Los espacios comunitarios como antídoto ante la soledad y la tristeza, la importancia de un Estado municipal presente

El SUM Haras de Trujui es uno de los tantos espacios comunitarios que se puso en valoración gracias al trabajo que viene realizando la intendenta, Mariel Fernández. Desde actividades culturales, atención en salud primaria, asesoramiento legal, hasta un viaje a Chapadmalal para que chicas y chicos conozcan el mar. Silvina Coria, relata a Moreno Primero su experiencia tras la llegada del SUM: “Me perdí durante años de un montón de cosas que hoy estoy recuperando gracias a un montón de personas que sin conocer mi historia simplemente nos quisieron a mis hijos y a mi, y nos abrieron las puertas».

En una época donde se intenta instalar fuertemente desde algunos sectores, discursos anti populares, que hablan de achicar el Estado fomentando falsas ideas meritocráticas, la historia de Silvina, como la de tantas otras mujeres, condensa y materializa una realidad innegable que contradice esos discursos de odio: la presencia del Estado salva vidas, y las dignifica. El camino de la felicidad se logra con el abrazo comunitario y nunca individualmente, y en esa realidad los espacios comunitarios del territorio son claves.

Silvina Coria tiene 40 años, desde que nació vive en Moreno, es madre de tres hijos, Julieta, una adolescente de 17 años, Cain, un niño de 6 y Josefina de 7. Está en pareja con Gonzalo, el papá de sus hijos más chiquitos, ambos son vendedores ambulantes, trabajadores de la economía popular.

Hace algunos años, cuando nació su segunda hija, le tocó atravesar en simultáneo la muerte de su padre, con quien tenía una relación muy cercana y de amistad, al año siguiente llegó Caín, su hijo más chico, pero la depresión en la que Silvina había caído la había dejado prácticamente encerrada en su casa, sin ganas de salir, ni ver gente. Hasta que un hecho que puede parecer simple, le devolvió las ganas de vivir.

Silvina cuenta que un día, cansada del encierro y la oscuridad en la que había caído y de la que no sabía cómo salir, decidió levantar la persiana de su cuarto, ventana que permanecía cerrada desde la muerte de su papá, y en ese momento pudo observar que estaban construyendo algo: la salita y el SUM Haras de Trujui.

Un día me digo a mí misma, voy a levantar la persiana, después de tanto encierro, y ahí veo la obra en construcción, primero arrancó la salita y luego el SUM. Desde el primer día que me crucé me encontré con un mundo diferente, con seres especiales, de otro planeta, que yo siempre digo que a mí me los mandaron”, relata Silvina con la voz entrecortada por la emoción.

Lo que relata Silvina es nada más ni nada menos que lo que la presencia del Estado implica en la vida de las personas, lo personal y lo político entrecruzado para dar una nueva perspectiva de vida, una distinta a aquella que la lógica individualista del capital nos impone, la soledad a la que intentan condenarnos, la maravilla de la comunidad organizada haciéndose materia en historias mínimas que son enormes.

“Así fue que todo empezó a tomar color, a cobrar sentido, los chicos empezaron a interactuar con otros chicos, algo que nunca antes habían hecho, solo con la mirada me agradecen esta vida nueva que empezaron a tener. Me perdí durante años de un montón de cosas que hoy estoy recuperando, y eso no fue gracias a familiares o conocidos, fue gracias a un montón de personas que sin conocer mi historia simplemente nos quisieron a mis hijos y a mí, y nos abrieron las puertas”, manifiesta Silvina.

El SUM Haras de Trujui es uno de los tantos espacios comunitarios que la gestión de Mariel Fernández puso en valor y funcionamiento, para que los vecinos y vecinas encuentren en sus territorios cercanos atención en salud primaria, actividades artísticas y culturales para grandes y chicos, espacios de asesoramiento y acompañamiento frente a situaciones de violencia, capacitaciones, proyectos socioeducativos y sobre todo contención y organización.

No deje un taller sin conocer, no deje que pase un solo día más con mis hijos encerrados en casa, fue un cambio total para nosotros, para mí y para los chicos. La vida volvió a cobrar sentido, levantarnos y saber que tenemos un lugar donde ir donde se preocupan por nosotros, desinteresadamente, donde ellos pueden ir a la colonia, e incluso nos invitan a las mamás a colonias para nosotras, para que también nos animemos a disfrutar, algo que a las mamás muchas veces nos cuesta y hasta nos genera culpa”, explica Silvina.

En este nuevo renacer comunitario al que hace referencia Silvina, todavía faltaba algo que no se imaginaban y que los hizo muy felices, la posibilidad de conocer el mar en las playas del complejo turístico Chapadmalal: histórico y emblemático destino construido durante el primer gobierno del General Perón, por intermedio de la fundación que comandaba Evita, cuya finalidad era que aquellos trabajadores y trabajadoras que habían comenzado a ganar derechos laborales también pudieran disfrutar del derecho al descanso, y las merecidas vacaciones pagas.

“Un buen día escuche que llamaban a la puerta, y eran los chicos del SUM, y ahí llegó la sorpresa más grande, la invitación a un viaje con todo pago para mis hijos y para mí.  Los abracé y me puse a llorar en el pecho de uno de ellos, sin poder creer lo que me estaba pasando. Así fue que llegué a Chapadmalal. Nunca me voy a olvidar de la mirada y la alegría de mis hijos cuando vieron primero ese micro enorme y después el mar»

En la imagen de Josefina y Caín jugando en la arena, corriendo entre las olas, a la orilla del mar se refleja la figura de aquellos pibes y pibasque gracias a Evita allá por la década del 40 vieron su vida dignificada, y sus derechos garantizados, ese derecho al ocio y a la felicidad de los pobres que los sectores privilegiados tanto detestan.

Silvina cierra la nota diciendo, entre lágrimas y agradecimientos constantes a la figura de la intendenta municipal y su equipo, que su sueño es poder trabajar para que otras personas puedan cambiar su vida como pudo hacerlo ella, por el bien común, donde siempre detrás de cualquier ventana, detrás de todas las puertas cerradas, allá un mundo solidario, y una comunidad organizada dispuesta a abrazar a quien lo necesite.