Vecinas y vecinos de Moreno invitan a sumarse al jardín vecinal con una consigna clara: “Habitemos el espacio público”. 

Un grupo de entre 15 y 20 vecinos y vecinas de Moreno llegaron a la rotonda de Zeballos y colocaron allí las primeras plantas con la intención de hacer una huerta comunitaria. Dos años después, la rotonda es un jardín comunitario con plantas medicinales, nativas, y hortalizas que realiza variedad de actividades y encuentros donde llegaron a participar 150 personas. Desde Moreno Primero nos comunicamos con Daniela, vecina y participante del jardín comunitario, quien nos contó sobre los orígenes del proyecto, sus objetivos, su situación actual en el contexto de pandemia y más. 

Moreno Primero: ¿Cómo comenzó el proyecto? 

Daniela: La primera jornada se llevó a cabo el 30 de septiembre del 2018. Fue una convocatoria de varios vecinos. La idea surgió a partir de un documental sobre la experiencia de una ciudad que se plantea con espacios de huerta y plantas medicinales en lugares públicos, ya sean hortalizas, medicinales, aromáticas, nativas. Eso fue una movilización vecinal, y ese proyecto fue un poco el disparador del proyecto de la rotonda. 

La primera jornada fuimos entre 15 y 20 personas. La rotonda era un espacio totalmente desabastecido de parquización. Lo que se hizo en esa jornada fue delimitar un primer aro, se punteó la tierra y se dejó el bancal armado y se plantearon varias especies. 

Por otro lado, había una propuesta que fue llevada formalmente al Municipio para pedir una canilla, porque uno de los problemas que teníamos era la falta de agua. El riego se hacía llevando agua en bidones desde la casa de una vecina. Entonces hicimos un evento grande con dos talleres –uno de reciclaje urbano y uno de bio-preparados-, y, además, se hizo una jornada de  intercambio de semillas  en el marco de una red autogestiva de intercambio de semillas de toda la zona oeste, donde participaron más de 150 personas. 

También la huerta fue un poco evidenciando los distintos procesos sociales. Frente a la falta de agua y el desafío grandísimo que eso propone en un espacio donde se cultivan hortalizas, decidimos empezar a incorporar de manera más sistemática especies nativas, muchas de estas son medicinales y otras tienen valor culinario. Y con este cambio, que representa una evolución de este proceso social, decidimos dejar de llamarlo huerta comunitaria y pasó a ser un jardín vecinal. En este momento el espacio cuenta con hortalizas, aromáticas, y árboles nativos. 

MP: ¿Cuántos vecinos participan hasta marzo cuando llegó la pandemia? 

D: La involucración vecinal es cambiante. Nosotros nos mantenemos comunicados a través de un grupo de WhatsApp donde se expresan las necesidades de la rotonda, ya sea regar, o sembrar para la siguiente temporada, o algún tipo de mantenimiento. Tratamos de mantenerlo bastante activo en el sentido de generar un sentimiento de pertenencia al espacio. En general todos los vecinos que se han acercado, e incluso algunos se acercan mientras nosotros trabajamos y nos dan una devolución súper positiva del espacio. La respuesta de los vecinos es muy positiva en ese sentido. 

MP: ¿Cómo los afecto la pandemia? y ¿Qué actividades realizan en este contexto? 

D: La última actividad que se ha organizado y esto es en el marco formal del programa municipal de GIRSU es instalar un punto verde en la rotonda. El primer punto verde se llevó a cabo del Domingo por la mañana, donde vecinos voluntarios recibieron materiales reciclables que son destinados a la cooperativa Ayelén en el marco de este programa municipal. 

Otra de las estrategias que hemos encontrando para afrontar la pandemia es tratar de incentivar las huertas hacia adentro de las casas de los vecinos que ya pertenecen a este colectivo y también los incentivamos a generar plantines que luego puedan ser destinados a estos espacios. 

Nosotros estamos al tanto que, en otros países, en este tipo de espacios que son huertos comunitarios, se han extendido permisos para sostener el mantenimiento de los mismos. Como grupo creemos que estaría bueno obtener un permiso de circulación en cuarentena para mantener el espacio y que no se pierda. 

Obviamente suspendimos las jornadas con convocatoria masiva. Pero esperamos que habiliten las actividades al aire libre para seguir fomentando la educación ambiental. 

MP: ¿Todos los encuentros que mencionaste se realizaban en un solo encuentro una vez por mes, o es un espacio que funciona todos los días? 

