{"id":9559,"date":"2021-03-12T18:41:53","date_gmt":"2021-03-12T18:41:53","guid":{"rendered":"https:\/\/morenoprimero.com.ar\/?p=9559"},"modified":"2021-03-12T18:41:53","modified_gmt":"2021-03-12T18:41:53","slug":"publican-una-trilogia-de-novelas-ineditas-de-hebe-uhart","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/morenoprimero.com.ar\/archivo\/publican-una-trilogia-de-novelas-ineditas-de-hebe-uhart\/","title":{"rendered":"PUBLICAN UNA TRILOG\u00cdA DE NOVELAS IN\u00c9DITAS DE HEBE UHART"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">El rescate de la obra hasta ahora no publicada de la notable escritora fallecida en 2018 incluye las&nbsp;nouvelles&nbsp;Beni, Leonilda y El tren que nos lleva. No hay en estos textos un \u00ablado B\u00bb de la narradora ni se refleja una idea de \u00abdescarte\u00bb, sino m\u00e1s bien la confirmaci\u00f3n de su estilo inconfundible, con un a\u00f1adido tem\u00e1tico: las historias est\u00e1n atravesadas por la \u00faltima dictadura c\u00edvico-militar.&nbsp;<\/h4>\n\n\n\n<p>El encuentro con tres novelas in\u00e9ditas de Hebe&nbsp;Uhart, escritas entre fines de la d\u00e9cada del ochenta y mediados de los noventa, confirma el singular aire de familia de su narrativa: un registro minucioso y emp\u00e1tico del habla con expresiones, refranes, tonadas y neologismos; las mujeres que se desplazan de pueblos a ciudades m\u00e1s grandes y se \u201celevan\u201d o ascienden y observan cada detalle con el delicado asombro de la novedad, por m\u00e1s min\u00fascula que sea; la resonancia de \u201cocupar\u201d un lugar o estar \u201cubicada\u201d; el inter\u00e9s por las fronteras, d\u00f3nde termina algo y empieza otra cosa; las maestras que enfrentan muchos obst\u00e1culos, especialmente si est\u00e1n en el campo. La diferencia m\u00e1s significativa de esta&nbsp;<strong>trilog\u00eda titulada&nbsp;<\/strong><strong><em>El amor es una cosa extra\u00f1a<\/em><\/strong><strong>&nbsp;-que incluye&nbsp;<\/strong><strong><em>Beni<\/em><\/strong><strong>,&nbsp;<\/strong><strong><em>Leonilda<\/em><\/strong><strong>&nbsp;y&nbsp;<\/strong><strong><em>El tren que nos lleva<\/em><\/strong><strong>-, publicada por Adriana Hidalgo con edici\u00f3n al cuidado de P\u00eda&nbsp;Bouzas&nbsp;y Eduardo&nbsp;Muslip, es que las historias narradas est\u00e1n atravesadas por la dictadura c\u00edvico-militar.<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa representaci\u00f3n directa de climas y acontecimientos de la dictadura fue algo que Hebe rehu\u00eda representar, como si la violencia pol\u00edtica fuera algo que le resultara&nbsp;improcesable, o para lo cual \u2018no ten\u00eda el pulso\u2019, como sol\u00eda decir\u201d, recuerdan&nbsp;Bouzas&nbsp;y&nbsp;Muslip&nbsp;en el ep\u00edlogo. En&nbsp;<em>El tren que nos lleva,&nbsp;<\/em>la voz narradora de la maestra est\u00e1 emparentada con la novela&nbsp;<em>Se\u00f1orita<\/em>&nbsp;y tambi\u00e9n con algunos cuentos de&nbsp;<em>La luz de un nuevo d\u00eda<\/em>. La maestra que pide que la manden a una escuela \u201cpr\u00e1cticamente de campo\u201d en Moreno &#8211;toma dos colectivos y un tren&#8211; piensa en los sentidos posibles de una frase de Per\u00f3n: \u201cNadie se puede realizar en una comunidad no realizada\u201d. Esa maestra carga un paquete que pesa ocho kilos con cuadernos, escuadras, l\u00e1pices y medias para los chicos. Otra de las maestras de la escuela con la que habla, Dina, tiene muchos hermanos, todos un poco menores, que estaban en diversos partidos, \u201ctodos para la liberaci\u00f3n del pueblo\u201d. El miedo de Dina impacta en la narradora cuando observa a los soldados que recorren la estaci\u00f3n de tren con perros. \u201c\u00bfQu\u00e9 hice yo? \u00bfQu\u00e9 tengo que cubrir? Pensaba: \u2018Llev\u00e9 unos paquetes al campo, organic\u00e9 la biblioteca, ayud\u00e9 en el teatro de las monjas\u2019. Me dec\u00eda: \u2018Mejor no pienso en el tren lo que hice, me va a venir