Andrea Miranda es docente, hace once años, de Literatura y Prácticas del lenguaje. Trabaja en la Escuela Secundaria de Gestión Social “Creciendo Juntxs” y también da clases de Lengua y Literatura en el Instituto Superior de Formación Docente N°21 Ricardo Rojas de Moreno y en el Instituto Superior de Formación Docente N°29 “Graciela Gil” de Merlo.

Moreno Primero: ¿Por qué elegiste la docencia?
Andrea Miranda: Creo yo que en principio elegí la docencia gracias a profes o por culpa de profes excelentes que tuve en la secundaria sobre todo uno de ellos. La experiencia que tuve con este grupo de docentes, es que, no en todos los casos, pero sí hay un par de referentes que realmente me marcaron porque me parecía, en mi mirada como estudiante, que estaban conscientes de lo importante.
Yo egresé en 2001, un momento muy delicado, conflictivo en nuestro país, y claro que la escuela no está exenta de esas pujas que están en el contexto. Entonces era un momento en el que había que asumir una posición política y yo veía esa figura, que después se fue conformando en mi imaginario con el tiempo, de un docente que toma su práctica como una forma de militancia. No lo expresaba en ese sentido, lo puedo poner en esos términos en el ahora. Pero creo que ahí, en esa posición política que supone ejercer la docencia se desencadenó todo mi interés. Y además se trata sobre todo de un profe que me hacía preguntas, me interpelaba, me hacía preguntas que me hacían repensarme a mí misma y al mundo. Entonces yo veía en ese trabajo que había un sentido, este trabajo tiene sentido. Lo pensaba yo desde ese momento cuando los veía trabajar de ese modo. Y justamente ese es el motivo por el cual sigo eligiendo la docencia porque veo que hay un potencial de transformación, quizás de una transformación muy menor, la escuela es un espacio para pensar y para pensar con otros y otras y eso no es poco… pensar. Así que encuentro ahí un sentido y ese es el motivo principal por el cual elijo la docencia.
MP: ¿Recordás tu primera práctica? ¿Cómo fue? ¿Qué sentiste?
AM: Me acuerdo de mi primera clase, fue un desastre en el sentido pedagógico, tengo un buen recuerdo igual. Miro ese recuerdo con cariño porque, bueno, me encontré con un lindo grupo de estudiantes, que es lo que suele pasar. Pero yo no sabía qué hacer, no tenía idea de qué hacer. Y la verdad que me llevó tiempo desarrollar una forma que yo entiendo como eficaz de pensar las clases, de planificar, de pensar una materia y también una escuela. Y en ese hecho de forjar un modo de pensar la propia práctica bueno fueron fundamentales les compañeres que fui cruzándome en el camino de quienes fui aprendiendo y fui construyendo una forma de enseñar.
MP: ¿Cómo se trabaja en esta “nueva normalidad”?
AM: En principio tengo que decir que la precarización del trabajo docente se ve acentuada en este momento, ya en las circunstancias normales el trabajo docente se encuentra bastante precarizado porque hay muchas horas de trabajo que no son remuneradas. Pasamos mucho tiempo planificando actividades, clases, programas enteros, corrigiendo trabajos, pensando múltiples actividades, concursos y demás y eso es mucho tiempo de trabajo que quizás no se visibiliza lo suficiente y tampoco tiene una remuneración. Y eso se ve acentuado en este momento porque la verdad no hay límites para el tiempo que dedicamos. Ya de por sí el tiempo que dedicamos al trabajo, quienes nos dedicamos a la docencia, no es solamente mientras estamos frente a un grupo, eso ya era de ese modo. Y esto se ve acentuado porque la verdad que nos encontramos todo el día trabajando y siempre a destiempo, las cosas que hacemos desde nuestras casas con nuestros propios recursos llevan más tiempo que lo habitual.
