Marta Radicce: “Mis compañeras me preguntan: Toda una vida acá ¿Qué ganas? La felicidad”

En el barrio de Los Hornos está Marta, una mujer que hace más de 25 años trabaja en el comedor de la comunidad, dando de comer y ayudando a más de 400 personas todos los días.

Marta se vino a los 20 desde la localidad de José C. Paz y desde el día uno comenzó a habitar el espacio ofreciéndose a trabajar en una olla popular a partir de su necesidad, cuando no tenía más que su familia, inició una olla popular que fue creciendo poco a poco hasta ofrecer y dar apoyo a más de 400 personas en el barrio de Los Hornos. 

Su trabajo, no es menos que darle un abrigo, cariño, comida, ropa o acompañar al hospital a personas que no tienen con quién o cómo hacerlo. Asistiendo a todos los que llegan al lugar en busca de ayuda desde que abrió el comedor hace más de 15 años, Marta no busca otra cosa que ayudar al otro y dar ejemplo para que otras personas, o sus hijos como ella les dice, la sigan y aumente cada vez más la solidaridad en la comunidad. “Somos familia, acá el trato no es sólo el comedor, si no nos metemos en las problemáticas de chicos y adultos con adicciones. Agarramos esas problemáticas, yo me siento con la gente muy acompañada, y la gente se siente muy acompañada conmigo, es una comunidad”, contó Marta al respecto.

Sobre sus inicios en el barrio, contó: “Primero estuve con la señora Mariel Fernández, cuando no era nadie todavía, era una chica de barrio como nosotros, a raíz de ahí éramos 80 familias acá y Mariel venía a dar actividades con un grupo de jóvenes. Y me dijo, teníamos el comedor en una casa comunitaria, en mí casa, una casita de barro. A raíz de ahí Mariel me dice que lindo lugar ese, por el predio donde estamos hoy, y le digo ¿Qué te parece Mariel si plantamos el comedor ahí? Y ahí se dió todo”.

Para Marta y tantos otros, el comedor representa mucho más que un lugar donde se pueden alimentar, al ser consultada sobre qué representa el comedor, respondió “Es mi vida. ¿Qué es el comedor? Más allá es hogar, es una atención para los que menos tienen o no tienen hogar tienen las puertas abiertas y es una cosa grande. Vos decís esta cosa que es tan chiquita, esta cosa es tan importante para la familia, que queda en un lugar con que contar, es una cosa insólita, es una cosa tan grande… una vida. A mí me preguntan mis compañeras: Toda una vida acá ¿Qué ganas? ¿Sabes lo que gano? La felicidad, la felicidad que un chico tenga un plato de comida, que tenga unas zapatillas, que podamos correr con una familia a un médico, que el comedor sea para el barrio como un hogar de ellos”.

Como tantos otros, Marta sufrió a lo largo de su vida situaciones irreparables, pero su fortaleza y la vida en el comedor la ayudaron a salir adelante. Para dimensionar lo que significa un espacio como este, contó: “Yo estuve al borde de morirme, perdí dos hijos, me mataron dos chicos a los 23 años. Y es como que… no perdí la vida ¿Sabes por qué? Por la gente, por la gente que me apoya. Yo perdí dos hijos de 23 años, pero yo tenía otros hijos para seguir luchando y día a día te daban una fuerza y decís tengo que luchar por los que están vivos. No podes estar mal porque la gente te levanta el ánimo, el comedor te levanta el ánimo”. Y agregó: “Podemos ayudar y levantar pibes, podemos ayudar familias, esto te llena que no sé cómo decirlo. Cada pibe que ayudamos es una vida nueva. Le decimos Sí a la vida, no a la muerte, no a la droga”.

Marta entiende que su trabajo es por un todos, por la comunidad, por el barrio, siempre priorizando a los otros, lo colectivo por sobre lo individual. Casos como este nos enseñan cosas tan importantes como el compromiso, el trabajo, la comunicación y el construir para el otro sin esperar nada a cambio. Sobre el trabajo en conjunto destacó que “El día a día lo vivo con la gente, esto no es gracias a una sola persona, esto se hace con conjunto, con fe, con demostración a la gente, no con falsedades ni mentiras, se va de raíz se va de la verdad, se arranca de verdad, acá no soy yo, acá somos el barrio, las chicas día a día, yo me siento una igual a ellos. Esto es gracias a la gente, si no está la gente no somos nadie”.

Gracias a su trabajo y a un Estado presente que entiende la importancia de ayudar y estar para los que más lo necesitan, además de fomentar el trabajo de personas como Marta, el comedor llegó a ser un SUM para poder cumplir mejor con las necesidades y darle un espacio apropiado a algo tan importante como la asistencia social que se da en estos lugares. El comedor, que cuenta con el SUM, ahora también tendrá un jardín para niñas y niños y al respecto nos cuenta que “ahora va a ser un jardín de niños, y primario con actividades para los chicos de 6 años a 14 años. La esencia no cambia, el comedor siempre va a ser comedor, punto”. También agregó: “Ahora que va a ser jardín va a venir de todo, hasta gente de deporte. Un logro, hasta gente de deporte. Ya vamos a ir sacando a los pibes de raíz, educando de raíz, tenemos un patio grande, tenemos actividades para hacer que antes no teníamos, hoy por hoy las vamos a poder hacer”.

Para finalizar, Marta piensa en todo lo que tuvo que pasar para llegar a todo lo que consiguió a día de hoy y comenta lo siguiente “Hoy por hoy, desde que me entregaron el SUM, no lo puedo creer. Que viví hasta esto, es un logro que lo festejamos día a día con las compañeras. ¡Llegamos hasta acá! ¡Y queremos más!”.