cara de estar pensando en eso\u2019\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Eso \u201cimprocesable\u201d de la violencia pol\u00edtica est\u00e1 diseminado en el miedo de la maestra, que elige comprar la revista&nbsp;<em>Hola<\/em>&nbsp;de Espa\u00f1a en vez del diario&nbsp;<em>La Opini\u00f3n,&nbsp;<\/em>como si la frivolidad de la realeza fuera un escudo contra la sospecha que implicar\u00eda leer durante el viaje en tren el diario fundado por Jacobo&nbsp;Timerman. Como la protagonista de la novela, vivi\u00f3 en Moreno (donde naci\u00f3 el 2 de diciembre de 1936), estudi\u00f3 Filosof\u00eda en la Universidad de Buenos Aires y frecuent\u00f3 los caf\u00e9s de la calle Corrientes. \u201cA medida que yo le\u00eda y conversaba sobre liberaci\u00f3n y dependencia, se me abr\u00eda un panorama nuevo \u2013dice el personaje-. Ve\u00eda todo desde otra \u00f3ptica; ya no era preciso que alguien hubiese cursado la universidad para que yo lo tratara: no eran ignorantes las personas, estaban postergadas. Y todo lo que yo hab\u00eda aprendido, antes y ahora, no deb\u00eda ser en beneficio propio. Yo deb\u00eda hacer algo por los dem\u00e1s. La idea de hacer algo \u00fatil me daba vida nueva; sent\u00eda que el pueblo y la ciudad se unificaban en m\u00ed: hab\u00eda vencido el feroz escepticismo de los treinta, feroz y cruel por tanta vida por delante sin sentido. Ese estado de \u00e1nimo era una prolongaci\u00f3n de la juventud\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pensamiento en todas partes<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La primera persona de sus cuentos y novelas no es intrusiva ni sofocante<\/strong>, un tal\u00f3n de Aquiles de muchas escritoras y escritores que reducen la literatura a una especie de campo de batalla de sus propios egos y miserias; hay una hospitalidad narrativa en Hebe que pone a raya el \u201cyo\u201d para abrirse a las voces, costumbres y vivencias de otras mujeres, que no siempre son de la misma clase social. Como sucede con la protagonista y narradora de&nbsp;<em>Leonilda<\/em>, nacida en el Chaco, en un lugar llamado Colonia Cevallos, que se casa con un polaco \u201cde lengua un poco dura\u201d. La coincidencia con la protagonista del cuento \u201cLeonor\u201d es evidente: las dos son mujeres chaque\u00f1as que est\u00e1n o estuvieron en pareja con polacos; las dos llegan a la ciudad, comienzan a trabajar limpiando casas y la vida urbana las \u201crejuvenece\u201d: \u201cla ciudad vuelve m\u00e1s joven a la gente \u2013dice Leonilda-. Yo a los dos a\u00f1os de estar en Buenos Aires, parec\u00eda que ten\u00eda diez a\u00f1os de menos. Un poco ha de ser la ropa, que es distinta; yo al tiempo de estar en Buenos Aires, me puse la mini. Ha de ser el pelo, tambi\u00e9n y el agua para lavarlo, all\u00e1 el agua es muy dura y lo deja achatado\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta en el lenguaje se explicita la matriz de \u201cLeonor\u201d, cuento donde aparece un neologismo hermoso, vinculado con lo que sucede cuando los hijos estudian y superan a los padres por el nivel educativo. \u201cNo se debe dar a los hijos m\u00e1s instrucci\u00f3n que la que uno recibi\u00f3; despu\u00e9s los hijos la&nbsp;<em>pordelantean<\/em>&nbsp;a una\u201d, plantea Leonor. Ese \u201cpordelantear\u201d, con un sentido m\u00e1s amplio, est\u00e1 en una de las novelas in\u00e9ditas. \u201cYo no soy mujer de andar penando. Si hay un problema, le hago frente, lo mismo a una persona. Eso lo supe y lo s\u00e9 hacer, sin&nbsp;pordelantear&nbsp;a nadie\u201d, confiesa Leonilda. Las dos mujeres tienen en com\u00fan tambi\u00e9n el hecho de que se vuelven a enamorar o se ponen de novia con hombres que despu\u00e9s se van y no vuelven. \u201cLos domingos era cuando m\u00e1s me acordaba de Antonio. Pero ya no me pasaba como cuando quer\u00eda ir a buscarlo, porque me dol\u00edan las piernas. Qu\u00e9 cosa el pensamiento, como va a todos