus estudios secundarios”. Te acercamos la historia de vida de Ariel Fermani y Lucía Ferraro.

El programa FINES es mucho más que una política pública que permite finalizar los estudios primarios y secundarios, es una puerta abierta a segundas oportunidades, es un acto de justicia que permite a quienes por diversos motivos no pudieron concluir los años que requiere la educación formal para alcanzar el título secundario, volver a comenzar dentro de un marco educativo que no solo brinda conocimientos, sino que en muchos casos, como en los distintos espacios que existen en Moreno, brinda contención, apoyo, vínculos fraternos y cercanos.

Dialogamos con dos estudiantes que fueron parte de los egresados de esta  última etapa, dos jóvenes de Moreno, con distintas realidades que pudieron cumplir su meta, y hoy piensan en asumir nuevos desafíos.

Ariel Fermani, tiene 28 años, es padre de familia, vive en Cuartel V y es empleado municipal hace más de 10 años, la complejidad de lograr combinar los horarios laborales, con sus responsabilidades como padre, e intentar concluir sus estudios, le resultó muy complejo hace algunos años, como le suele ocurrir a mucha gente. Pero gracias a  la posibilidad de acceder al programa FINES, incentivado por compañeros y compañeros del Movimiento Evita que venían desarrollando esta política educativa en el distrito, pudo finalmente concluir sus estudios en la sede ubicada en la Escuela Número 1.

“Hace unos diez años deje el primer cuatrimestre del último año del secundario, que cursaba en la nocturnidad porque trabajaba de día, cuando me surge esta propuesta de poder ingresar al municipio, trabajar en blanco, con una obra social, mi compañera de vida estaba embarazada. Intente no dejar los estudios en el colegio donde iba, pero decidieron dejarme fuera de lista, en vez de darme quizás la posibilidad de rendir libre, me frustre un poco, pero bueno tenía que trabajar porque ya había formado una familia” explica Ariel.

Las organizaciones sociales han sido clave en todos estos años de desarrollo del programa, prestando sus espacios socio comunitarios, centros culturales, comedores, para que los docentes pudieran brindar sus clases, y los estudiantes pudiesen hacerlo en cercanía a sus hogares. En Moreno, la oferta de espacios donde se brinda FINES es inmensa.

Fermani afirma que “fueron pasando los años me reencontré con compañeros y compañeros que me vieron crecer, y llevan adelante estas políticas de educación, así que no perdí la oportunidad, y pude finalizar, sabiendo ahora que quiero seguir estudiando”

Nunca es tarde, estudiar dignifica, estos espacios son muy importantes no solo por la posibilidad que dan, sino porque abrazan a la comunidad y les hacen llegar las herramientas para lograr este objetivo tan importante”, reflexiona Ariel.

Por su parte, Lucía Ferraro, que tiene 29 años y vive en Barrio Parque, Paso del Rey, es madre de un bebe de 1 año y una niña de 8, finalizó sus estudios al igual que Ariel, en la escuela número 1 de Moreno. Cómo a muchas madres poder continuar desarrollando metas personales mientras se ocupan de las tareas de cuidado, es todo un desafío, muchas veces las maternidades no son contempladas y no se consigue el apoyo suficiente ni en los ámbitos laborales, ni en los educativos, por eso la experiencia de Lucía, como la de muchas otras mamás es tan significativa, y da cuenta de la importancia de una educación popular que comprenda las distintas realidades.

“Había sido mamá de nuevo hacía 2 meses, estábamos en pandemia todavía aislados, no iba a conseguir trabajo, aunque lo necesitara y cuando supe que iban a hacerlo virtual dije es perfecto para mí, que no quiero quedarme sin hacer nada, pero tampoco puedo dejar a mi bebe tan chiquito, tenía apenas 2 meses, fueron difíciles algunas clases, se escuchaban los llantos o simplemente se me veía escribiendo y cargando al bebe, Pero pude organizar su siesta con el horario de clase”, nos cuenta Lucía.

Cuando finalizó el aislamiento social obligatorio, y se retomó la presencialidad, para Lucía se presentaba un nuevo desafío, pero no se dio por vencida y pudo organizarse para poder continuar, ya que los profesores le permitían asistir a las clases con su bebe.

“Podía llevarlos, aunque prefería no hacerlo porque todavía nos manteníamos lo más aislados posible, me permitían llegar más tarde ya que mi hija de 8 años también había vuelto a la presencialidad en la escuela, así que tenía que coordinar los horarios para buscarla a ella y llevarlas a lo de la tía para que me las cuide, los profesores me daban todo el apoyo que necesitara, solo no tenía que aflojar y seguir estudiando”, nos explica Lucía sobre cómo se organizó, entre muchos esfuerzos, para poder finalizar.

Hoy Lucía, tiene pensado seguir aprendiendo, ya sea en la universidad o haciendo distintos cursos.

La de Ariel, y la de Lucía son solo dos historias de tantas otras, historias cargadas de sacrificios frente a un sistema que no siempre brinda las mismas oportunidades para todos, que reflejan la importancia que tiene la organización popular cuando articuladamente con el Estado comprende esa realidad y brindan las herramientas necesarias para generar marcos más justos e inclusivos para toda la comunidad.