viernes, octubre 30, 2026
Interés General

Feliz cumple D10S: “El día que conocí a Maradona en Moreno”

Una llamada inesperada, una siesta interrumpida y una cadena de casualidades. Así fue como, el 20 de junio de 2016, un vecino de Moreno terminó compartiendo una tarde con Diego Armando Maradona. Una historia de esas que solamente pueden pasar en el barrio y que tienen como protagonista a alguien que, como tantos otros, alguna vez soñó con conocer a D10S.

Esta es una historia más de tantas otras que involucran al Diego, no tiene nada de grandilocuente, pero pasó en Moreno, y le pasó a un vecino muy querido por todos: Jorge “El Rata” Herrera.

En el día del cumpleaños de Diego, desde Moreno Primero dialogamos con él, ya que dentro de los valiosos objetos que colecciona y exhibe en el Museo “La Blanqueada”, había algunos vinculados a Maradona, incluso un libro con su firma.

“Era el 20 de junio de 2016. Estaba durmiendo la siesta, con el teléfono al lado. Afuera lloviznaba y hacía frío. De repente, suena el teléfono. Del otro lado estaba mi amigo Rolfi: Che, Rata, no digas nada, pero el Diego viene a jugar un partido acá, a lo del “Beto” Cabrera”, recuerda Jorge. No hizo falta mucho más. Agarró el celular, el libro “Yo soy el Diego de la gente» y salió para la cancha.

Cuando llegó Jorge tuvo que sortear algunos obstáculos que casi lo dejan afuera, pero finalmente a través de un conocido, familiar de la que entonces era la pareja de Diego, Rocío Oliva, pudo pasar. La posibilidad de la magia estaba ahora más cerca.

“No me dejaron pasar. Me dijeron que era un evento privado, aunque tampoco supieron explicarme demasiado. Yo sabía que Diego estaba ahí, así que no pensaba darme por vencido tan fácilmente. Entre la gente que salía vi a un conocido, amigo mío y pariente de Rocío”, cuenta Jorge, que rememora con emoción aquel día.

“¡Manteca! Mirá, no me dejaron pasar. ¿Podés hacerme entrar?»

“Sí, andá por la puerta y les digo que sos pariente mío.» «Y así fue. Entré”.

Ese día el buffet estaba lleno de gente, explotaba. En las canchas, en cambio, no había nadie. Eran unos diez, entre familiares y conocidos, esperando que empezara el encuentro. La idea de la jornada era jugar un picadito entre los parientes de Rocío Oliva y algunas chicas de Las Catonas.

“En un momento vimos llegar el auto de Diego. Pero, así como llegó, se fue. Después nos explicaron que, al ver tanta gente, había decidido no entrar», detalla Jorge.

Y ahí empezó otra parte de la historia. Nadie sabía muy bien qué iba a pasar, para dónde iba a ir Diego ni dónde terminaría todo aquello. Pero Jorge no podía terminar el día sin conocer a Maradona.

“Finalmente, el destino nos llevó hasta el barrio Argentinidad, a la casa de Horacio, uno de los tíos de Rocío. Yo, que ya estaba metido en aquella aventura, volví a preguntar si podía sumarme”.

—“¿Me puedo colar también para ir hasta allá?”

—“Sí, dale.”

“Y allá fuimos.”

“Cuando llegamos al barrio, estaba todo sin luz. En la casa de Horacio, las chicas y las señoras iban y venían con velas, organizando todo en medio de la oscuridad”, detalla “El Rata”.

“Y entonces lo vi. En el medio del salón estaba Diego.

La gente iba pasando de a una, en una especie de fila india, para saludarlo. Tenía puesto un camperón. Cuando llegó mi turno, me acerqué, lo abracé y no lo quería soltar más.

¿Qué le puede decir uno a Maradona en ese momento? ¿Qué palabras alcanzan para agradecerle todo lo que nos dio? Para quienes crecimos con el fútbol, Diego no era solamente un jugador. Era una parte de nuestra historia, de nuestras alegrías y de nuestra identidad.

Nos sentamos y, sin buscarlo, terminé sentado al lado de Diego. Ahí estaba yo, un vecino de Moreno, escuchando sus anécdotas, sus historias y sus relatos, compartiendo un momento que jamás me hubiera imaginado.

Había llevado mi libro Yo soy el Diego de la gente con la ilusión de conseguir una firma. Se lo dejé para que me lo autografiara y, aproximadamente una semana después, Manteca me lo alcanzó firmado.”

Jorge todavía conserva ese libro. Es parte de los objetos que exhibe en el Museo, uno de los que más entusiasma a quienes lo visitan. Un pedacito de Diego en el barrio. Un pedacito de Maradona, en Moreno.