partes y una se queda en el mismo lugar\u201d, advierte Leonilda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En la novela&nbsp;<em>Leonilda&nbsp;<\/em>emerge la dimensi\u00f3n de la militancia y la clandestinidad no compartida con la familia, hasta que no queda m\u00e1s remedio que blanquearla. Una de las hijas de Leonilda sospecha que su marido tiene otra mujer. Y se lo pregunta. La respuesta que recibe es \u201cno, lo que pasa es que soy dirigente gremial\u201d. \u201cY la Marta que se lo pas\u00f3 pensando en todos esos a\u00f1os ad\u00f3nde iba \u00e9l, que en ocho a\u00f1os ni abri\u00f3 la boca, y despu\u00e9s result\u00f3 que cuando faltaba era que se ocultaba en casas distintas y no pod\u00eda anoticiar a nadie de d\u00f3nde estaba, ni siquiera a la mujer propia. Y cont\u00f3 que a un compa\u00f1ero lo hab\u00edan puesto preso y la polic\u00eda lo tortur\u00f3\u201d, se lee en esta novela titulada con el nombre de la protagonista.&nbsp;<strong>No hay en ninguna de las tres novelas una Hebe \u201cdesconocida\u201d, como si en los textos in\u00e9ditos se intentara rastrear el lado B o la zona m\u00e1s oscura de una escritora.<\/strong>&nbsp;Suena demasiado conspirativo o rebuscado para una autora que siempre le rest\u00f3 importancia no solo a la idea que se tiene de una escritora o escritor, sino al lugar que ocupan.&nbsp;<strong>Nada la aburr\u00eda y la fastidiaba m\u00e1s que el gueto literario.<\/strong>&nbsp;Entre un festival literario y la posibilidad de recorrer un peque\u00f1o pueblo en busca de refranes o visitar un jard\u00edn zool\u00f3gico, Hebe no dudaba en dejar amablemente la fauna literaria que la hac\u00eda bostezar con tantas imposturas para tirarle la lengua a los viejos y viejas de un pueblo cualquiera o anotar en su libreta todo lo que pod\u00eda observar sobre el comportamiento de los monos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El fin del amor<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La novela&nbsp;<em>Beni&nbsp;<\/em>est\u00e1 narrada en tercera persona.<strong>&nbsp;Luisa, la protagonista, es un personaje que est\u00e1 en los cuentos que escribi\u00f3 en los a\u00f1os setenta<\/strong>; se podr\u00eda decir que tal vez sea la nena de los relatos \u201cPaso del rey\u201d, que registra lo que grita su t\u00eda \u201cloca\u201d, la t\u00eda Mar\u00eda (\u201c\u00a1Son todos ladrones, asesinos, bragueteros putos!\u201d); y de \u201cEl t\u00edo y la sobrina\u201d. Luisa vive en un departamento que parece una \u201ccajita de zapatos\u201d con su novio Beni, que \u201cno era una persona del tiempo, era del espacio; hoy estaba aqu\u00ed, ma\u00f1ana all\u00e1\u201d. Para Luisa \u201cBeni aparec\u00eda o desaparec\u00eda como un dios del Olimpo\u201d. Desde lo autobiogr\u00e1fico, Beni pertenece a lo que la propia Hebe defini\u00f3 como \u201chombres con show\u201d, personajes tan fascinantes como desastrosos, novios y parejas que tuvo. Luisa no puede llevar a Beni a la casa de su madre: \u201cA m\u00ed no me traigas ac\u00e1 a ese atorrante\u201d. La narradora se sorprende frente a lo taxativo de la madre. \u201c\u00bfC\u00f3mo pod\u00eda ella definir tan r\u00e1pidamente, hacer juicios de valor, decir \u2018ese atorrante\u2019, sin meditar con todas las pruebas a la vista?&nbsp;Luisa le hab\u00eda contado que Beni viv\u00eda en diversas casas y que llevaba para todos lados su \u00fanica camisa, \u00bfpero qu\u00e9 asociaci\u00f3n tiene eso con la palabra \u2018atorrante\u2019?