Eso, por un lado, y en cuanto al aspecto más pedagógico inventando formas de acercarnos a grupos, a estudiantes que se encuentran en distintas situaciones económicas, sobre todo que no cuentan con los mismos recursos ni conectividad. Entonces intentando que, inventar modalidades de trabajo y de acercamiento y sobre todo en la escuela secundaria mucho trabajo de articulación que eso creo que es lo más provechoso de este momento porque podemos replicar en la presencialidad trabajos que no tienen que ver solo con una disciplina, sino que bueno vamos poniendo en juego distintas áreas para pensar proyectos comunes.
MP: ¿Se enganchan las y los chicos a las clases?
AM: Es difícil responder esta pregunta porque es muy diversa la situación. En principio deberíamos ver a qué estamos llamando clases ahora. En los lugares de trabajo yo voy poniendo en juego la mayor diversidad posible de estrategias porque eso implica que quizás sí una no es accesible para unos, quizás para otros sí. Entonces usamos por ejemplo classroom y subir actividades en ese espacio. Clases para alguna plataforma de alguna video conferencia, y también en la escuela secundaria, en la que estoy trabajando, empezamos a tener clases por whatsapp que creo que de todas las experiencias que tuvimos teniendo hasta ahora es una de las que tiene mejor llegada porque es una aplicación accesible para al menos la mayoría de les estudiantes. Y es un formato nuevo, vamos buscándole el ritmo. Los tiempos son distintos y ahí encuentro, con respecto a esto de engancharse, que hay un lenguaje y una inmediatez que tiene mejor llegada que quizás otras modalidades, otras estrategias. Así que es muy dispar, en algunos casos los temas resultan más convocantes que otros. Tenemos que tener en cuenta distintos factores para evaluar cuál es la recepción de las propuestas. Por un lado, el acceso a las tecnologías, la conectividad y además hay un factor anímico que bueno, no es secundario en el grado de interés que tienen las chicas y los chicos.
MP: ¿Qué opinas del acceso a dispositivos tecnológicos y a la conectividad que tienen docentes y estudiantes?
AM: Primero quiero contar que yo tengo una netbook de Conectar Igualdad, una de las últimas que se entregaron y estoy trabajando en este momento con esa netbook, o sea, que me está salvando. De ninguna manera un celular es suficiente para hacer todas las tareas que hacemos en este momento, sino que, bueno, yo al menos lo uso en simultaneo. Ser docente no es garantía de contar con la conectividad necesaria ni con los dispositivos necesarios porque hay diversas situaciones entre quienes ejercemos la docencia y creo que este contexto que necesario es que el Estado garantice el acceso tanto a los dispositivos tecnológicos como a la conectividad. Como un recurso importante para el aprendizaje, pero que de ninguna manera va a reemplazar lo que sucede en la presencialidad.
MP: Con respecto a los institutos terciarios: ¿Cómo notás que les afecto, tanto en la docencia como en el estudiantado, la conectividad y la virtualidad?
AM: Yo no veo una gran diferencia con respecto al impacto que tuvo en la secundaria. La verdad que en todos los niveles educativos, de acuerdo con lo que yo puedo ver en mi experiencia, hay muchas personas que no acceden a, al menos, un celular con conectividad y en muchos casos se está compartiendo (en caso de que haya un celular en la casa) un celular para toda la familia y esto implica que sí el estudiante o la estudiante está estudiando y está haciendo un profesorado y tiene hijes en edad escolar se dificulta muchísimo con un solo dispositivo responder a la demanda de distintos niveles. Entonces no veo una gran diferencia en ese sentido, las desigualdades son muy evidentes, muy marcadas en todos los niveles de acuerdo a lo que yo pude observar.
Sí una diferencia puede ser que en el caso del nivel secundario estamos hablamos de una generación distinta de personas que nacieron y se encontraron con un mundo donde ya la tecnología tenía una presencia muy importante. No así con otras generaciones que quizás son personas más grandes que tienen mayores dificultades para familiarizarse con ciertas aplicaciones. En ese sentido sí son nativos tecnológicos o no lo son, si hay una diferencia. Les jóvenes tienen mayor facilidad para familiarizarse con los dispositivos y aplicaciones que venimos usando, pero no todes pueden acceder a los mismos recursos.