martes, junio 25, 2024
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Crisis en comedores y merenderos: «Marchamos para ser visibles, para que nos escuchen, conozcan nuestras realidades y dejen de hambrear al pueblo»

Según los datos de la Universidad Católica Argentina (UCA), la pobreza en la Argentina pasó del 41 % al 55 % en 5 meses de gobierno de La Libertad Avanza. La indigencia pasó del 12 % al 18 %. A su vez, la administración nacional recortó un 45 % el gasto destinado a comedores y merenderos. Y, peor aún, el vocero presidencial, Manuel Adorni, admitió que hay 5 millones de kilos de alimentos guardados en galpones hace 6 meses que no fueron entregados.  Entretanto, la ministra de Capital Humano, Sandra Petovello, se encuentra en plena campaña de desprestigio contra las organizaciones sociales. Para justificar el ajuste, cuestiona la existencia de merenderos y comedores, mientras que sus referentes y referentas afirman que las auditorías se presentan en sus domicilios y ven el trabajo que realizan, pero después aparecen como inexistentes.

En medio de la crisis alimentaria que atraviesan estos espacios, la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) realizó el pasado jueves 23 de mayo una nueva “fila del hambre” en la puerta del Ministerio que encabeza Petovello. Desde Moreno Primero, dialogamos con Jennifer Farach, referenta de un merendero ubicado en el barrio La Victoria de Moreno. “Marchamos para ser visibles, para que nos escuchen, para que conozcan nuestras realidades, para que se den cuenta de que están hambreando al pueblo argentino”, expresó respecto de la marcha. “El Gobierno nacional nos difama porque no sabe la necesidad que tiene su pueblo, no sabe el trabajo que se realiza en los espacios donde estamos nosotras”.

La vecina del barrio La Victoria considera que “la gente lo votó por odio, sin saber lo que se venía, y algunos dicen que hay que darle tiempo, pero cuánto tiempo más vamos a recibir noticias de enfermos oncológicos muertos por no recibir medicamentos, o pibes con hambre porque sus viejos no pueden llevar el pan a la casa”. Por eso lamenta que “si este Gobierno llega a julio, en la época más cruda del invierno, podría haber muchas muertes por frío y por hambre”.

Los merenderos existen, crece la demanda de alimentos y aumentan los servicios

En el merendero “Las Fionas y los fionitos” tenían un cupo de hasta 140 personas y esa cifra ahora se elevó a alrededor de 180 cupos en los 3 días de la semana: “Aleatoriamente tenemos otras familias que no vienen seguido, pero sí vienen cuando se quedan sin changas y no pueden comprarse su comida, si no prefieren dejar el espacio a otras personas que lo necesiten”, señala Jennifer Farach.

Jennifer y las vecinas del barrio se las ingenian para sostener el merendero a pesar del ajuste del Gobierno nacional. El Municipio de Moreno continúa con la entrega de alimentos secos. Además, desde una cooperativa avícola le suelen donar pollo, y por otro lado piden donaciones en carnicerías, verdulerías y almacenes. Pero cada vez asiste más gente y la comida no alcanza. Otra de las herramientas que encontraron para hacer frente a la falta de alimento es que los vecinos llevan alguna verdura que tengan en su casa, y la cambian por el alimento para su familia. 

La gente que se acerca a pedir un plato de comida aumenta conforme pasa el tiempo y la situación es preocupante. “Tenemos un cupo medianamente controlado para no bajar la calidad y cantidad de la comida porque tenemos familias de 8 o 9 integrantes”, explica Jennifer. Además, ella trabaja en un centro de día con jóvenes, y relata que «cuando cerramos a la noche vienen a pedirme comida, porque me dicen que, si no, en su casa no comen hasta el otro día. También es muy triste cuando una madre viene a pedirte una leche porque ni siquiera tiene para darle eso a su hijo».

No solo aumentan los precios de los alimentos y la gente que necesita acudir a un comedor, también aumentan los servicios, y esos aumentos pegan fuerte en los sectores populares y hacen más difícil el trabajo: “La tarifa de gas se quintuplicó, pasé de pagar 2 mil pesos a pagar 14 mil y por eso con mis compañeras estamos realizando fuego para poder hervir ollas de agua”, cuenta Jennifer. Pero el trabajo es arduo y permanente, incluso “cuando las compañeras hacen sus mandados, si encuentran maderas o cartones los traen hasta casa para después tener leña y poder prender la olla, y también juntamos la plata entre todas para poder pagar la boleta”.  

La referenta del merendero se indigna porque no solo hay una campaña de desprestigio, sino que “lamentablemente el Gobierno nacional no viene al Conurbano a ver el hambre que tienen nuestros pibes y jubilados, no vienen al territorio a ver el laburo que se hace”. Porque no se trata solo de brindar un plato de comida. Los merenderos y comedores también cumplen una función social y de contención. «Nosotros vamos a llevarles la comida a los abuelos que no pueden venir, festejamos el Día del Niño, Navidad, y se consiguen juguetes para regalarle a todos, nos encargamos de conseguir delantales, útiles, ahora estamos haciendo una campaña con una Asociación Civil para llevar ropa a quienes están en situación de calle primero y a quienes la necesiten también, es un laburo muy grande el que se hace”, detalla Jennifer.

«Con estas políticas de ajuste regalan a los jóvenes a las manos del narcotráfico porque un pibe que tiene hambre, que no puede ser protegido en su casa ni en la escuela, busca la calle y tapar el dolor con cosas que no están buenas«, expresa la referenta. Para evitar que eso suceda, Jennifer también realizó la capacitación de preventores de consumo problemático que brindan desde la Subsecretaría Casa Pueblo. Luego, sumó una capacitación intensiva como responsable de la Casa Joven de Barrio Satélite, donde también es referente. “Acá articulamos con las familias y llevamos a los chicos del merendero a los talleres de prevención de consumo que brinda Casa Pueblo en Casa Joven de Barrio Satélite.” 

Cabe destacar que la solidaridad es un valor social que está presente no solo en el merendero, sino también en todo el barrio. “Acá no hacemos comida y nada más, tratamos de solucionar las problemáticas de los vecinos en conjunto”, asegura Jennifer y recuerda cómo empezó su militancia: “Yo tenía 16 años cuando empecé a hacer trabajo social copiando a una vecina de mi infancia que estaba enferma de cáncer”, recuerda y prosigue: “Me dijo que le gustaría que yo siga haciendo lo que hacía ella, que lo haga por mi hija y por los pibes del barrio”. La idea del merendero nace en el 2018 cuando “una tormenta se llevó el techo de mi casa a las 3 de la mañana dos días antes de las fiestas y a las 5 de la mañana tenía a mis vecinos ayudándome a sacar escombros, terminar el techo, salieron chapas de no sé dónde, pero ese mismo día tenía el techo de mi comedor otra vez. Eso fue motivo para que, junto a mi pareja, tratáramos de devolverle algo al barrio, y ahí empezó todo, el barrio es muy unido”.