D: Si bien es un espacio de libre acceso porque es una rotonda en el centro de moreno y todos los que quieran participar pueden acercarse, lo que intentamos hacer con el grupo de vecinos es gestionar jornadas donde se trabajara un poco la huerta y, por otro lado, jornadas que tengan un valor educacional. Por ejemplo, se hicieron talleres de alimentación, de cosmética natural, de lectura, de música, talleres que tienen que ver exclusivamente con la huerta como agricultura biodinámica, talleres de circuitos de consumo y cómo repensar nuestras decisiones al momento de adquirir productos y a quienes le damos nuestro dinero en este espíritu de fomentar la economía popular, local, y en respeto con el medio ambiente. 

MP: ¿Cuál es el objetivo que tienen como grupo con respecto al proyecto? 

D: Nosotros empezamos este espacio con la idea de  poner en valor el espacio público. Darles un espacio a las plantas nativas, y también, al poner hortalizas, ver cuáles son los beneficios de conectar un poco con la fuente de alimentos. 

También fortalecer el tejido social fue uno de los ejes principales que nos motivó a empezar un espacio así. En estas jornadas donde nosotros convocamos a los vecinos se ven como florecen las relaciones, por ejemplo, gente que no se conocía en un radio corto empiezan a tener contacto y a volver a ese barrio antiguo donde todos nos conocíamos. Eso nos da apoyo, porque es una persona cerca con la que podemos contar. 

El objetivo del día de hoy sigue siendo la educación ambiental. Tenemos este lema de decir que es un espacio pequeño y con recursos limitados, pero con un impacto social muy grande. Por eso entendemos que es sumamente replicable y positivo. 

MP: ¿Tienen contacto con otras huertas comunitarias o actividades similares? ¿Organizan actividades en conjunto? 

Si, varios de nosotros en varias huertas, como la Huerta Tegucigalpa . Además, intentamos mantenernos en contacto con asociaciones civiles, bibliotecas populares, merenderos, que tengan huertas comunitarias o las estén empezando. 

Nosotros articulamos con todos estos conocidos que tenemos más toda la información que ya manejamos y la experiencia que hemos tenido al estar en un espacio público y tratamos de darle una mano a los proyectos que lo necesiten. 

Conformamos una organización que se llama “Colectivo Moreno Siembra” que tiene como fin difundir y fomentar la educación ambiental en toda su complejidad y sentido abarcativo. 

Desde allí proponemos talleres de muchísimas cosas porque es muy amplio: talleres de huerta, de reproducción de árboles, de injertos, enseñamos a cómo manipular nuestros “residuos”, talleres de bioconstrucción, que tienen que ver con cómo podemos mejorar nuestra calidad de vida y al mismo tiempo respetar el medio ambiente. 

MP: ¿Por qué recomendás el proyecto de huerta comunitaria? 

D: Primero que todo porque el proyecto lleva a revalorizar el espacio público, y entender que, si bien puertas adentro nosotros nos hacemos cargo y tratamos de mantener un espacio vital bello dentro de nuestras casas, eso también se puede hacer de forma comunitaria en espacios públicos, que nos son propios, es nuestro espacio común y es nuestro punto de encuentro. 

También para conocer sobre especies, porque muchas veces hay personas que nunca vieron una lechuga en tierra y no saben que se puede cosechar de a hojas en vez de sacarla entera, ni vieron tampoco una lechuga en flor. Hay personas que desconocen las especies no comerciales, por ejemplo, en la rotonda hay uchuvas que da un fruto medicinal. Entonces, estos espacios también abren un poco la cabeza y amplían el abanico de posibilidades que podemos encontrar al momento de preparar un plato. Esto lleva a mejorar la calidad de vida, a llevar una vida más consciente, más sana.  

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Obviamente, al revalorizar el espacio público se disminuye el vandalismo y la basura. Estos espacios son capturadores de carbono porque estamos reforestando árboles nativos que fueron donados por el equipo de Los Robles. A largo y a corto plazo estos espacios mejoran la calidad en el ambiente y generan redes sociales, y, por lo tanto, comunidades más fuertes. 

Por último, Daniela resaltó que en este espacio “se presentan oportunidades educacionales” y es por esto que para ellos y ellas “no hay pérdida”. Así, destacó que “todo este trabajo es voluntario” y que “nosotros creemos muchísimo en la experiencia y ayudamos a todo aquel que quiera ayudar”. 

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