Tal como sucedió en 1806 y 1807, en 1845, una vez más, los ingleses se rindieron frente a la resistencia del pueblo. Además, saludaron a la bandera Argentina con 21 cañonazos desde una fragata inglesa.
La batalla de la Vuelta de Obligado, en 1845, marcó un hito por el cual, cada 20 de noviembre, se conmemora y celebra el Día de la Soberanía Nacional.
Las fuerzas invasoras anglo-francesas buscaban ingresar por el Paraná. Sin embargo, las tropas nacionales, al mando de Lucio Mansilla, se anticiparon en un estrecho recodo de ese río: la Vuelta de Obligado, en el distrito bonaerense de San Pedro.
Las fuerzas anglo francesas eran superiores en cantidad y modernidad de armamento frente a las argentinas que, sin amedrentarse pelearon con valentía e impidieron que las tropas adversarias ocuparan las costas del territorio.
La estrategia consistía en colocar largas cadenas que cruzaban el río con pequeños botes uno al lado del otro. Los invasores quedaron estancados y desde las cosas comenzaron a disparar. Tras siete largas horas de enfrentamiento, finalmente logran romper las cadenas y seguir avanzando.
El problema para los invasores era que habían quedado muy desgastados. Era lo que se conoce como victoria pírrica, es decir, donde la cantidad de bajas que se sufre convierte la victoria en un resultado desfavorable.
Lo cierto es que siguieron avanzando, ya desgastados, hasta que finalmente son derrotados en Punta de Quebracho. Un mes después de esa batalla se firma un convenio internacional entre Inglaterra y Argentina donde las potencias extranjeras reconocen la soberanía de nuestro territorio y saludan la bandera nacional con 21 cañonazos desde una fragata inglesa.
La resistencia a la invasión extranjera logró la defensa del país en términos de fronteras y comerciales, ya que se evitó que colocaran en el mercado los productos extranjeros desplazando a los artículos locales.
El acontecimiento sirvió para ratificar y garantizar la soberanía nacional, implicó la firma de un tratado de paz entre Argentina, Francia y Gran Bretaña, y quedó grabado en la historia como un símbolo de independencia, libertad y unidad nacional.