\u201d. Un d\u00eda Beni se fue y la protagonista \u201cestaba rabiosa porque \u00e9l pasaba por la vida y por su casa sin dejar huellas, como un inexistente\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Para colmo de males, Luisa recibe llamados por un tractor que compr\u00f3 Beni y que no pag\u00f3. La narraci\u00f3n no trastabilla en un melodrama truculento sobre \u201cel fin del amor\u201d. Aunque sea el t\u00f3pico de la novela. La tercera persona logra esquivar cualquier derrape en carne viva, como si el distanciamiento le permitiera transformar la rabia y la pena en una risa compasiva, que se podr\u00eda traducir en la frase \u201cme r\u00edo para no llorar\u201d. En ese espejo en el que se mira Luisa, mientras traduce a Cicer\u00f3n en un caf\u00e9 y observa la gestualidad de una joven pareja y la interpreta (la traduce en probables frases), lo que vuelve es la imposibilidad de esa relaci\u00f3n; con Beni no hay otra oportunidad. Y la traducci\u00f3n del amor termina. \u00bfC\u00f3mo tramita Luisa la ausencia de Beni? \u201cLa figura de \u00e9l se le hizo muy fuerte; no pod\u00eda ir con esa figura a la casa de su mam\u00e1. Siempre que \u00e9l se iba y ven\u00eda, ella se quedaba con el fantasma de \u00e9l, pero era distinto: ella conversaba, se peleaba, se amigaba con el fantasma casi igual que con \u00e9l en la realidad; ahora Luisa se daba cuenta de que \u00e9l estaba all\u00e1, en el campo, el fantasma la acompa\u00f1aba de un modo doloroso; a lo mejor \u00e9l siempre estuvo all\u00e1 y no se movi\u00f3, s\u00f3lo mand\u00f3 su fantasma, pero el de antes era m\u00e1s movido\u201d, reflexiona la narradora.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El t\u00edtulo de esta trilog\u00eda de novelas es un hallazgo de los editores y viene de una frase que le dice a Leonilda un personaje brasile\u00f1o: \u201cAmor \u00e9 siempre cosa extra\u00f1a\u201d.<strong>&nbsp;Despu\u00e9s de la muerte de Hebe, el 11 de octubre de 2018, P\u00eda&nbsp;Bouzas&nbsp;y Eduardo&nbsp;Muslip&nbsp;encontraron en la parte superior del&nbsp;placard&nbsp;del dormitorio, prolijamente conservadas en sobres, en carpetas o anilladas, dos de las tres novelas:&nbsp;<\/strong><strong><em>Beni<\/em><\/strong><strong>&nbsp;y&nbsp;<\/strong><strong><em>Leonilda<\/em><\/strong><strong>. La tercera,&nbsp;<\/strong><strong><em>El tren que nos lleva a casa<\/em><\/strong><strong>, estaba en la casa de&nbsp;Muslip, en las carpetas donde el escritor guardaba los materiales que Hebe le daba en los comienzos de los a\u00f1os noventa.&nbsp;<\/strong>Era el \u00fanico que no ten\u00eda t\u00edtulo y le pusieron una frase que est\u00e1 en la novela. \u201c<em>Beni<\/em>&nbsp;apareci\u00f3 en dos versiones: una primera escrita a m\u00e1quina en papel carta ya amarronado por el tiempo, con portada, t\u00edtulo y nombre de la autora (es decir, un material para ser mostrado), y otra versi\u00f3n impresa en computadora, de algunos a\u00f1os despu\u00e9s, con reescrituras evidentes en ciertas zonas del relato \u2013explican los editores-. De&nbsp;<em>Leonilda<\/em>&nbsp;tambi\u00e9n encontramos dos copias, una en folios, y la otra anillada en esos formatos caracter\u00edsticos de comienzos de los noventa: papel carta, tapa roja, anillado grueso blanco. Esto nos hace pensar que los relatos fueron escritos hacia fines de los a\u00f1os ochenta y primera mitad de los noventa, y que&nbsp;<em>Beni<\/em>&nbsp;es el primero de la serie\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los papeles de Hebe descubrieron un dato interesante:<strong>&nbsp;<\/strong><strong><em>Leonilda<\/em><\/strong><strong>&nbsp;figura como \u201cnovela in\u00e9dita\u201d en un curr\u00edculum de 1996 que present\u00f3 en diversas instituciones donde dar\u00eda talleres de escritura<\/strong>. Las tres novelas (162 p\u00e1ginas en total) son muy valiosas; no es esta edici\u00f3n un \u201cconsuelo\u201d para los lectores, un a\u00f1adido menor, insignificante. No es el descarte de publicaciones rechazadas. Si un texto no resultaba o no funcionaba (ya fuera cr\u00f3nica, cuento o novela), Hebe lo tiraba a la basura. El per\u00edodo en que fueron escritas, aproximadamente entre 1987 y 1999, Hebe public\u00f3 varias novelas cortas:&nbsp;<em>Camilo asciende<\/em>,&nbsp;<em>Memorias de un pigmeo<\/em>,&nbsp;<em>Mudanzas<\/em>&nbsp;y&nbsp;<em>Se\u00f1orita<\/em>. Ese momento prol\u00edfico en t\u00e9rminos de escritura se dio en un contexto editorial local muy dif\u00edcil; entonces sus libros sal\u00edan en editoriales independientes con tiradas limitadas, poca circulaci\u00f3n y menor visibilidad a\u00fan.