El presidente en la casita de la Virgen en Luján

Aquí el artículo de un periodista que fue testigo y escucha del encuentro que Alberto Fernández llevó adelante durante dos horas con el pueblo creyente y militante de Luján.

Por Lucas Schaerer

Ayer fui testigo del encuentro del mandatario en la casita de la Virgen, a dos cuadras de la Basílica de la patrona de la Argentina. Vi cómo el presidente con la agenda en su rodilla y birome en mano, ya sin el saco puesto, desde una sencilla silla, tomó nota mientras escuchaba y cada tanto daba su visión de los problemas que planteaban los lujanenses: la masividad de la droga en los barrios y cómo las adicciones mata tanto a adictos como a vendedores menores, llamados en los barrios transas, la desocupación en la industria metalúrgica local, un hogar de abuelos solos, pensiones demoradas para discapacitados, los altos costos de los alimentos y las dificultades de la comercialización de los productos de la economía popular, entre otros reclamos.

Todos los problemas o demandas, Alberto las iba aliviando con un sorbo de agua en un clásico vaso de plástico. El presidente no llevó secretarios, los mismos de la seguridad, unos pocos de civil, recogían los reclamos por escrito. 

El presentador del encuentro y anfitrión fue Esteban “Gringo” Castro, secretario general de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), a su vez miembro de Misioneros de Francisco, un grupo de laicos que impulsa la religiosidad popular con la guía del papa argentino.  

La ronda estaba integrada en su mayoría por lujanenses, entre ellos un sacerdote, que no salían de su asombro y se apuraban a mandar fotos del presidente a parientes y amigos. Estaban muy cerca de la figura presidencial que comandó la pandemia durante más de un año de encierro y siempre lo veían por la televisión. La cercanía era tal que no se usó micrófono. Sentados en círculo, a modo de ronda, con los pies en la tierra, bajo la copa de varios árboles y el ruido ambiente de los pajaritos. De fondo, las puntiagudas cúpulas de la Basílica de la patrona de la Argentina que hoy es visitada por miles de jóvenes, que salieron del santuario de San Cayetano (el Santo del pan y del trabajo) a pie para peregrinar 70 kilómetros pidiendo salud y trabajo.   

“El problema de la droga. El martes enterramos a un compañero del barrio de 23 años por la droga. Los chicos están todos metidos en la droga. Es difícil tratar de ayudarlos. Estamos pensando en una canchita”, le dijo a menos de dos metros Mara, coordinadora del comedor Caritas Felices en el barrio La Loma.

“Los más solidarios son los más humildes, los que menos tienen, que ponen su casa o su cocina”, le contestó el titular del Poder Ejecutivo Nacional. Respecto al narcotráfico, Alberto sostuvo que “el Estado nacional se puede meter en algunos delitos del narcotráfico, y estuve con Aníbal (Fernández, su nuevo ministro de Seguridad) y le dije que tengo dos prioridades: Rosario y el Gran Buenos Aires”.

Pegado al presidente, iban pasando distintas personas, a lo largo de dos horas de encuentro (de 17 a 19), pero en la mesa más cercana estaba la imagen de la Virgen de Luján y otra de la Virgen Inmaculada, como llegó realmente su imagen sin manto ni corona. Tampoco tenía los doce rayos en su espalda ni la luna a sus pies. 

Por la desocupación en una planta metalúrgica local, que fue expuesta por el delegado Cristian Echecopar, el presidente sostuvo que se lograron 20 mil nuevos puestos en la industria y que muchas piezas hoy no se permite que sean importadas. El delegado insistió que, en su fábrica, a veces trabajan 20 o menos cuando antes de la pandemia eran en total 120 trabajadores y encima la UOM-Luján no permite la participación de todos, y menos aún ninguna acción solidaria. “Nosotros nos sentimos más cerca de los compañeros que cobran el Salario Social Complementario. Su realidad es muy parecida a la nuestra. Hoy el empresario prefiere importar que producir localmente», aseguró el delegado sindical que peregrina con la Virgen acompañando a los Misioneros de Francisco.

Antes de la llegada del presidente, se había almorzado y leído la Biblia con la guía del sacerdote, Sergio Gómez Tey. Este mismo cura escribió un libro, que le regalaron al presidente, sobre la historia del Negro Manuel, el cuidador de la Virgen de Luján hace casi 400 años atrás. La imagen del Negro Manuel fue llevada por el presidente Alberto Fernández a Roma en su primer encuentro con el primer papa latinoamericano, jesuita y argentino. Ayer, los Misioneros de Francisco le regalaron otra imagen del Negro al mandatario en su sorpresiva vista a la casita de la Virgen, ubicada a dos cuadras de la Basílica en Luján.

El titular de la UTEP resaltó la unidad de todos los movimientos populares por la conquista del Salario Social Complementario, que es superador a los planes, que son las dádivas del FMI o Banco Mundial. “En ese camino reivindicando la lucha histórica del movimiento obrero”, aseguró el Gringo. 

El presidente también contó que entendió el gran trabajo que significa la economía popular con el tiempo: “Al principio lo entendía solo como trabajo informal. Luego entendí que trabajar lo hacen todo el tiempo, lo que necesitan es empleo, que es el derecho», explicó.

En un momento, intervino el religioso Gómez Tey y pidió rezar un Ave María justo en la víspera de la peregrinación de los jóvenes, la movilización más grande de la argentina. Además, pidió un momento de silencio, frenar la charla y que los presentes se pusieran una mano en el corazón para discernir la voz de Dios.

El mandatario seguirá los encuentros para escuchar las demandas de un pueblo que sufre la pandemia, la inflación de la comida, el narcotráfico y la desocupación.

El presidente, antes de irse de la casita de la Virgen, pasó al baño. Estaba despeinado después de tantos abrazos, entre fotos y besos. Antes de subirse al auto, alguien le gritó: “Rézale a la Virgen”. Contestó: “Sí”.

Dos mujeres se acercan en una moto: “¿Está el presidente?” Preguntan con cara de asombro y apuradas. Cuando se enteran de que recién se había ido, una de ellas soltó: “Vivo acá a la vuelta y no lo vi, es que recién me enteré. ¿Para dónde se fue?” Las mujeres querían alcanzar al presidente para saludarlo.