&nbsp;Bouzas&nbsp;y&nbsp;Muslip&nbsp;se preguntan por qu\u00e9 publicar estas novelas ahora, cuando Hebe no las ofreci\u00f3 a las editoriales con las que trabaj\u00f3 en los \u00faltimos veinte a\u00f1os y con las que tuvo buen v\u00ednculo:&nbsp;<strong>Interzona<\/strong><strong>, Blatt &amp; R\u00edos, Alfaguara y Adriana Hidalgo.&nbsp;<\/strong>\u201cLas tres novelas son materiales concluidos y revisados por Hebe; comparten con el resto de la obra impulsos muy claros, como la construcci\u00f3n de personajes a partir de una escucha atenta al lenguaje oral, la reelaboraci\u00f3n ficcional de experiencias autobiogr\u00e1ficas, la aparici\u00f3n de su alter ego Luisa\u201d, argumentan los editores. \u201cDesde los a\u00f1os setenta Hebe reescribi\u00f3 un n\u00facleo de historias, personajes, escenas, y cada momento de escritura no es un ensayo para un texto definitivo sino formas en s\u00ed que van articulando una historia, la historia de una voz. En la historia de esa voz llama la atenci\u00f3n tanto la presencia temprana de elementos muy reconocibles como el impacto de las experiencias vitales\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El humor atraviesa estas tres novelas luminosas, como en&nbsp;<em>El tren que nos lleva<\/em>, cuando la maestra recuerda su paso por la facultad: \u201cEn las clases yo siempre estaba leyendo algo que no ten\u00eda nada que ver con lo que dec\u00eda el profesor. Y tambi\u00e9n cambiaba unos saludos con los del Centro de Estudiantes. Una vez escuch\u00e9 que uno de los muchachos del Centro dec\u00eda de m\u00ed: \u2018ella, \u00bfqu\u00e9&nbsp;es?.&nbsp;Y otro dijo: \u2018Ella es marciana\u2019. Yo no acus\u00e9 recibo en el momento ni me ofend\u00ed: pero cuando me los tropezaba sent\u00eda una cierta incomodidad y apuraba el paso; no quer\u00eda que supieran que yo hab\u00eda o\u00eddo eso. Despu\u00e9s un compa\u00f1ero de curso me invit\u00f3 a repasar las categor\u00edas kantianas para un examen; no s\u00e9 por qu\u00e9 las repasamos sentados en un banco de la plaza. \u00c9l era muy amigo de los del Centro de Estudiantes y mientras \u00e9l me tomaba la tabla de categor\u00edas, yo pensaba que me estaba examinando para ver si era marciana. Parec\u00eda sorprendido al ver que yo respond\u00eda bien y yo, contenta por un lado de haber vencido esa fama y, por otra parte, mortificada por esa desdicha de la condici\u00f3n humana: siempre sujeta a examen\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El reconocimiento que empez\u00f3 de menor a mayor cuando public\u00f3 los cuentos&nbsp;<em>Del cielo a casa<\/em>&nbsp;con Adriana Hidalgo en 2003 fue desplazando hacia los m\u00e1rgenes esa sensaci\u00f3n de estar sujeta a examen, que podr\u00eda aplicarse a lo que sucedi\u00f3 con su obra en la literatura argentina. No era la exc\u00e9ntrica ni la \u201cmarciana\u201d, aunque&nbsp;<strong>su originalidad, lo que la hac\u00eda radicalmente diferente a las dem\u00e1s, surg\u00eda de su modo de mirar y decir<\/strong>; un decir que fue construyendo a trav\u00e9s del entusiasmo que le generaban las escrituras que le interesaban, principalmente la de los uruguayos&nbsp;Felisberto&nbsp;Hern\u00e1ndez y Juan Jos\u00e9&nbsp;Morosoli, y de escuchar mucho, preguntar insaciablemente y curiosear hasta el final. Las novelas in\u00e9ditas de Hebe, como bien se\u00f1alan&nbsp;Bouzas&nbsp;y&nbsp;Muslip, quedaron a la espera de un tiempo que tal vez sea el nuestro.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El rescate de la obra hasta ahora no publicada de la notable escritora fallecida en 2018 incluye las&nbsp;nouvelles&nbsp;Beni, Leonilda y El tren que nos lleva. 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